La madre Naturaleza – Emilia Pardo Bazán

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La madre Naturaleza - Emilia Pardo Bazán

Un año después de Los Pazos de Ulloa, Emilia Pardo Bazán publicaría La madre Naturaleza, una obra concebida como continuación de la anterior y por ello precisamente subtitulada Segunda parte de Los Pazos de Ulloa.

En La madre Naturaleza encontramos, en consecuencia, a muchos de los personajes de la primera novela, aunque esta esté situada varios lustros después. Pero, como en las tragedias griegas, el sino ha aguardado con paciencia para cumplirse y los pecados de los padres caerán sobre las cabezas de los hijos.

El drama se cierne de nuevo sobre la casona de los Pazos, mientras todo el mundo se atarea en la recogida de la mies. A la heredad llega el hermano de doña Marcelina, protagonista de la anterior novela, a reclamar la tutela y pedir en matrimonio a su sobrina. Como es evidente, las cosas no resultarán tan sencillas.

Como ocurría con Los Pazos de Ulloa, es esta también una novela de riquísimos matices. Tantos que, tendrán que disculparme, es imposible consignarlos todos en una simple reseña. Para empezar está la manera en que Pardo Bazán abordó el naturalismo. Aunque tituló a su novela La madre Naturaleza, casaría mejor que sustituyera el apelativo de madre por el de madrastra. La naturaleza, ya ocurría en la primera novela, aparece de continuo retratada como un ente amenazante, indomeñable. Incluso al presentar la cara feliz de la cosecha se busca subrayar la necesidad de que la razón humana la domestique, controle su feracidad y exuberancia.

Porque si la razón no maneja la rienda la naturaleza se desmanda, vuelva por sus fueros, nos devuelve a la condición de animales incapaces de obedecer las leyes humanas y, aún peor, las divinas. Mientras el naturalismo europeo, especialmente al francés, celebra (siempre con algún matiz, por supuesto) precisamente esa ruptura con la ley, ese regreso a un estado primigenio en el que radica la genuina naturaleza humana, Pardo Bazán apuesta por recordar que a Dios no le gustan esos desmanes y que, para evitarlos, mandó a su hijo a la tierra y lo sacrificó.

Gabriel Pardo, el amante tío que quiere rescatar a su sobrina, es el principal representante de esa sociedad biempensante que cubre con espesos velos cualquier instinto natural. Cuando conoce a Manuela, su sobrina, de inmediato planea convertirse en el pigmalión que la rescate de la oscuridad moral a la que la falta de atención por parte de su padre la ha condenado. Porque una señorita no debe de ninguna manera llevar la vida libre que Manuela disfruta por los vericuetos de los Pazos. Esa libertad solo puede conducir a un resultado, al triunfo de esos instintos naturales que siempre están mal, pero muy especialmente en la mujer. Por lo que, como mujer, Manuela deberá pagar el haberse abandonado a los instintos que la madre naturaleza dicta; y pagará mucho más caro que el compañero junto al que a esos instintos se abandona.

Por otro lado, La madre Naturaleza está llena de felices descripciones de la vida campesina en la Galicia de la época, presentado un cuadro vivo de los modos de vida, las costumbres, los paisajes, las viviendas… pintados por una mano con especial instinto para apresarlos.

Por no mencionar el recorrido por la historia de las últimas y convulsas décadas del siglo XIX español, por cuyos principales avatares realiza un repaso —por mor de la narración, naturalmente— la autora.

Como decía, una novela llena de matices que, de nuevo, alumbra aquella época, extendiéndose esa luz hasta la nuestra y permitiéndonos ver lo que antes no veíamos o apenas adivinábamos; además de todo un clásico de la literatura española que siempre es recomendable conocer.

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