Hijas y esposas – Elizabeth Gaskell

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Hijas y esposas - Elizabeth GaskellHijas y esposas fue la novela póstuma de Elizabeth Gaskell; publicada por entregas desde 1864, quedaría inconclusa por la muerte de su autora en 1866. Hijas y esposas es una de esas novelas encantadoras, de cuyos personajes lamentamos despedirnos al volver la última página; y la historia rebosa esa candidez característica de las novelas de la época, una simplicidad que resultaría chocante en obras de épocas posteriores, pero que contribuye decididamente a su encanto.

Elizabeth Gaskell hace gala de una primorosa sencillez al contar una historia entretejida de pequeñas intrigas domésticas que se siguen con interés. Sin embargo, a pesar de la trama, un tanto banal, brilla en la narración un fino sentido del humor, una sutil ironía que tamiza la descripción de la sociedad y las costumbres de la época; y que se cuela también en la manera en que la autora presenta los sentimientos encontrados de la juventud.

Hijas y esposas es una sugerente galería de personajes, sobre todo femeninos, con los que Gaskell retrata esa edad turbulenta del paso de la juventud a la edad adulta. Y al hacerlo, demuestra la autora poseer un gran conocimiento de los tumultuosos sentimientos que provocan las distintas maneras en que es posible enfrentar ese momento en el que los días despreocupados de la niñez quedan atrás y se comprende que conseguir lo que se desea conlleva esfuerzos, sinsabores y, a veces, también alegrías.

La trama de Hijas y esposas puede resultar trivial. Un hombre viudo contrae matrimonio en segundas nupcias con la loable intención de proporcionar a su hija adolescente una madre que vele por sus intereses en esa difícil edad. Sin embargo, la decisión del señor Gibson abrirá la puerta a nuevos problemas derivados de los roces entre su hija y su nueva esposa, o de los enredos que la bellísima hermanastra, también adolescente, traerá consigo.

Pero si bien la historia puede, como decía, resultar insustancial e incluso a veces algo previsible, es la excusa perfecta para desarrollar unos personajes delicados y bien trazados. Molly, la hija del señor Gibson, se muestra ingenua pero no mojigata, y complace encontrar en ella ese candor juvenil que tan poco dura. Por el contrario, Cynthia, la hermanastra, es un ser voluble cuyo carácter mudable es fruto de la poca atención que le prestó su madre, y de la mucha que le prestan los hombres por su belleza.

Cynthia y Molly harán pronto buenas migas, aunque son evidentemente personajes antitéticos. Lo que en una es entereza, abnegación, inocencia y resignación, en otra es debilidad, necesidad de ser complacida, desabrimiento y gusto por hacer su propia voluntad. Pero lo que Gaskell nos muestra gracias a las dos jóvenes protagonistas de Hijas y esposas es la manera en que los primeros años nos marcan de por vida, de modo que cualquier acto, o actitud, posterior es consecuencia directa de ellos.

Como es de suponer hay galanes en esta novela que tiene su poco de intriga, su poco de amoríos y su poco de madrastra, si no malvada, si algo cargante. Pero Hijas y esposas va más allá del cuento de hadas o de la novela gazmoña para convertirse en una historia vivaz y perdurable.

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2 Comentarios

  1. Gracias Pablo,

    es un placer recibir de nuevo tus comentarios.

    Ahora bien, en esta ocasión quisiera señalar que en mi comentario de “Hijas y esposas” indico expresamente que esa candidez, banalidad y previsibilidad de la trama (que en efecto son propias de la novela victoriana) son rasgos que precisamente confieren su encanto a estas obras; y que, si bien esos mismos rasgos me harían arrojar horrorizada una novela contemporánea donde los encontrase, me producen deleite en este tipo de obras.

    Un saludo.

  2. Leo con atención y agradecimiento esta página, y por eso me permito hacer un comentario sobre esta reseña, que acusa -creo- un error de fondo común a muchos lectores.

    Podría entenderse que usted recomienda esta novela a pesar de la existencia de algunos elementos que de antemano parecen no gustarle: cierta simplicidad, candidez, una trama algo banal y previsible, la obligada dosis de intriga, etc. Y podría entenderse igualmente que usted ensalza “Hijas y esposas” por dos componentes (la ironía y la solidez en el dibujo de personajes) que le agradan más.

    Creo que es importante anotar que la suma de todos esos elementos (nos gusten o no) conforma la definición de novela victoriana, y que los encontramos uno tras otro en la obra de Gaskell (en esta novela y en “Los amores de Sylvia”, por ejemplo), en la de Eliot y en la de Trollope, que publicaban por entregas para agradar a unos lectores numerosos, exigentes y conservadores.

    Quizá nuestra aspiración como lectores hoy día deba ser aprender a disfrutar de las obras literarias asumiéndolas como un todo de partes en equilibrio. La lectura así nos revelará mucho sobre el valor específico de un libro (que es lo que importa) y nada sobre nuestro gusto literario (que es irrelevante).

    Gracias.

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