César o nada – Pío Baroja

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César o nada - Pío BarojaCésar o nada es la primera de las tres novelas que componen la serie que Pío Baroja tituló Las ciudades. En ella confluyen fundamentalmente dos de las ideas fetiche barojianas: la necesidad de forzar la salida de España de su atraso secular y la voluntad de poder como motor individual que debe empujar al ser humano.

Para desarrollar ambas ideas se sirve del personaje de César Moncada, un joven que, teniendo un plan claro de la estrategia para llevar el progreso a los pueblos de España, logra hacerse nombrar diputado por un pequeño pueblo de Zamora donde pondrá a prueba sus ideas.

A pesar de que la novela tarda en entrar en materia —ya que durante la primera parte se ocupa de las andanzas de César en Roma, excusa para presentar una excelente colección de personajes al estilo de Baroja y unas semblanzas de las calles romanas trazadas con esa sencillez y viveza que hacen único al escritor vasco—, con ese argumento, Baroja enhebra diferentes e interesantes visiones de la sociedad de su tiempo.

El caciquismo, la influencia de la Iglesia, la burguesía que busca imitar a la rancia nobleza, el atraso de la industria, la pobreza del pueblo, la corrupción de los políticos… en César o nada quedan plasmados los males que atenazaban a nuestro país todavía a principios del siglo XX. Pero la novela no busca tanto reflexionar sobre ellos como retratarlos de cuerpo entero, por lo que los convierte en parte de la acción, en conflictos concretos a los que el protagonista debe enfrentarse cada día, dando lugar así una obra llena de dinamismo.

César Moncada es un prototipo del hombre de acción: consciente de la realidad que le ha tocado vivir, aplica toda su fuerza de voluntad a cambiarla. Sin embargo, con este personaje también apunta Baroja la idea de una raza gastada, sin la fuerza para afrontar los tiempos modernos que el nuevo siglo impone de la mano de naciones más vigorosas. En consecuencia, la fuerza de voluntad del protagonista no es tanta. Moncada fracasa, titubea, afloja la tensión. Pero su flaqueza lo hace humano, al tiempo que demuestra lo que parece ser el defecto nacional: las intenciones son buenas, pero falta el empuje necesario para llevarlas a término. Esa falta de brío, o ese brío intermitente, nace también de lo ímprobo del trabajo a realizar. Las cosas que deberían ser cambiadas son muchas, y las fuerzas interesadas en que nadie cambie, poderosas.

Ante lo desigual de la lucha y sus inciertos frutos, César Moncada se refugia en el amor. Como en otras novelas, Baroja representa el amor como un refugio, como un remanso de paz en medio de la lucha por la vida, el único lugar donde el ser humano puede ser feliz y donde se completa al unirse a otro. Al igual que le sucede al protagonista de Camino de perfección, César Moncada descubre que la verdadera patria del hombre es el amor.

Toda ocasión es buena para leer a Pío Baroja. La sencillez de su estilo y su penetración para captar caracteres, pareceres y realidades le convierten en lo que es: un autor de cabecera de lectura inagotable.

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