El mago – Ryunosuke Akutagawa

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El mago - Ryunosuke AkutagawaYa hemos comentado aquí algún volumen más de relatos de Ryunosuke Akutagawa, un cuentista cuya extensa producción debe ser tenida en cuenta y disfrutada por los amantes del género breve. Hablamos entonces de cómo la narrativa del japonés podía dividirse en dos etapas: correspondiendo la primera con la escritura de relatos basados en el acervo popular y la ficción clásica japonesa, mientras la segunda son relatos de corte introspectivo y autobiográfico. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que todos los cuentos de Akutagawa fueron escritos a lo largo de unos doce años, un lapso de tiempo relativamente breve en el que sin embargo alcanzó una indudable maestría en el género.

Los trece relatos que componen El mago fueron escritos, en su mayoría, en los primeros años de la década de los veinte (Ryunosuke Akutagawa se suicidaría en 1927, a los treinta y cinco años), pero antes de que el escritor entrara en una fase de inestabilidad mental que marcaría el comienzo de la segunda etapa dentro de su producción. Son, por tanto, casi todos relatos todavía no marcados por la sombría insania que se infiltraría en los últimos textos del japonés.

Pero tampoco pertenecen enteramente los relatos de esta pequeña antología a aquellos denominados rekishimono, los cuales solían estar basados en cuentos populares, historias mitológicas y personajes legendarios —con la excepción, quizá, de «El mago» y «Crónica de una deuda liquidada». En resumen, los relatos de este volumen parecen estar a caballo entre las dos etapas que mencionábamos y son una muestra de la enorme versatilidad creativa de Akutagawa. Un escritor que supo aunar las tradiciones culturales y narrativas de oriente y occidente, creando un estilo propio, brillante y ameno.

Como decía, «El mago» y «Crónica de una deuda liquidada» sí se pueden situar dentro de esos cuentos de tipo histórico. De hecho, el primero comienza al estilo de una narración oral y el segundo es la curiosa historia de un bandolero casi mítico; pero en ambas historias se aprecia el uso de técnicas literarias que los cuentistas occidentales habían ido refinando en los últimos cincuenta años: como el final sorpresivo de la primera o el uso de tres narradores en la segunda. No hay que pensar, sin embargo, que estos cuentos (ni ninguno de los que componen el volumen) son meros artificios literarios, refinados pero vacíos; por el contrario, son historias que logran cautivar al lector donde la técnica no eclipsa en ningún momento al cuento en sí. Mención aparte merece «El baile de Akiko» donde, en un curioso ejercicio de metaliteratura, aparece el escritor Pierre Loti.

Algunos otros relatos, como «Mandarinas», «Otoño», «Blanco» o «El cristo de Nanking» son relatos inteligentes y bien resueltos, muy occidentales (si se puede definir así un relato) tanto en su concepto como en su desarrollo. El primero retrata uno de esos instantes de belleza fugaz capaces de reconciliar con la vida al que los presencia; el segundo cuenta la historia de dos hermanas enamoradas del mismo hombre; el tercero es la extraordinaria historia de un perro blanco al que su cobardía vuelve negro y de lo que hará para recuperar el color de su pelaje; en el último, una prostituta china, católica, cree haber pasado la noche nada menos que con Jesucristo.

Dos relatos hay, sin embargo, que prefiguran el cambio en la escritura de Akutagawa que le conduciría a concebir piezas tan extrañas como «Engranajes». Se trata de «Pantano» y «La hembra», relatos en los que el ambiente onírico y enfermizo prima por encima de la acción, creando un efecto desasosegante, reflejo de la deriva mental del propio autor.

La variedad y la excelencia de los relatos de Ryunosuke Akutagawa le convierten en uno de los máximos representantes del género, tal vez no del todo conocido (o no tan leído como sin duda merece) en España. Hora es de remediarlo.

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