Hay que leer a Elfriede Jelinek. Para mí, uno de los Premios Nobel entregado con mayor justicia. Lo cierto es que yo la leí al saber que le habían dado el Nobel por “La pianista”, película de Haneke que me había entusiasmado. Pero no me defraudó. Es más, me enganchó. Y soy su incondicional para siempre.
Hay que leerla. Siempre digo lo mismo de los escritores que me gustan, pero es que no veo otra manera de que se entienda la prosa de un escritor sino es leyéndolo uno mismo. No vale lo que te digan lo demás: hay que experimentarlo en la propia carne.
Así ocurre con Jelinek, sobre todo con Jelinek. Esa prosa dura, un poco sardónica, burlándose ella misma de las historias que cuenta, de sus personajes… Mirando a su alrededor con otros ojos. Siempre cortante. Es tal vez un poco tremendista. A mí me apasiona.
En “Los excluidos” nos cuenta la vida de una pareja de hermanos existencialistas en la Viena de posguerra, y de su pequeño círculo de amigos. La hermana, una joven superdotada y anoréxica, amante de la música (Jelinek y la música, inseparables). El hermano, que acaricia la idea de cometer un atentado (que pondrá en práctica) para llamar la atención, aunque ni él mismo sabe sobre qué. Y sus amigos: un joven obrero, cuyo padre fue asesinado por pertenecer al movimiento obrero, y una joven de familia acomodada de la que están enamorados los dos chicos de la historia.
Jelinek sabe reflejar de manera certera la motivación última de cada personaje. Así comprendemos que los hermanos son existencialistas porque son pobres: la hermana, poco atractiva, quisiera que alguien se enamorara de ella. El hermano quiere, gracias a un presunto noviazgo con la chica guapa de buena familia, ascender en la escala social. El obrero también quiere esto último: está cansado de la conciencia de clase que le predica su madre. La joven rica quiere codearse con un mundo que no es el suyo, sin renunciar a todo lo que por su clase le corresponde.
Lo impactante de esta novela es el final, que no desvelaré. Pero en definitiva ninguno de ellos consigue lo que quiere. Es un final pesimista, lleno de desencanto, muy propio de la autora. Por eso me gusta. Por ese sabor amargo y ácido, que tienen sus obras. Por ese sabor que te dejan durante un tiempo en el cielo de la boca, y que te hace pararte a pensar.
Una vez más, hay que leer a Elfriede Jelinek. No es una autora sencilla, pero merece la pena el esfuerzo.
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Gena: Curiosamente, tres austríacos que echan pestes de su país; cuna de Hitler y de sonoros casos de pederastia. Me quedo con esos tres, más alguno como Stefan Zweig, Arthut Schnitzler o Karl Kraus.
No me resulta fácil leer a escritores galardonados con el Premio Nobel… Bueno, en realidad, ni con el Premio Nobel ni con cualquier otro premio literario puesto que me parecen, en su mayoría, una burda estafa urdida al amparo de intereses comerciales, cuando no de turbias influencias políticas. Pero muy de vez en cuando, y siempre con el peligro de sufrir un desengaño, uno acaba decidiéndose por asumir algún riesgo, a fin de cuentas siempre se ha dicho que “donde hay riesgo, hay provecho”. Así, con cierta reticencia, me he aproximado a la novela “Los excluidos”, de la escritora austríaca Elfriede Jelinek. El resultado: una conmoción y sorpresa total.
Jelinek, por su peculiar estilo, intuyo que no debe dejar indiferente a ningún lector, o se la odia o se la ama: yo reconozco que he pasado a militar en el segundo de los grupos, el de los admiradores rendidos. Qué es lo que tiene su estilo para despertar reacciones tan contradictorias: un extremismo radical, que golpea sin piedad la conciencia de los lectores, (se entiende que pueda resultar indigesta para determinadas sensibilidades). Su prosa es cruda, en muchas ocasiones provocativa y soez, siempre vitriólica y pesimista; es también difícil, desestructurada, hasta caótica, con diálogos (si es que se pueden llamar así) pregonados por la voz de un narrador totalmente aséptico, que describe las acciones de los personajes con un distanciamiento y una frialdad aterradores. Algo muy distinto a todo, y muy alejado de estilos remilgados y puristas, algo que no concuerda mucho, en mi opinión, con las formas conservadoras de una institución como la Academia Sueca. Cuesta, por ello, entender que se le concediera el premio Nobel de Literatura de hace unos años, pero hasta los tiradores más torpes (Cela, Oe, Paz, Solzhenitsin, ¡Churchill!, Vargas Llosa,….) atinan, de vez en cuando, en la diana.
