El tren nocturno de la Vía Láctea – Miyazawa Kenji

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El tren nocturno de la Vía Láctea - Miyazawa KenjiDice el adagio que no se puede juzgar un libro por su portada (aunque cuántas veces se acierta al hacerlo); evidentemente, tampoco se debería juzgar por su título. Pero hay títulos tan hermosos, tan sugerentes, que tienen tal poder evocador que no se puede por menos que desear leerlos. El tren nocturno de la Vía Láctea, de Miyazawa Kenji, es uno de ellos.

El volumen incluye dos relatos del autor japonés, aparte del que da título al libro, y en los tres el autor nos sumerge en un mundo donde lo fantástico se codea con lo cotidiano, en historias pergeñadas por una vívida imaginación. No en vano dos de esas historias están protagonizadas por niños, puesto que la infancia es el territorio en el que todo es posible y hasta lo más extraño se acepta sin dudar.

En El tren nocturno de la Vía Láctea, Giovanni y Campanella, su mejor amigo, se suben en un tren que recorre la Vía Láctea  durante la Fiesta de las Estrellas. Aunque el sentido del viaje dentro de la historia debe entenderse como una especie de paso hacia una mayor madurez de Giovanni, en realidad es solo un pretexto del que el autor se sirve para tener la ocasión de introducir al lector en un paisaje maravilloso: el que se descubre desde la ventanilla de un tren nocturno que se desliza al lado de las aguas maravillosas de la Vía Láctea. Un tren que evoca en la mente del lector aquel que aparece en El viaje de Chihiro. Y es que, de hecho, los relatos de Miyazawa, aunque muy anteriores a ellas, saben a película del Studio Ghibli.

De nuevo serán niños los protagonistas de Matasaburo, el genio del viento. En este cuento, los alumnos de una escuela rural se encuentran, al regreso de las vacaciones de verano, con un extraño nuevo compañero. En seguida decidirán que  el nuevo alumno es Matasaburo, un espíritu del viento, y como a tal le tratarán, aunque le incluyan en sus juegos.

En ambos relatos, los protagonistas aceptan lo que los adultos llamarían un «mundo mágico» sin plantearse ni por un instante que su existencia pueda chocar con la realidad. Ese mundo es para ellos tan real como el resto de cosas que les rodean; de hecho, forma parte indiscutible de las cosas que les rodean y es, por tanto, parte de su realidad. Y en ambos relatos, el elemento fantástico ayuda a los niños a encarar y comprender pérdidas o cambios que amenazan el equilibrio de sus existencias. Miyazawa juega en los dos casos con la idea de que lo que los niños conocen es la verdadera historia, mientras que lo que perciben los adultos es precisamente lo irreal.

Sin embargo, el protagonista de Gauche, el violoncelista es un adulto al que cada noche visitan los animales del bosque que rodea su casa y, sin que él sea capaz de comprenderlo en un primer momento, le ayudan a mejorar su manera de tocar el instrumento. Aunque Gauche no se sorprende en ningún momento de recibir la visita nocturna de tan extraños visitantes —según el gusto del autor por unir lo cotidiano y lo maravilloso en una especia de nueva realidad—, no parece sospechar las intenciones que estos albergan al exigirle noche tras noche apasionadas ejecuciones de piezas de violoncelo. Tal vez, precisamente, porque Gauche no es un niño y no es capaz de comprender la influencia que lo prodigioso puede ejercer sobre la existencia normal.

Indiscutiblemente Miyazawa, Kenji puso el acento en crear esos mundos de ilusión que se funden con nuestro universo sensible, lográndolo de manera soberbia. Pero ello parece ir detrimento del correcto desarrollo de las historias, que en todos los casos parecen acabar de manera un tanto abrupta, como si al autor no le interesará nada más allá de mostrar esas fantasías que dan color al relato. A pesar de ese leve defecto formal, los cuentos recogidos en El tren nocturno de la Vía Láctea son una lectura que puede gustar por igual a lectores juveniles o adultos.

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5 Comentarios

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  2. Gracias por la reseña, tenía ganas de leer algo sobre el libro antes de decidirme a comprarlo o alquilarlo en la biblioteca.

    Un espacio muy interesante éste, si te apetece, estás invitado al mío.

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