En los otros comentarios acerca de los libros de Muriel Spark ya hemos señalado su acerado sentido del humor y su sentido del ritmo al construir sus textos. En Las señoritas de escasos medios podemos apreciar de nuevo esas características, reunidas en una novela tan alegre como melancólica, por paradójico que parezca.
El libro sitúa la acción en una residencia para chicas con pocos recursos ubicada en el Londres de 1945: el club May of Teck. En ese edificio se congregan distintas mujeres de muy variada condición que, de un modo u otro, luchan para abrirse camino en la vida en un momento histórico lleno de esperanzas. La trama gira, sobre todo, en torno a una de ellas: Jane Wright, futura reportera que trabaja en una pequeñísima editorial; su mirada (a veces penetrante, a veces inútil) guiará al lector por las vidas de algunas de las señoritas que habitan el May of Teck y de algunos otros personajes, como Nicholas Farringdon, un aspirante a escritor que se constituirá, sin saberlo, en el eje de la residencia y, por ende, de la novela.
El excepcional dominio de Spark para jugar con el tempo narrativo es un elemento fundamental en Las señoritas de escasos medios. Desde el comienzo de la novela sabemos que Farringdon ha muerto en Haití en extrañas circunstancias, muchos años después de los hechos que se cuentan, y también que tuvo lugar un suceso terrible que cambió las vidas de algunos protagonistas para siempre. La autora hace un uso encomiable de los saltos en el tiempo, de la anticipación, para sembrar la duda en el lector y manejar la intriga a su antojo. No es que la novela base su solidez en los misterios, pero no cabe duda de que el ritmo entrecortado y los saltos temporales crean una atmósfera propicia para que el libro se lea con fruición.
Por otro lado, el sentido de la ironía de Muriel Spark hace que el texto rebose humor y sarcasmo, aun cuando las circunstancias (tanto las particulares de la historia, como las generales que sirven de marco histórico a la misma) en que tiene lugar sean poco menos que luctuosas. El racionamiento de alimentos o la escasez de determinados recursos pasan por el tamiz de la novela transformándose en situaciones que arrancan la sonrisa. La escena en la que Selina, una de las residentes, amor casi platónico de Nicholas, se juega la vida por rescatar un vestido de noche, rebosa humanidad, ternura, ironía y humor a partes iguales. La grandeza de la escritora es mostrar a un grupo de seres humanos rotos y perdidos, aunque se esfuercen por aparentar grandiosidad y desparpajo. La mirada de Jane (que guía la narración) es un buen ejemplo de ello: aguda para valorar aquello que le interesa, pero ciega para todo aquello que le afecta sentimentalmente.
Como en otras obras de Muriel Spark, la historia entera es casi un preámbulo de otra cosa: unas consecuencias que no se explicitan en el texto (la muerte de Nicholas, por ejemplo), pero cuyas causas sí se rastrean en él. Quizá por ello el humor ácido tenga tanta importancia en la vida de esas señoritas y de sus comparsas, ya que el ineluctable avance de los hechos conlleva una tristeza sin par; el sarcasmo y la alegría, parece decirnos la autora, son buenas armas para combatir la miseria cotidiana, los pequeños y grandes reveses de la existencia; la ficción se opone a una realidad prometedora, pero feroz.
Las señoritas de escasos medios es una novela breve, pero intensa; una muestra del ejemplar hacer de Muriel Spark, una escritora inteligente, profunda y muy divertida. Los personajes de la novela cobran una viveza inusitada en sus manos, haciendo que la lectura sea una experiencia compartida dulce y maravillosa. Si no han tenido la oportunidad de acercarse a su universo, este libro es una magnífica ocasión para ello.
Más de Muriel Spark:







