Los hijos de Anansi - Neil GaimanQue Neil Gaiman es un autor fascinante lo puede saber cualquiera que haya caído en las redes de alguno de sus libros o cómics. El inglés tiene un don especial para sumergir al lector en cualquier fantasía que salga de su imaginación, sea un mundo mitológico plagado de dioses (“American Gods “, por ejemplo) o un universo paralelo y cercano que pisamos con nuestros pies (en “Neverwhere”). Y ese talento narrativo se plasma en tramas intensas, emocionantes, con personajes fascinantes que oscilan entre el surrealismo más intenso y una viveza fuera de lo común.

“Los hijos de Anansi” retoma planteamientos ya insinuados en “American Gods”, a saber: deidades mitológicas y/o tradicionales (de origen africano, en este caso) que se mezclan con los humanos y, de algún modo —normalmente bastante accidentado y estrambótico—, cambian sus vidas y destinos. En este libro el humano es Charles Nancy, conocido como Gordo Charlie, joven economista afincado en Inglaterra cuya vida normal se ve alterada por el fallecimiento de su padre, lo cual le pone sobre la pista de un desconocido hermano que aparecerá de manera inesperada y que desencadenará una serie de acontecimientos que despojarán a Nancy de su trabajo, de su novia y casi de su propia alma.

El argumento es muy típico de Gaiman; tan típico, de hecho, que la novela se convierte en un remedo de la peripecia de “American Gods”, sin aportar demasiado a la historia contada allí. “Los hijos de Anansi” es un libro estupendo, que conecta con el lector como pocos y que, además de la fuerza narrativa característica del autor, posee una atmósfera irreverente, con veladas críticas al sistema judicial o a los mecanismos de la economía internacional. Sin embargo, por mucho que a uno le pueda gustar Gaiman y sus métodos literarios, hay que admitir que la fórmula mágica (nunca mejor dicho) de sus novelas se extingue a fuerza del uso.

No es suficiente con poseer un talento innato para la construcción de tramas sugerentes; hay que tener el valor y la sabiduría de llevarlo un poco más allá y tratar de construir una obra que evolucione y aporte nuevas cosas al terreno en el que se gesta y crece. Gaiman, como muchos otros escritores, lleva sobre sí el estigma de ser un autor de género: de un género ‘menor’, claro, según los cánones establecidos; y, si bien es cierto que algunos trascienden esa etiqueta y logran una consideración merecida (Lem , Crowley, Ballard ), es difícil salir del pozo crítico en el que se recluye a este tipo de literatura.

Esto resulta mucho más duro si alguien como Neil Gaiman, que tiene virtudes incuestionables como narrador, decide anquilosarse en un estilo eficiente, pero agotado; en el uso de tramas sugestivas, pero explotadas; en una escritura magnética, pero recurrente. Sus protagonistas, adorables y repletos de empatía, han degenerado en caricaturas de sí mismos; en lugar de evolucionar y crecer con las aventuras en las que se ven sumidos, el escritor les convierte en simples caracteres planos y maniqueos, cuyo crecimiento narrativo (de personajes apáticos y débiles a seres fuertes y decididos) es previsible desde las primeras líneas. El Gordo Charlie de esta novela tiene una trayectoria de aprendizaje que, de tan patente y descuidada, resulta irrisoria.

Uno ha echado mucho en falta el vigor de los personajes de los primeros trabajos de Gaiman (en su obra maestra “The Sandman”, o en “Neverwhere”), cuando los caracteres tenían un componente humano conmovedor, y los comportamientos no eran anodinos, sino comprensibles en su debilidad. Parece como si el autor hubiera desdeñado trabajar la personalidad de sus protagonistas en pro de unas tramas con más acción y aventura, sin caer en la cuenta de que lo que diferenciaba su obra de otros representantes del género era, justamente, la realidad humana de unos personajes enfrentados con algo tan absurdo como divino.
Es un poco decepcionante advertir que “Los hijos de Anansi” queda como una lectura entretenida (muy entretenida, eso sí), pero carece de la hondura de otras novelas de Gaiman. Lo cual, dado su historial y su talento, es una verdadera lástima.

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