Drácula – Bram Stoker

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Drácula - Bram Stoker¿Han leído ustedes Drácula? Tal vez les suceda como a mí: que hastiados de las mil versiones de cine, series y libros sobre un personaje que forma ya parte de la cultura popular, el original les parece descolorido, aburrido de puro conocido.

Pero resulta que nada más leer las primeras líneas una comprende que el original, más de un siglo después, conserva toda la vibrante fuerza y el colorido propio que, precisamente, le llevaron en su momento a asentarse en el imaginario colectivo (poblándolo de pesadillas).

Por supuesto, la novela de Bram Stoker no logrará asustar al lector contemporáneo, acostumbrado como está a novelas truculentas, sobrecogedoras, de las que logran meter el corazón en un puño y hacer girar la cabeza cuando se camina por un pasillo a oscuras. (Me pregunto ahora si esa cualidad pertenece en realidad a los libros o más bien a los lectores, una especie de impresionabilidad que se pierde con la edad, o con las lecturas.)

No, Drácula no pertenece a ese género. Drácula irradia cierto candor, ingenuidad incluso. Pero son su candor y su ingenuidad los que convierten a la novela de Stoker en una historia capaz de perdurar y seguir complaciendo al lector.

Complaciéndolo porque, al leer, por ejemplo, la pregunta de Jonathan Harker a su anfitrión en el momento de conocerle —«¿El conde Drácula?»—, puede abarcar todas las connotaciones que hoy tiene ese nombre y, al tiempo, tratar de imaginar cuando ese nombre no decía nada a los que fueron los primeros lectores de la novela.

Se crea así una suerte de lectura en paralelo, excepcionalmente gozosa, que pone en comparación lo que uno sabe del conde Drácula, amenazador pero familiar, como si fuera un poco un monstruo de andar por casa, y el salido de la pluma de Bram Stoker.

Pero esa peculiaridad no impide disfrutar de la trama tan bien planteada por Stoker, que se sirvió de varios narradores en primera persona para ir completando de forma despaciosa el misterio en torno a Drácula. La narración corre a cargo del abogado Jonathan Harker, su prometida y enseguida esposa, Mina; el doctor Van Helsing, el también doctor Seward y algunos más.

Bram Stoker planteó la historia recurriendo a los papeles privados de sus protagonistas, que actúan así también como narradores. Diarios, cartas y telegramas se completan con noticias de los periódicos o documentos legales y comerciales para crear una imagen que se va completando poco a poco de Drácula, de sus planes y de la estrategia de quienes luchan contra él, no antes de haber comprendido que aquello que parece una pesadilla es por completo real.

En el fondo Drácula es una fábula, fruto de la sociedad positivista y científica de finales del XIX, sobre la lucha entre la ciencia y el oscurantismo. O mejor, sobre la victoria de la ciencia sobre el oscurantismo.

No en vano dos de sus protagonistas son médicos. Y Stoker hace sutil alarde de los adelantos técnicos de su tiempo: el doctor Seward no escribe su diario, sino que lo graba mediante un fonógrafo. Mina y Jonathan Harker se sirven de la taquigrafía para apuntar sus memorias. Incluso Lucy Westenra, una muchacha vampirizada, se beneficia de una transfusión en un intento de devolverla a su humana condición. Y Mina Harker no viaja sin una máquina de escribir portátil que le permita poner en limpio las aportaciones de cada miembro del grupo.

Porque como si de un equipo de científicos se tratase, los cinco implicados reúnen, cotejan, amplían y debaten las informaciones y experiencias que van recopilando para dirimir cuál es la mejor manera de actuar y los siguientes pasos a dar.

La mejor prueba del espíritu científico del que están imbuidos los protagonistas es precisamente su capacidad para aceptar la existencia de una criatura como Drácula. Lo que empíricamente puede ser comprobado, no puede ser puesto en duda. Y, pese al espanto y el temor, no lo es.

El conde Drácula ha podido vivir siglos, amparado por la ignorancia y la superstición, pero no puede pasar la barrera científica que levanta ante él el siglo XX. Donde brilla la luz de la ciencia ningún monstruo, por poderoso que sea, puede triunfar.

3 Comentarios

  1. Yo había visto diferentes películas, y no esperaba gran cosa del libro, pero tenía en ese momento no muchas opciones para leer en español, y le dí una oportunidad. Es fascinante. Mejor que las películas, aunque al leerlo, la figura del doctor en mi mente era Anthony Hopkins, ha ha ha.

  2. Luego de ver la pelìcula de Còppola, absolutamente diferente a las que he consumido en la dècada del sesenta, en las que Lee da la estampa precisa que esboza el libro, decidì ir a la fuente y comencè una noche a leer la novela de Stocker. En los films que habìa visto, el pobre Johnatan Harker era muy maltratado en los guiones, al punto que en la mayorìa de los casos su apariciòn se limitaba a su incursiòn en el castillo del Conde. El nombre Johnnatan Harker repercutìa en mi cabeza, se me ocurriò que era un mombre importante, con fuerza, vital y que por lo tanto el autor le habia reservado un rol estelar y principal en la novela. La lectura apasionada de esta ratificò mi sospecha. No voy a decir nada màs para no develar misterios
    entremezclados con sentimientos tan humanks como el romanticismo y la amistad.

    • Yo he hecho el camino inverso. Aunque hace años había visto la película de Coppola la he vuelto a ver a raíz de leer el libro. Me ha parecido una adaptación muy libre y que la historia se cuenta a trompicones. Sin la lectura del libro la película da una imagen muy distorsionada de Drácula, de Harker y de sus compañeros.

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