La sal – Jean-Baptiste Del Amo

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La sal - Jean-Baptiste Del AmoHablábamos hace no mucho aquí de Una educación libertina, la primera novela del joven escritor francés Jean-Baptiste Del Amo. Una novela aquella que pareció a la que esto escribe algo desigual, pero obra de un escritor prometedor. Es la posibilidad de ver esa promesa cumplida la que trae de nuevo a Del Amo por estos pagos.

La sal tiene como epicentro de su acción una cena familiar. El narrador persigue a los invitados a lo largo del día que antecede a la reunión y, al hacerlo, va descubriendo los secretos y las heridas que todos ellos guardan y que parecen separarlos más que unirlos. En ese sentido, la novela no trata un tema nuevo, aunque desvela con acierto el pequeño infierno que a veces ocultan las relaciones familiares.

Para hacerlo, Del Amo salta de un personaje a otro: los hijos (dos hermanos y una hermana) y la madre, viuda. A todos ellos, la reunión familiar que les aguarda al final del día les despierta el recuerdo de diferentes momentos del pasado. Recuerdos que van completando la historia de la familia y, al hacerlo desde una multiplicidad de perspectivas, crean una imagen profunda y matizada.

En el centro de esa imagen está el padre muerto, un tirano familiar que marcó la vida de su mujer e hijos y, de alguna manera, los separó. Pero Armand, el padre, no es el único culpable de las heridas de los miembros de su familia: cada uno de los personajes se considera víctima del resto y los recuerdos que afloran muestran los agravios que han creído sufrir cada uno de ellos y los rencores que palpitan en lo profundo.

Como decía, la historia de los claroscuros que esconde una familia no es nada nuevo en la literatura, pero Del Amo logra no obstante atraerse al lector con la multiplicidad de perspectivas de las que se sirve y con un sabio manejo de la puesta en claro de los sucesos importantes, que va poco a poco desvelando. Pero también cae en ocasiones en lugares comunes y en formas trilladas que hacen tropezar la novela; así, el hijo que trata de seguir las huellas del padre frente al que es opuesto a su progenitor en todo, o la confrontación entre madre e hija.

Por otro lado, al igual que sucedía en Una educación libertina —aunque por fortuna en menor medida—, el escritor busca usar el lenguaje de un modo efectista que, lejos de parecer original, resulta artificioso e impostado. Además, en determinados momentos, a lo largo de toda la novela, se trasluce una impresión de falsedad, de innecesario alambicamiento, no solo con el lenguaje, sino también con el uso de ciertos recursos estilísticos o con la inclusión de determinadas escenas o asuntos (como la sexualidad de los protagonistas).

Es difícil precisar si esta forma de entender la escritura son los tanteos de un buen escritor, que busca todavía una manera propia de escribir, o si, de alguna manera, son concesiones, intentos de convertir su literatura en algo que no es. Si esa artificialidad es, por decirlo de alguna manera, genuina, el estilo de Del Amo peca de una afectación que no solo desmerece la escritura sencilla que brilla en algunos momentos, sino que también debería alejar al lector, al que el autor parece querer engañar con trucos de prestidigitador; pero si con el tiempo depura su estilo y se aleja de alharacas literarias, entonces encontraremos una excelente voz para este siglo XXI tan falto de ellas.

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