La carretera – Cormac McCarthy

7 de Noviembre de 2007 por Sra. Castro  

La carretera - Cormac McCarthyParece muy necesario dejar reposar unos días la impresión que un libro nos ha causado antes de poder emitir un juicio apropiado sobre el mismo. Y digo esto porque la opinión que he formado de “La carretera”, novela por la que Cormac McCarthy ha recibido el Premio Pulitzer, ha variado un tanto desde el momento en que, hace aproximadamente una semana, volví su última página, como a continuación explicaré.
El argumento apocalíptico de “La carretera” me atrajo en cuanto lo leí en diversas reseñas sobre la novela, reseñas que además resultaron ser tremendamente halagadoras con la obra. Ciertamente es un libro que sabe enganchar al lector y que se lee prácticamente de un tirón, ansioso el que lee de conocer las vicisitudes que acontecen a un padre que lucha por atravesar un terreno desolado, acechado por mil peligros, en un intento de poner a su hijo de corta edad a resguardo.
El libro tiene varios aciertos. El primero, comenzar in media res presentando a los protagonistas de la historia, un hombre y un muchacho a los que McCarthy jamás designa por un nombre propio (en un intento tal vez de significar con ello que son simplemente dos representantes de la raza humana en medio de una tierra devastada), caminando hacia el sur en busca de un clima más benigno por una carretera que atraviesa parajes calcinados, pueblos abandonados, ríos sucios en los que no queda vestigio de vida. El yermo asolado que padre e hijo atraviesan es el tercer protagonista de la historia, aunque igualmente tampoco sabemos cuál es su origen. Pequeñas pistas se ofrecen sin embargo a lo largo del texto, apuntando hacia una catástrofe nuclear que terminó con la vida en la Tierra tal como la conocemos ahora, catástrofe de la que apenas existen supervivientes. Y este planteamiento de la historia, lleno de incógnitas, contribuye a que el lector se aplique a la lectura deseoso de conocer los detalles que McCarthy sabiamente raciona, manteniendo la incertidumbre y obligando al lector a suplir con su imaginación aquella parte de la historia que el autor no cuenta.
Otro rasgo afortunado de la novela es el lenguaje sobrio, incluso sombrío, del que McCarthy se sirve para contar la historia. Como el reflejo de un mundo sin futuro, el lenguaje se vuelve incisivo, parco, alejándose de cualquier intento de embellecerse, pero preservando a pesar de ello cierto grado de tétrico lirismo, del que el autor se sirve sobre todo a la hora de describir los paisajes desolados, cubiertos de ceniza, que los protagonistas atraviesan en su éxodo.
Pero por supuesto el mayor acierto es la historia en sí. La narración de la lucha por la supervivencia de un padre y su hijo que se encaminan hacia el sur huyendo del frío que como una maldición se extiende por toda la tierra, siguiendo una carretera abandonada que atraviesa paisajes calcinados. Una carretera que en el fondo no es más que un vestigio de lo que la vida fue antes de la hecatombe y que se convierte en un símbolo muy apropiado para representar nuestra civilización, pero que ahora se encuentra cubierta de una ceniza espesa que tapa el sol. Una carretera recorrida por hordas de hombres hambrientos que no dudan en matar (y comerse) a cualquier infeliz que se cruce en su camino, evidenciando que el hombre siempre está dispuesto a ser un lobo para el hombre, especialmente cuando las circunstancias son adversas.
Así pues Cormac McCarthy recrea una historia de supervivencia marcada por el agotamiento, el frío, el hambre y el miedo del padre, al que todavía asaltan recuerdos del mundo colorido que conoció en su niñez, antes de que fuese sepultado por toneladas de ceniza tóxica. Pero también quiere dejar el autor una puerta abierta a la esperanza, representada en la actitud cándida del niño cuya bondad sorprende pese a haber nacido y sido criado en un entorno hostil rodeado de muerte y destrucción, donde la vida es un esfuerzo continuo y conservarla un milagro.
Y finalmente eso es lo que pierde a McCarthy y lo que, una vez reposada la lectura de “La carretera”, hace que el lector se vaya desencantando. Esa puerta abierta a la esperanza que se condensa en un happy end que no contaré, cuando a lo largo de toda la novela se espera un final trágico (donde tal vez jugaría un papel importante esa última bala de la pistola con la que el hombre se defiende de los salteadores), un final a la altura de una narración que se ha complacido en representarnos el mundo, más que como un entorno destruido donde la vida se hace casi imposible, como un medio hostil donde la extinción del hombre ha de llegar de una manera u otra.
Porque sin ese final, que pudiera resumirse es un “No hay esperanza”, la novela flaquea, cojea y acaba por derrumbarse. No mientras el lector la devora, ansioso por conocer que deparará el siguiente tramo de la carretera a los protagonistas, pues ahí “La carretera” no desencantará a nadie, sino después cuando, ya terminada, el lector rumia la historia y analiza el poso que ha dejado y comprueba que, de alguna manera, la novela deviene en una simple historia de aventuras en un mundo devastado donde todo gira en torno a si los protagonistas lograrán sustento, ropa de abrigo o un lugar donde cobijarse al llegar la noche.
Le falta algo a la historia que la convierta en un ejemplo rotundo de la tontería y la maldad que gobiernan los actos humanos y que convierten al hombre en un ser capaz de destruir todo cuanto le rodea. O simplemente no le falta, si no que le sobra. Le sobra ese final la vie en rose.

