Navegantes del tiempo – Sjón

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Navegantes del tiempo - SjónNos advierte el editor en la contraportada de Navegantes del tiempo que Sjón es un autor a descubrir. Y lo es. Es probablemente uno de los escritores contemporáneos con una voz más personal y una obra peculiar y diferente.

En sus novelas, siempre breves, reúne lo mítico con lo cotidiano y barniza sus historias con ciertos tintes oníricos que arrastran al lector dentro de sus historias. Al tiempo, su manejo del lenguaje y de los diferentes registros narrativos demuestra una sensibilidad especial para dar con la manera exacta en que una historia debe ser contada. La imaginación y la destreza de las que hace gala convierten sus libros en momentos de disfrute seguro.

Navegantes del tiempo (un título tremendamente evocador) es la historia de un viaje. O de dos. Por un lado, nos cuenta la travesía que emprende Valdimar Haraldsson, invitado a embarcarse en el mercante M/S Elisabet Jung-Olsen. Por otro, nos cuenta la historia de Céneo, compañero de Jasón a bordo del Argo, pero empleado ahora como segundo de a bordo en el mismo barco en que navega Haraldsson.

Ambos personajes coinciden sin estridencias y Sjón logra que el lector asuma como natural que el mítico Céneo deambule por el siglo XX (la historia transcurre en 1949) como tripulante de un mercante. Porque, nos hace reflexionar el autor, nuestra sociedad contemporánea no es apta para héroes, no hay grandes aventuras que acometer y los hombres extraordinarios acaban por contaminarse de la mediocridad general.

Por eso a Céneo solo le queda el recurso de contar sus asombrosas aventuras a bordo del Argo como entretenimiento para los oficiales durante las cenas del M/S Elisabet Jung-Olsen. Y sus historias maravillan a todos sus oyentes… menos al propio Haraldsson. Valdimar Haraldsson encarna precisamente la pequeñez de la sociedad occidental, aburguesada y pedante. Obsesionado con la supremacía cultural que los pueblos del norte deben al consumo continuo de pescado, en su mente no hay cabida para otro tema, de ahí su falta de interés para el luminoso mundo que describe Céneo. Esa pequeña excentricidad de su carácter ―su obsesión por el pescado― le empequeñece (aunque él opina lo contrario) y lo convierte en patéticamente humano, frente al grandioso compañero de Jasón.

Comentaba más arriba el acertado uso de los registros del que se sirve Sjón para definir sus historias. En Navegantes del tiempo se alternan el tono épico de las narraciones nocturnas de Céneo con el lenguaje falsamente erudito y absolutamente pomposo de Haraldsson. Ambas historias, ambas voces, se entrelazan sin fricciones, saltando con innegable agilidad de una isla en el mar Egeo a un fiordo noruego.

Singular destreza es la que demuestra el autor en su reinterpretación de las Argonáuticas, de Apolonio de Rodas, o la Medea y la Hipsípila de Eurípides. Esos textos clásicos, cuyos temas son eternamente vigentes y, por tanto, conmovedores, se filtran en el argumento de Navegantes del tiempo ―de hecho, son su argumento― hasta constituir la esencia misma de los personajes creados por Sjón.

En definitiva, una historia que nos traslada una nostalgia intensa por el tiempo ido para siempre de los héroes, montada de una manera atractiva y original. Una novela excelente tanto en la forma como en el fondo.

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