Fukushima. Vivir el desastre – Takashi Sasaki

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Fukushima. Vivir el desastre - Takashi SasakiHan pasado más de dos años del terrible terremoto seguido de tsunami que, el 11 de marzo de  2011, asoló el noreste de Japón. Debido a esa catástrofe natural se produjo otra no menor, el accidente de la central nuclear de Fukushima Daichii. Como la memoria del hombre es flaca —y en la moderna sociedad de la información suele ocurrir que unas noticias suceden a otras con tanta rapidez que pronto cae en el olvido aquello de lo que los medios no se ocupan—, conviene recordar, aunque duela, las tragedias que la mano del hombre provoca, por aquello de aprender de los errores.

Para ello, nada mejor que leer Fukushima. Vivir el desastre, un libro que recoge las reflexiones y vivencias de Takashi Sasaki, un ciudadano que, tras el desastre nuclear, decidió permanecer en su casa, a menos de 30 kilómetros de la central accidentada. Takashi tenía 72 años en el momento del accidente nuclear y decidió permanecer en lo que en un primer momento se denominó “zona de reclusión en interiores” para cuidar de su mujer enferma. Los escritos que recoge el libro son las anotaciones que el autor publicaba diariamente en su blog y van de marzo a julio de 2011, dando cuenta así de primera mano de los meses posteriores a la catástrofe.

Sin duda estos textos tienen interés en cuanto crónica del día a día en una zona casi deshabitada por temor a la radiactividad. Aunque su casa no sufrió daños de consideración y disponía de agua corriente y electricidad, Takashi da cuenta de la falta de determinados servicios. Con vehemencia critica las zonas de exclusión, dispuestas en forma de anillos concéntricos en torno a la central, y por las cuales se invitaba a la población a abandonar zonas más próximas a la planta averiada pero en las que se medía menor radiactividad que en otras más alejadas. Esa política condenaba a su ciudad, Minamisōma, a convertirse en un pueblo fantasma, sin correos, médicos o supermercados.

Al tiempo, con el transcurrir de los meses, el autor consigna como, poco a poco, la normalidad (que él trata de mantener en su casa a toda costa) va volviendo a la ciudad. Sus habitantes van regresando, a pesar de que la zona pasa a considerarse “zona de preparación para una evacuación de emergencia”, lo que hace albergar a Takashi la esperanza de que esa sea una zona para el renacimiento. Un renacimiento que debe ir más allá de la mera reconstrucción física y atañer también a lo espiritual, a las relaciones humanas, a la forma de concebir la ciudad y a los ciudadanos. Una reconstrucción que demuestre que se ha sacado una lección de la terrible tragedia del tsunami y el accidente nuclear.

Y es que el verdadero valor de este diario escrito desde el corazón de la catástrofe radica precisamente en las reflexiones que Takashi hace sobre las causas del accidente, sobre el futuro de la región, sobre el destino de Japón, sobre la solidaridad, o sobre el sentido de ser humano. El interés de Fukushima. Vivir el desastre va mucha más allá de su indignada y pertinente crítica al gobierno nipón o a los responsables de Tepco (la compañía que explotaba la central); y va más allá porque alude a aspectos trascendentes, que tienen que ver con la esencia misma del ser humano. Consideraciones sobre la sociedades que toleran el riesgo de las centrales nucleares para mantener una métrica tan vacía como la del nivel de vida, sobre la manera en que cada individuo debe encajar un desastre de tales magnitudes, sobre la falta de reflexión que aqueja al hombre de hoy en día, sobre los gobiernos mercenarios, sobre el individualismo y la falta de valores… son las que hacen de este libro una lectura que no se queda en lo meramente anecdótico.

Y aunque Takashi Sasaki invita a reflexionar sobre temas de calado, su estilo llano, ameno e incluso humorístico en ocasiones —un estilo marcado por la espontaneidad e inmediatez propia de los blogs—, hace de esta una lectura sencilla y entretenida, que esconde mucho más de lo que a primera vista pudiera parecer y que me permito recomendarles.

5 Comentarios

  1. “conviene recordar, aunque duela, las tragedias que la mano del hombre provoca”, interesante manera de definir un ” terrible terremoto seguido de tsunami que, el 11 de marzo de 2011, asoló el noreste de Japón”. Entiendo yo que las consecuencias (el desastre nuclear de Fukushima) no son las causantes, ni van parejas, del “terrible terremoto seguido de tsunami” en este caso.
    Respecto al libro en si, parece interesante, me lo apunto.

    • Estimado Miki:

      El párrafo inmediatamente anterior dice: “Debido a esa catástrofe natural se produjo otra no menor, el accidente de la central nuclear de Fukushima Daichii.” Y dicho accidente, coincidirá conmigo, es de origen indiscutiblemente humano. Al decir “conviene recordar, aunque duela, las tragedias que la mano del hombre provoca”, me refiero al accidente nuclear; y creo que no hay error posible precisamente porque apostillo “que la mano del hombre provoca”. Todo ello para introducir la reseña de un libro que trata más del accidente nuclear que del terremoto y maremoto del once de marzo, por ser escrito por un ciudadano que permaneció en la zona de exclusión.

      Saludos.

      • Lamento disentir, y para fundamentar mi razonamiento intentaré demostrarlo con una analogía: si el terremoto hace que una casa aplaste a sus moradores no decimos que es un accidente causado por la mano del hombre, a menos que se entienda que hacer una casa que puede derribar un terremoto que supere en potencia a las medidas de seguridad legalmente establecidas para tal eventualidad y basadas en las experiencias previas (fue el terremoto más potente en la historia sismológica japonesa) sea algo provocado directamente por la mano del hombre.
        Yo entiendo que la ineptitud de las autoridades a la hora de realizar las labores de salvamento y sus mentiras sí son responsabilidad del hombre, pero los daños en la central nuclear no, más que nada porque lo provocó el terremoto más grande que se ha dado en un país que sufre continuos seísmos (7.000 en 2006, que son los únicos datos que así, a bote pronto, he encontrado) y en el que la destrucción que puede causar la energía nuclear no es algo que se tomen muy a la ligera.
        Que a usted no le guste la energía nuclear me parece saludable, que empiece una reseña sobre un libro confundiendo conceptos me parece más discutible y así me permito hacérselo notar, aun a riesgo de parecer excesivamente puntilloso.
        Saludos.

        • Estimado Miki:

          en japonés existen dos conceptos diferentes para designar los desastres naturales (e inevitables) y los producidos por el hombre, que por tanto se pudieron haber evitado. Disculpe que no se los cite, pero no tengo ahora mismo el libro a mano. Es el propio Takashi quien en su libro incluye al accidente nuclear entre los segundos y sobre esa distinción (con la que coincido) he basado la reseña.

          Por otro lado, parece que investigaciones ulteriores demostraron que el mantenimiento que Tepco había hecho en las instalaciones de la central era insuficiente. Y que la central no estaba preparada ni siquiera para afrontar un terremoto mucho menor que el del once de marzo. Lo digo de memoria, pero creo que lo leí aquí.

          Sin embargo, eso es ya entrar a discutir temas diferentes de los que se tocan en la reseña. Saludos.

          • Desconocía esa información. En este caso tengo que recular y pedir perdón porque entonces sí que estamos en el caso que yo había expuesto.
            Saludos.

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