Jelinek utiliza la historia de Rainer, Anna, Hans y Sophie, en la Viena de postguerra, para diseccionar la sociedad de la época y mostrarnos sus entresijos más desagradables. Ante nuestros ojos aparece un espectro de grupos sociales agotados que, inmersos en una imparable decadencia, empiezan a perder sus señas de identidad: Los mellizos Rainer y Anna, poeta y música, se insertan en la pequeña burguesía; su padre ex SS, tullido de guerra, se jacta y enorgullece de las matanzas que llevó a cabo en las llanuras polacas, sin tan siquiera un sólo remordimiento. Sophie forma parte de un escalafón superior, la burguesía, siempre preocupada en fiestas y eventos mundanos; ya se sabe, la moda y el tenis requieren de un entusiasmo y dedicación agotadores. Hans pertenece a la clase obrera, pero sus intereses se centran más en el deporte y la música de Elvis que en la lucha política preconizada por su madre; el triunfo no se obtiene enganchando pasquines por las esquinas.
Este grupo de inadaptados desdeña todo lo que una sociedad, ajena y distante a ellos, les puede ofrecer: “En primer lugar, Anna desprecia a las personas que tienen casa propia, coche y familia, y, en segundo lugar, a todos los demás”. Y, la autora, en boca del narrador, no escatima críticas al entramado social en uso: “El pequeñoburgués siempre tiene algo que esconder; para eso están los rincones” o, “Uno de los innumerables defectos de la clase media consiste en dejarse desmoralizar inmediatamente por el fracaso de sus tentativas”. Como podemos ver un decorado muy conveniente para el tremendo final de la novela.
“Los excluidos” y Elfriede Jelinek deben leerse sin lugar a duda. Es una novela transgresora que no deja indiferente, te asegura un buen pellizco en el estómago.
Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros
Amigo Miguel,
me alegro de que se haya animado a conocer a Jelinek y, sobre todo, de que le haya gustado. Como bien dice, o se la ama, o se la odia. Pero cuando se la ama, ya es imposible renunciar a ella.
Supongo que probará con otros títulos suyos, ninguno defrauda. Aunque precisamente mi favorito es éste por el que usted ha comenzado.
Un saludo y, como siempre, gracias por compartir lecturas y comentarios.
La primera novela que leí de Jelinek fue “DESEO”. De primer vistazo me fascinó y atrapó. Hoy es mi autora favorita, mi predilecta. Yo concuerdo en que es de los Premios Nobel más justos que la academia Sueca pudo haber elegido. Knut Ahnlund, el miembro de la Academia que renunció en protesta de brindarle el Nobel a Jelinek, me parece, la muestra apática y cerrada de la sociedad que Jelinek tanto ha retratado. Bien por él y allá ese, Jelinek es definitvamente de las voces más contundentes que podemos leer hoy en día.
Su novela “LOS EXCLUIDOS” es… simplemente perfecta, esa junto con “LAS TRIBULACIONES DEL ESTUDIANTE TÖRLESS” de Robert Musil y “DEMIÁN” de Herman Hesse (autor y novela que no me agradan mucho, pero reconozco su poderío) son los libros que definen todo proceso adolescente, esos tres libros son todos nosotros en cierta etapa de nuestra vida.
Muchas gracias. Deberían traducir todas las obras de esta magnífica autora de autoras!
No te preocupes que no estás sola, hay más gente que sabe apreciar la buena lietratura de Jelinek. Te aconsejo que leas también a Thomas Bernhard, aunque imagino que ya lo conoces, Elfriede Jelinek ha reconocido muchas veces su influencia, te aseguro que merece la pena. No me decanto por ninguno de los dos, o de los tres, Peter Handke por citar otro ausríaco de impresionante factura.
Que los disfrutemos!