¡Vended vuestras islas, griegos arruinados! – Stephan Kauffman e Ingo Stützle

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¡Vended vuestras islas, griegos arruinados! - Stephan Kauffman e Ingo StützleAunque pueda resultar increíble “¡Vended vuestras islas, griegos arruinados!” fue un titular publicado por el periódico alemán Bild. Con informaciones de ese sesgo (la palabra sesgo viene como anillo al dedo) los poderes económicos alemanes creaban un estado de opinión que señalaba a Grecia como único culpable de sus males, de modo que el sufrimiento de sus ciudadanos no pudiera ser considerado más que una penitencia merecida.

Bajo el mismo título se publican ahora dos ensayos ―”Los griegos tramposos hacen caer nuestro euro”, del economista Stephan Kauffman, y “¿El mundo entero está en bancarrota? Deuda pública: qué es y cómo funciona”, escrito por Kauffman y el politólogo Ingo Stützle― que pretenden poner de manifiesto las verdaderas causas de la crisis griega, el sinsentido de las medidas tomadas para “rescatar” al país y la injusticia de hacer pagar a la ciudadanía por pecados económicos que no ha cometido.

Lo interesante de ambos ensayos, es que en ellos se revisan uno a uno los engaños que se han ido repitiendo a lo largo de esta crisis, explicando el motivo de su falsedad: los griegos tienen muchas vacaciones, Grecia no es competitiva, los nietos tendrán que pagar nuestras deudas o (este nos es familiar) los griegos han estado viviendo por encima de sus posibilidades… Pero también se explica cómo esa mano invisible que gobierna los mercados con, supuestamente, increíble sapiencia, se deja llevar por las impresiones del momento y tiene dificultades para pensar a largo plazo.

[…] si un país está en deuda, la deuda dependerá de la valoración de los mercados financieros, es decir, de la «confianza» de los prestamistas en la capacidad de un país para devolver la deuda. Esta opinión se refiere al futuro y es una expectativa subjetiva y nunca, por lo tanto, igual a la situación objetiva de un país. Una crisis de confianza nunca es algo inevitable, como las decisiones de los mercados financieros. Que los inversionistas especularan en algún momento contra Grecia no es, pues, algo inevitable.

Especialmente interesante es el segundo ensayo, “¿El mundo entero está en bancarrota?”, donde se explica qué es y cómo funciona la deuda pública. En sus páginas se explica por qué la deuda es fundamental para el desarrollo de los países, pero también cómo puede pasar a convertirse en un problema y para quién. «El objetivo final de una deuda siempre es la redistribución: unos pagan, otros ganan.» Los textos de ¡Vended vuestras islas, griegos arruinados! ayudan a comprender (por si la realidad no fuera suficiente) quiénes son los que pagan y quiénes los que ganan.

Más que las verdades sobre la economía que este libro desvela (y que a estas alturas ya no son novedad), lo importante de estos ensayos es que ponen de manifiesto cómo desde los medios de comunicación se ha hecho un enorme esfuerzo en culpabilizar a quienes en realidad son víctimas, para crear un estado de opinión favorable a los intereses de una minoría.

Estos ensayos, muy breves, se centran en lo esencial. Resumen en una frase la posición del establishment o la idea que pretende hacer valer para a continuación desmontarla. Presentan hechos, les dan un contexto y extraen las consecuencias en un lenguaje asequible, desmontando así los tópicos interesados que sostienen un sistema injusto. Y de esta forma contribuyen a desintoxicar las mentes de los ciudadanos. Por su sencillez y concreción, y a pesar de las diferencias que existen entre el caso griego y el español, ¡Vended vuestras islas, griegos arruinados! puede ser una buena lectura para quienes estén interesados en conocer qué se esconde de verdad tras las noticias económicas de los algunos periódicos.

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