Utilidades de las casas – Isabel Cobo

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Utilidades de las casas - Isabel CoboComo cualquiera que visite esta página con cierta asiduidad podrá comprobar, no suelo leer autores españoles contemporáneos. Me parece que nuestra literatura actual tiene muy poco que ofrecer, pues sus autores se obstinan en seguir las mismas sendas trilladas y escribir sobre los mismos lugares comunes, por lo que prefiero dedicar mi tiempo a otras literaturas de las que sé que obtendré una mayor recompensa. No obstante, cuando cayó en mis manos este libro de Isabel Cobo y hojeé sus páginas, me llamó profundamente el tema y el tono en que está escrito y me aventuré a leerlo.

El libro recoge, en forma de breves reflexiones o relatos, una serie de recuerdos sobre los veranos que la protagonista pasó en la casa de sus abuelos durante su niñez. Aunque más apropiado que decir ‘la casa’, sería decir ‘las casas’, pues es entre la casa de arriba y la de abajo, entre las que se dividen los días del verano. Y cada una de ellas tiene su utilidad: en la de abajo se vive de día y está asociada por tanto a las horas de sol en la huerta, a las tareas de la abuela, a las excentricidades del abuelo. En la de arriba se duerme, y a ella se asocian los cuentos, el misterio de unos arcones cerrados o los sueños en mullidos colchones de lana.

El tono íntimo de esos recuerdos y la sencillez con la que están plasmados a lo largo de las páginas del libro, consiguen incitar al lector a sumergirse en sus propios recuerdos. Este libro ha traído a mi mente mis propios días de verano en las casas de mis abuelos: la casa nueva, la vieja y ‘la de allá’, y toda la colección de anécdotas y personas que están ligadas a esos días. Pues como dice Albert Camus en “El extranjero”, un hombre puede pasar el resto de su vida con los recuerdos de un solo día.

Así pues, el tono evocador y sencillo, logra que nos representemos esos días luminosos y a las personas que los poblaron, mientras se desgranan los recuerdos con la candidez infantil de una niña que no se cuestiona ni juzga, simplemente absorbe cuanto tiene a su alrededor: los olores, los colores, las voces y las historias. Por desgracia en ocasiones la autora pierde esa sencillez tan encantadora y se pierde en imágenes alambicadas, tremendamente rebuscadas, las cuales, lejos de aportar algo a la obra, sólo consiguen restarle frescura.

Así ocurre con un cuento que se incluye, un cuento que su abuela, ya vestida con su camisón, les contaba por la noche en la casa de arriba, la casa de dormir. Este cuento desmerece la colección de recuerdos que se van hilvanando a lo largo de la obra y aparece como un apósito de estilo impostado que nada aporta. En contraposición, tenemos la historia de los ladrones que entraron a robar una noche en la casa de abajo cuando aún se dormía en ella y que enlaza mejor con la tradición oral rural española, llena de robos, asesinatos y aparecidos.

A pesar de este par de puntos negativos que resalto del libro, no deja de merecer éste la pena por su manera nítida y nostálgica de enhebrar unos recuerdos dichosos de una infancia feliz y despreocupada en la que, sin embargo, se empiezan a dibujar los primeros miedos: miedo a la pérdida, a la transformación continua de lo que vemos cada día y damos por seguro; miedo al tomar conciencia de que todo va quedando atrás aun cuando todavía es cotidiano. Y por encima de todo, miedo a la muerte como principal potencia de la destrucción y el cambio. Unos primeros miedos que, sin embargo, ceden con rapidez ante la presencia tranquilizadora de abuelos y padres, investidos del poder de reanudar la vida cuando algún temor extraño la deja en suspenso.

En definitiva, un libro que alude a los recuerdos del lector cuando éste aún podía creer que algunos adultos tenían la capacidad de, si no detener el tiempo, sí al menos volver la realidad inmutable. Y esta realidad era una sucesión de días felices.

5 Comentarios

  1. Hay que ser muy noob en teoría literaria y en teoría en general para no entender la función que cumple el cuento central de la obra “Utilidades de las casas”, de Isabel Cobo. Un apósito de estilo impostado y blablablá, dice el artículo. XD. Yung Beef podría haber hecho una mejor exégesis. Pues bien, allá vamos, se trata de una condensación alegórica de una de las isotopías que recorren toda la obra: el nombrar. El cuento narra la lucha de lo Simbólico y lo Real lacaniano. Los héroes van sucumbiendo frente a aquello que no tiene forma, que no se “conoce”, que no está inserto en la red simbólica; y la niña decide poner orden, es decir, hacer frente a lo Real que está representado por la tormenta; de manera que comienza a hilar cada cosa del pueblo para que no se vuele. Como sabemos, el coser ha sido utilizado de forma recurrente en la tradición occidental como metáfora del lenguaje: hilar fino, etc. Pues bien: este es el sentido funcional, resumiendo, del cuento central de la obra, a saber, se trata de una condensación alegórica de la isotopía “del nombrar” que recorre la obra; como ya he dicho.

  2. Es bueno.Le falta algo que le haga difícil de olvidar. Da la impresión de que a pesar de ser bello, se va a olvidar pronto.

  3. A mí me parece que ese relato del que hablas como un “apósito” en realidad trata de algo que está presente en todo el libro: hay que coser bien las cosas a la memoria para que no se las lleve el Señor de las Tormentas… No me parece por tanto fuera de lugar o de tono. Y por lo demás, me ha encantado el libro y me ha sorprendido que dentro de un gran grupo editorial como Mondadori se publiquen libros pequeños como éste.

  4. Yo les daría la oportunidad a otros autores españoles, que seguro que alguno te sorprenderá. No soy nada nacionalista, todo lo contrario, pero leer en el idioma que uno conoce bien es algo sin comparación. Este libro parece interesante y lo diseccionas muy bien. Lo recordaré. Un saludo.

  5. […] ‘Escribir’, por ISABEL COBO Filed under: Escrituras     Mi abuelo solía llevar un sombrero gris, y continuamente escribía en un cuaderno de espiral y tapas azules con el bolígrafo Parker que le había regalado mi madre.     Digo continuamente porque de alguna manera era como si estuviera escribiendo siempre: cuando leía, cuando conversaba, cuando daba un paseo con sus prismáticos colgados en bandolera; cuando nos miraba a los nietos mientras jugábamos o contemplaba embelesado el paisaje.     No resultaba difícil identificar el momento preciso en el que mi abuelo parecía sentirse embargado por una honda impresión. Aparentemente seguía hablando, o mirando, o paseando, pero un leve gesto engañosamente distraído dejaba traslucir en su expresión que deseaba captar algo en todos sus detalles, y retenerlo, aunque no echara mano inmediatamente del bolígrafo.     Escribir. Entonces todavía no comprendes qué es eso que es escribir. No sabes que escribir también es no hablar. Es callarse. Es gritar. O conmoverse. Sin hacer ruido.      ISABEL COBO (De la novela ‘Utilidades de las casas’, en Caballo de Troya, 2007)  Comments » […]

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