Cuadernos de guerra – Louis Barthas

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Cuadernos de guerra - Louis BarthasEn agosto de 1914 Louis Barthas, un tonelero de la región de Peyriac-Minervois (Francia), fue movilizado. Había estallado la Primera Guerra Mundial, la «guerra maldita, infame, indecorosa», en palabras del autor, de la que este año se conmemora el centenario.

La guerra cambió por completo la vida del cabo Barthas, como la de millones de hombres a un lado y otro de la línea del frente. Aunque en un principio fue destinado a los Pirineos, como parte del cuerpo de guardia de una fortaleza convertida en presidio para los prisioneros de guerra alemanes, pocos meses después conoció los horrores de las primeras líneas.

A pesar de ser un hombre con relativa poca instrucción, el cabo Barthas consignó en un copioso diario sus experiencias en el frente. Los cuadernos escolares en los que el combatiente recogió el día a día en las trincheras fueron, una vez acabada da la guerra, pasados a limpio; y, con el tiempo, se convirtieron en un testimonio fundamental de los días crueles que fueron del verano del catorce al invierno del dieciocho.

Estos diarios tienen al menos dos peculiaridades: la primera es que fueron, según se asegura en el prólogo de la presente edición firmado por Rémy Cazals, uno de los primeros testimonios sobre la guerra de un ciudadano de a pie. Tras la guerra pronto se divulgaron los textos escritos en el frente por escritores ya conocidos antes de la contienda o por militares de rango. Pero nunca hasta el momento de la publicación de los diarios del cabo Barthas, en 1978, se había dado voz a los hombres de la calle (obreros, oficinistas, maestros, incluso presidiarios) que fueron arrancados de sus vidas comunes para ser usados como carne de cañón.

Lo que enlaza con la segunda peculiaridad de estos diarios: su talante reivindicativo. Si bien la mayoría de los testimonios novelados de combatientes de la Gran Guerra señalan con descarnada exactitud la locura de la contienda: la muerte, el miedo, el frío, el hambre, el agotamiento… y se vuelcan en condenar la falta de humanidad de someter a ningún hombre, amigo o enemigo, a semejantes atrocidades, el cabo Barthas va un paso más allá. Socialista convencido, militante, Barthas no se cansa de señalar a los verdaderos culpables de esa cosecha de muerte: los capitalistas que mandaron a los trabajadores a morir en defensa de unos intereses que no son los suyos; los fabricantes de armas y municiones, interesados en alargar el enfrentamiento cuanto fuera posible; los altos mandos militares que, a salvo en la retaguardia, sacrificaban millares de hombres por conseguir una medalla que halagase su vanidad.

Ese talante reivindicativo que rezuma a cada momento en los escritos de Barthas le causó varios problemas mientras estuvo en el frente. Lejos de arredrarse, el tonelero siempre actuó en defensa de los soldados contra las injusticias de los mandos y, con cada nuevo día en las trincheras, se convenció más y más de la injusticia de un sistema político, económico y social que permite y aplaude atrocidades como las guerras.

Por desgracia, los Cuadernos de guerra de Louis Barthas todavía tienen una tercera peculiaridad, al menos la presente edición a cargo de Páginas de Espuma ―única en español hasta el momento. Y es que la absoluta falta de una corrección hace de esta una lectura imposible. El texto tiene errores de todos los tipos: bailes de letras, faltas de concordancia, palabras cuyo significado es otro que aquel que se desprende del texto… Tomen el libro y abran cualquier página al azar: es difícil encontrar alguna sin alguna errata.

Cualquiera que siga con cierta asiduidad lo que publicamos en esta web sabrá de nuestra defensa a ultranza de la labor del editor. Sin embargo, una dejación de funciones tan flagrante como la presente lanza enormes piedras encima de un tejado que, hoy en día, ya tiene bastantes agujeros.

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