Las hilanderas – Antonio Piñeiro

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Las hilanderas - Antonio PiñeiroA finales del siglo XIX algunas hilanderas de A Estrada deciden emanciparse de la fábrica de tejidos La Minerva, que desde Madrid compra sus trabajos a un precio exiguo, y vender sus hilados por su cuenta en un intento de conseguir una vida mejor. Ese intento no es fortuito, sino que nace al calor de la rebelión cantonal (que tuvo lugar durante la Primera República) y a la voz de «Arriba el trabajo. Abajo los consumos. La tierra para el pueblo.»

Las hilanderas, un breve relato de José Piñeiro cuenta, de manera simultánea, el breve rayo de esperanza que brilló entre las mujeres de A Estrada y su abrupta extinción. Una niña del pueblo recuerda, años después, el inicio del conciliábulo de las hilanderas, en un momento en el que conseguir una vida más digna parecía una realidad al alcance de la mano; y el final del mismo, cuando la justicia, la Iglesia y el poder económico (representado por La Minerva) ponen en marcha su maquinaria para aplastar cualquier posibilidad de emancipación que amenazase el statu quo que les beneficiaba.

En una serie de escenas, relatadas a modo de recuerdos, se contraponen el modo en que las hilanderas se organizaron para vender su trabajo por libre y las esperanzas que en ello pusieron; y la forma en que fueron acosadas y amenazadas para confesar su culpa y renunciar a todo intento de competir con la poderosa fábrica textil o, simplemente, creer que podían librarse de la miseria.

Pero hay más en Las hilanderas, porque con sutileza (y tal vez de forma algo confusa), el autor nos presenta la promesa de una vida mejor para los humildes que trajo la República. Esta idea la representa doña Benita, la maestra que enseña labores a las niñas del pueblo y que les promete: «Iréis todas a la instrucción. Aprenderéis a leer y a escribir.»

Ir a la instrucción y no entrar a trabajar en una fábrica en A Coruña. «[…] la niña que llegaba pidiendo trabajo con las manos apretadas sobre su ombligo de leche, en su preflor. Su madre, que le entregaba, todavía ni doce años, como una semilla que esperase su primera lluvia. Anda, hija, y ve a buscar tu futuro.»

El relato de José Piñeiro, sin embargo, apenas se detiene en esos detalles de la trama, que resultan escasamente un esbozo; la punta de una mecha de hilo (como las que la Chiva, una de las conjuradas, trabaja) que el lector debe seguir trabajosamente y convertir en una hebra de argumento.

Porque Piñeiro se detiene en lo sensorial, en esos detalles que pueblan nuestro recuerdo y que en ocasiones empañan los hechos principales. La narradora recuerda las sombras en las calles, los sonidos de las voces, el aire abrasador, los gestos y ademanes… y se detiene a rememorarlos, como si tuvieran una importancia decisiva en la historia que está contando.

Y la tienen. Porque en la peculiar manera en que la narradora recuerda se aprecia la voluntad de estilo con que Piñeiro ha construido su relato. Un estilo netamente literario, donde la forma pesa tanto como el fondo, si no más.

Y eso que el fondo está ahí, latiendo poderoso.

¿Veis? Así juntas, en el hilo ya no se rasgarán. Cada una de vosotras tenéis que ser una hebra. Una hebra de un tallo de lino. Las hebras hacen fuerte el hilo. ¿Comprendéis?

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