La vida de Budori Gusko – Kenji Miyazawa

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La vida de Budori Gusko - Kenji MiyazawaComentaba hace tiempo con deleite la lectura de otro libro de relatos de Kenji Miyazawa que llevaba el seductor título de El tren nocturno de la Vía Láctea. Los relatos de aquel volumen descubrían un escritor con una imaginación desbordante y un contador de historias sutil.

En su momento, hube de señalar que sus textos recordaban inequívocamente a las conocidas películas del Studio Ghibli. Una comparación cierta que el epílogo del libro que ahora nos ocupa, La vida de Budori Gusko, confirma, puesto que se ocupa de la influencia de Kenji Miyazawa en el manga y el anime.

Con esta presentación, es fácil imaginar en qué género es posible englobar los cinco relatos que componen La vida de Budori Gusko. Se trata de relatos tiernos, casi infantiles, protagonizados por niños o por animales, donde la inocencia actúa como un filtro que lima las duras aristas de la realidad. Eso a pesar de que a los protagonistas no siempre les aguarda un final afortunado.

El cuento que da título al libro nos cuenta la peculiar historia del joven Budori, que vivirá diversas aventuras hasta acabar como empleado en el «departamento de Vulcanología de Ihatov». Miyazawa incorpora en este relato elementos propios de la ciencia ficción para crear un mundo en el que la tecnología se emplea con eficacia en mejorar la vida del hombre.

Por su parte, «Las bellotas y el gato montés» es un relato concebido como un imaginativo divertimento. En él un niño recibe una misteriosa misiva en la que se le invita a presenciar un juicio en el que un gato montés debe elegir a la mejor bellota. Mientras en «Obbel y el elefante» los paquidermos se revelan contra los malos tratos que un pérfido hombre inflige a uno de los suyos.

En  «Historias de un espíritu» se recogen varias anécdotas protagonizadas por un zashiki-bokko: espíritu de un niño que trae buena suerte a las casas en las que habita, siempre que se les trate bien.

Los relatos de Kenji Miyazawa fascinarán a los lectores que gusten de perderse en piezas donde la imaginación sea la correa de transmisión de las historias. Una imaginación como la que inunda los libros infantiles: blanca, tierna, candorosa y emotiva. De hecho, las historias de Miyazawa logran recordar aquellos libros de cuentos que leíamos en nuestra niñez y en los que aprendimos a ser buenos, justos y honestos.

Sin embargo, el que es el mayor logro de estos relatos, su candorosa inocencia, puede tomarse también por su mayor defecto: se trata de cuentos originales y amenos, pero demasiado infantiles. Ahora bien, La vida de Budori Gusko resulta una sugerencia ideal para un joven lector. Tomen nota los que tengan uno en casa.

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