Nombre de guerra – José de Almada Negreiros

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Nombre de guerra - José de Almada NegreirosEscrita en 1925 por José de Almada, e inédita hasta 1938, “Nombre de guerra” es una de las mejores novelas que he leído esta temporada. Es una obra maravillosa de principio a fin: profunda y divertida a la par, semeja una ventana a la vida, un redescubrimiento de ese mundo que a veces se nos antoja tan gastado.

La prosa de Almada es para experimentarla de primera mano, por sutil, por colorida, por viva; no obstante, me permito copiar aquí una frase tomada del texto ‘El alma de Almada’ que sirve como introducción a esta edición de El Olivo Azul: «escribe como quien traza la ironía final y la confesión sentimentalmente última».

“Nombre de guerra” narra la historia de un redescubrimiento personal a través de una historia de amor, que al final resulta no serlo. O cuando menos, resulta ser un amor efímero. Ese redescubrimiento de sí mismo a través del cuerpo de otra persona le sucede a Antunes, un hombre de treinta años que descubre, al contemplar a una mujer desnuda, que todo lo que sabe de la vida, no tiene valor.

La relación que emprende con Judit, una prostituta que por su género de vida es la antítesis de todo cuanto conoce Antunes, resulta ser el instrumento catártico que propiciará el nacimiento de un nuevo Antunes. Una resurrección que vendrá precedida de dolor e incertidumbre, de un profundo vuelco de todo cuanto Antunes es, para dejar paso a un ser libre, independiente, que prevé una vida si no feliz, al menos auténtica y vivida desde la consciencia de sí mismo.

Porque Antunes ha vivido según los dictados de terceras personas, hasta el punto de renunciar a todo instinto propio. De ahí que cuando tiene entre sus brazos a Judit desnuda, no sabe qué debe hacer con ese don que es el cuerpo de una mujer. No sabe qué hacer porque nadie le ha dicho qué se espera de él en ese caso. Y esa experiencia perturbadora será la piedra de toque que hará comprender a Antunes la falsedad de todo cuanto es porque, precisamente, no lo es realmente.

Tenía que empezar de nuevo, como si acabara de aparecer ahora en el mundo, a los treinta años, por vez primera.

A través de Judit, Antunes se lanzará a la búsqueda de sí mismo, decidido a cruzar al otro lado del espejo que, para él, es la vida verdadera, genuina, que hasta ahora sólo ha visto desde detrás de un cristal. Judit es la puerta que le ha dado entrada a la realidad. Y aunque no estarán siempre juntos, Antunes sabe que siempre bendecirá esa puerta a pesar de que, como la oruga se encierra en su crisálida, el también necesita la soledad para acabar su metamorfosis.

“Nombre de guerra” es una historia hermosa, no sólo por la profunda experiencia vital que narra; sino sobre todo por la manera en que está contada, paso a paso, pero siempre sintiendo el lector que el narrador sabe que es lo siguiente que le acontecerá a Antunes, como si ya hubiera ido hasta el final de la historia y retornase para narrárnosla despacio, meditando a su vez sobre ella, incidiendo precisamente en lo que es vital (y nunca mejor dicho) en la historia.

En definitiva, mejor lean “Nombre de guerra”.

1 Comentario

  1. Sra. Castro debo darle la razón en todas y cada una de sus apreciaciones sobre la obra de Almada Negreiros. Sorprendente, divertida y originalmente atípica, si no la mejor, una de las mejores novelas que han caído en mis manos durante los últimos meses. Como diría el Sr. Molina: “No duden que pasará desapercibida y que poco se hablará de ella”. De buen seguro, y después de casi tres años de su aparición, la predicción, de haberse hecho, se habría cumplido íntegramente (lo digo, porque no he visto mucha zarabanda orquestada alrededor de la novela). Una lástima.

    Resulta un placer seguir las penas y andanzas de Luis Antunes, su choque brutal con la realidad, personificada en Judit, y su renacer a la vida tras su frustrado amorío. La prosa ingeniosa y audaz de Almada sirve tanto para sumergirnos en los ambientes noctámbulos lisboetas como para, acodados junto al protagonista en la ventana de su buhardilla, abocarnos a la noche estrellada y sumirnos en el misterio de los astros y la vida. Es cierto que algunas de sus conclusiones, tan definitivas ellas, pueden parecernos tiernamente ingenuas, pero el mensaje de no vivir la vida de cada uno según la de los demás, de sustraerse a orejeras impuestas y no acomodarse a hábitos y rutinas, me parece plenamente válido y de una pasmosa vigencia.

    Una gran fortuna haber podido leer “Nombre de guerra”. Esos vecinos de ahí al lado, los “portuguesitos”, que muchas veces casi menospreciamos como suele hacerse con los parientes pobres (ya ve, nosotros los ricos), tienen, a juzgar por la obra de Almada Negreiros, muchas cosas que enseñarnos. Las mismas que podemos aprender leyendo a Eça de Queirós o a Pessoa, por citar algunos.

    Excelente la traducción y el epílogo de Sonia Ayerra y David Santaisabel, (algo que se le olvidó mencionar en su completísima reseña), y muy cuidada la edición de la editorial sevillana “el olivo azul”. Es bastante difícil en los tiempos que corren encontrarse con conjunciones tan sobresalientes.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

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