El camarada – Takiji Kobayashi

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El camarada - Takiji KobayashiEl camarada es la obra en la que Takiji Kobayashi trabajaba cuando, el 20 de febrero de 1933, fue detenido por la policía; y puesto que el joven escritor moriría a consecuencia de las torturas a las que fue sometido como fruto de su detención, la novela quedaría inconclusa.

En ella, Kobayashi narra las acciones de una célula del ilegalizado Partido Comunista de Japón, desde la perspectiva de uno de sus miembros. Yasuharu y varios compañeros se hallan infiltrados en una  fábrica de material bélico en la  que los empleados sufren unas pésimas condiciones laborales: exiguos salarios por extensas jornadas de trabajo, temporalidad, horas extras obligatorias pero no remuneradas, y en general un mal trato por parte de la administración de la fábrica.

Mientras la célula prepara una huelga como protesta por el despido de los trabajadores temporales de la fábrica,  Yasuharu, perseguido por la policía, se ve obligado a «sumergirse», pasando a la clandestinidad como único modo de evitar la cárcel y poder seguir trabajando en la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores.

A pesar de estar inconclusa, El camarada presenta un esbozo bastante completo de la las condiciones de vida de la clase trabajadora japonesa en las primeras décadas del siglo XX. Por detrás de la historia en primera persona del camarada Yasuharu se perfilan las jornadas de doce horas, los sueldos de miseria, la precariedad y temporalidad, los malos tratos y la vigilancia represora. Ambientada en el contexto de la guerra sino-japonesa, la novela muestra como los dirigentes de la fábrica pretenden aludir al patriotismo de los trabajadores como acicate, desviando la atención del hecho de que sus intereses se ven beneficiados por la contienda.

Kobayashi va consignando así los distintos frentes en los que debían trabajar las células comunistas: por un lado, despertando la conciencia de una clase obrera que, adormecida con mentiras por un lado, y sojuzgada por otro, temía dar el primer paso hacia su emancipación. Por otro, denunciando los medios de los que se servía un capital despiadado y feroz, que tenía poder para apostar policías a la entrada de las fábricas para evitar los influjos de los elementos subversivos. Y esa lucha se desarrollaba bajo la amenaza continua de las detenciones, las torturas y la cárcel.

Evidentemente, El camarada tiene mucho de autobiográfico. Yasuharu, como el propio Kobayashi, se ve obligado a pasar a la clandestinidad al acumular varias detenciones a sus espaldas. Esa situación obliga a romper los lazos con la sociedad, con familiares y amigos, limitando las posibilidades de esparcimiento y obligando a vivir en el temor continuo de ser atrapado. De esa manera, el trabajo de la célula se convierte en el único horizonte vital de Yasuharu, casi una obsesión que le lleva a sacrificar, con dolor, la relación con su propia madre, en uno de los pasajes más emotivos de la novela.

Sin embargo, El camarada carece de la fuerza expresiva de Kanikosen, sin duda por ser un borrador al que falta trabajo. Pero, aunque carece de la sobria belleza que rezumaba El pesquero, no deja de ser una obra que, especialmente en estos tiempos de recortes a los derechos tan costosamente conquistados, todos los trabajadores deberíamos leer.

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