Los mandarines – Wu Jingzi

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Los mandarines - Wu JingziEn el siglo XVIII Wu Jingzi escribió una novela que, salvando las distancias, puede compararse por su intención a la Comedia Humana de Balzac. Una novela que, siendo claramente local, se vuelve universal por la profundidad con la que aborda la psicología del ser humano, su moral, dejando constancia de la grandeza o vileza del mismo según los casos.

“Historia del Bosque de los Letrados”, como también se conoce a “Los mandarines”, viene a ser un retablo de las costumbres de la China de la dinastía Qing, pero especialmente de las vidas de los intelectuales que, más o menos dedicados al estudio, empleaban su vida en prepararse para los distintos exámenes que otorgaban el acceso a los puestos oficiales.

“Los mandarines” es una obra extensa en la que aparecen representadas con acierto todas las ambiciones y algunas de las virtudes humanas a través de un sinnúmero de personajes que convierten la obra en una inmensa novela coral cuyos protagonistas aparecen y reaparecen a lo largo de las páginas construyendo un tapiz densísimo pero muy bien urdido.

En ese tapiz Wu Jingzi entrelaza cada hilo de una manera que no puede sino sorprender al lector: la novela está compuesta por innumerables historias, cada una de las cuales tiene un protagonista sin embargo, en un determinado momento, se introduce un nuevo personaje que aparece como secundario de la historia que se narra pero que, al concluirse la misma, se erige en protagonista de una nueva que comienza. Así el personaje que hasta el momento protagonizaba la acción es dado de lado y sustituido por otro que toma el relevo, consiguiéndose de esta forma que la obra se conciba como una unidad perfecta, a pesar de la multiplicidad de hilos que la forman.

Y esa multiplicidad de hilos es consecuencia del intento del autor de retratar en su obra el mundo intelectual de la época que le tocó vivir. Sirviéndose de experiencias de su propia vida, usando como modelo de los personajes de sus historias a personas conocidas por él, Wu Jingzi plasmó en “Los mandarines” la vida de quienes, con mayor o menos fortuna, con honestidad o sirviéndose de estratagemas, se dedicaban a la erudición. Pero en general es una denuncia del abandono por los letrados de la época del estudio como camino de perfección moral para convertirse únicamente en una búsqueda de honores y riquezas, por lo general inmerecidos.

Cada personaje es una historia de abnegación filial, de ambición, de traición, de virtud, de entrega al estudio, de caída en el vicio, cuyo relato se desenvuelve sin embargo con credibilidad puesto que existe en cada uno de ellos una evolución psicológica plausible. Así un hombre irreprochable, tentado por el oro, acepta sustituir al hijo de un rico comerciante en un examen; o un hombre de excelente familia pero algo indolente, decide abandonar todo intento de alcanzar honores y fortuna para dedicarse a vivir la vida junto a su esposa bebiendo vivo y componiendo poesía; o un docto anciano, convencido de que todo es vanidad, renuncia a un puesto en la corte imperial para proseguir con sus estudios en el retiro. Siempre existe en el personaje un rasgo, un motivo, una cualidad que convierte en lógica cada acción que emprende y así la obra se convierte en un perfecto compendio de las razones que mueven al hombre, desvelando su autor con ironía no exenta de tristeza, que virtud existe poca y que, por lo general, todos estamos dispuestos a vendernos o a comprar aquello que deseamos para obtenerlo sin esfuerzo.

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