Diario de un viejo loco – Junichirō Tanizaki

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Diario de un viejo loco - Junichirō Tanizaki

La editorial Siruela va poco a poco completando la publicación de la obra de Junichirō Tanizaki, uno de los autores más representativos del siglo XX japonés (y probablemente de la literatura universal), si bien con traducciones hechas a partir del inglés y no desde la lengua materna del escritor. No es este un detalle baladí, pero en cualquier caso nos permite disfrutar de la lectura de uno de los escritores más reconocidos del pasado siglo.

Sin embargo, Diario de un viejo loco tal vez no sea la obra más recomendable para un primer acercamiento a Tanizaki. Aunque novela reconocida, el eje en torno al que gira la historia no logra llamar poderosamente la atención.

Como su nombre invita a suponer, el libro está escrito bajo la forma de un diario en la que el septuagenario Utsugi da cuenta de su pasión, cada vez más ardiente, por la mujer de su hijo. Una pasión no solo fuera de lugar debido a la diferencia de edad o a la relación de parentesco con la joven, sino también una pasión enfermiza. Utsugi está dispuesto a anularse a sí mismo, a complacer cualquier capricho de la joven, a caer en el ridículo e incluso a ofender a su familia por conseguir un mínimo atisbo de atención por parte de su nuera. Prueba de ello es que el anciano desea que, sobre su tumba, repose un molde de las huellas de los pies de Satsuko ya que no concibe mayor placer que saberse pisado por ella durante toda la eternidad.

Ahora bien, la historia de un hombre mayor trastornado por los encantos de una mujer joven, incluso una mujer con la que guarda parentesco, no es nada novedosa. Y Tanizaki no acierta, a mi entender, a plasmarla con un lirismo, una fuerza o una delicadeza que logre hacerla especialmente conmovedora o hermosa.

Si a eso unimos que, en el diario, Utsugi da cuenta también de sus achaques y enfermedades y que parte de las anotaciones del diario consisten en cuándo y cómo ha tomado qué medicamentos, o los tratamientos que los médicos le aconsejan seguir, la historia sentimental queda francamente desvirtuada. Probablemente Tanizaki quería dar a entender que, a pesar de la vejez y la enfermedad, Utsugi no puede (ni tampoco quiere, eso queda muy claro a lo largo del libro) resistirse al impulso amoroso y sexual que le empuja hacia Satsuko. Pero eso tampoco es nada novedoso, pues la idea de que el hombre, incluso en la senectud, conserva su apetito sexual forma parte del mito de la masculinidad con el que todos nos hemos educado.

Sin embargo, y precisamente a ese respecto, pero en sentido contrario, Diario de un viejo loco sí ostenta algunos detalles interesantes. Entre ellos, el carácter de patriarca del viejo Utsugi. Como cabeza de familia, al anciano le está permitida casi cualquier cosa. Sus excentricidades son acatadas por todo el mundo, especialmente por su esposa y sus hijas, que apenas se permiten opinar sobre el trato de favor de Utsugi hacia Satsuko.

Frente a ese carácter sumiso de las mujeres de la familia se alza, rutilante, Satsuko. Satsuko representa a la mujer japonesa que en aquella época, la novela fue publicada en 1961, estaba abandonando el papel que la tradición le reservaba y otorgándose a sí misma la libertad. De hecho, el propio Utsugi reflexiona en las anotaciones de su diario sobre la diferencia entre las mujeres de antaño y las de la fecha.

¿Es Satsuko una mujer depravada? Tal vez. Le es infiel a su marido, no se ocupa de su hijo y le permite a su suegro ciertas (pocas) libertades a cambio de dinero o joyas. En cualquier caso no es especialmente depravada y su personaje tampoco logra darle a la novela ese punto extra que necesitaría para convertirse, no ya en una obra maestra, sino en una  novela especialmente recomendable.

En resumen, una novela correcta pero no más.

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