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Comentarios

114 comentarios a “La carretera – Cormac McCarthy”
  1. victoria dice:

    Hola, estoy investigando sobre el tema, pues la pelicula me ha gustado mucho, pero aún no he podido leer el libro y me han quedado muchos cabos sin atar, como el detalle de por qué le faltan los pulgares a cierta gente, o quienes son los ultimos personajes que aparecen en la peli para rescatar al niño, son simplemente personas a las que le queda un poco de humanidad o alguien especial?
    Me quedé con mucchas dudas, pero estoy buscándome el libro para ver si ahí lo revelan, de todos modos si alguien lo sabe… muchas gracias

  2. Adrián dice:

    Victoria: primero de todo, no es conveniente que te bases mucho en la peli, pues en muchas cosas difiere del libro original. Sin duda, es un libro que deja mucho al descubierto y sin desvelar, como la naturaleza del cataclismo. En cuanto a los pulgares, creo que a mí se me escapa el detalle, pero yo diría que el hambre los ha echo desaparecer, no se si me captas. En cuanto a la gente que aparece al final -tanto del libro como de la peli- son, por así decirlo, los hombres-buenos que tanto el padre como el hijo iban buscando, esa esperanza de que el mundo, aunque lleno de caníbales, todavía conserva a gente buena.
    Siento no poder ser de más ayuda, pero ya te digo que el libro está echo para que cada uno saque su historia de lo que hay escrito. Estoy seguro que mi opinión no será la misma que otro, pues lo interesante del libro es la parte que no se cuenta y que el autor deja que se desarrolle a gusto del lector.

  3. roger dice:

    suscribo totalmente la crítica, yo no lo sabría decir mejor. gracias

  4. ana karenina dice:

    Hace unos diez dìas que terminè el libro y me picò la curiosidad por saber la opiniòn de otras personas…
    Yo soy una de esas lectoras que quedò fascinada por la obra. Simple, sobria, oscura y dejando muchas cosas a la imaginaciòn de cada lector, cosa que yo aprecio particularmente. Seguirìa diciendo màs de lo que ya està escrito pero si difiero en que es un final feliz. A mi me dejò un absoluto sabor amargo, despuès de todo lo que me enseñò en el viaje por la carretera convierte a los “ùltimos buenos” en lo que pudo ser y no fue.

  5. Lobo Bueno dice:

    El ladrón a la que le faltan los pulgares (en el libro los dedos de una mano, que es representada como una espátula) es presentado como un desterrado de alguna comuna al que se supone han mutilado por castigo. Lo que no significa que no aprovecharan los despojos de la lección. El libro en sí, se lee con intensidad, y coincido en que el final te deja con una cierta sonrisa, que al paso de los días se diluye, en demanda de otro final menos complaciente. Aún así, de lo mejor que leí en su momento; a mi personalmente, en algunos trazos, la narración me remitía a un regusto poético, tipo haiku, que atrae mucho. Muy recomendable.

  6. ellen dice:

    El final de la novela es perfecto. No podía ni debía terminar de otro modo. Para aquellos que no han entendido o no les ha gustado el final deberían releerse la novela desde el principio sin perderse una sola palabra y buscando en el diccionario aquellas que no entiendan.

    Una novela no sirve para buscar soluciones a las dudas o enigmas que surgen viendo la película en la que se basa en dicha novela. Una película siempre será una película y una novela siempre será una novela por mucho que hablen de los mismo. Desde el momento en que una novela se convierte en película ésta última rompe el cordón umbilical que pudiera unirle a la primera convirtiéndose en un ser totalmente independiente y aútonomo. Éste,en ningún momento deberá juzgarse desde un punto de vista literario sino desde un punto de vista estrictamente cinematográfico. Es absurdo oir estúpidos comentarios como: “Me ha gustado más el libro que la película” o “La adaptación del libro al cine ha sido tan buena”, etc, etc,etc. Dos artes no son comparables y cada uno debe tratarse con su debido respeto. Es como comparar el Lacoonte escultura (del S.II a.C) y el Lacoonte de El Greco. ¿Qué diríamos al respecto? “No es que el Greco se ha pasado un pelín de moderno en su pintura con tanto colorcito y poniendo de fondo la ciudad de Toledo…”. ¡Anda ya!

    Y un consejo, si alguien piensa leerse un libro y ver una película basada en dicho libro, el siguiente orden de ejecución debe ser inalterable: Primero leer el libro y, segundo, ver la película. Pues es cierto que, una vez vista la película, es totalmente imposible desvincularse de los personajes que hemos visto en la gran pantalla y siempre le daremos la voz, el rostro, los ademanes de estos protagonistas cinematográficos a los personajes literarios. No hagamos que nuestra imaginación trabaje menos de lo que corresponde e intenemos esforzarnos intelectualmente de vez en cuando.

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Lo que otros dicen de esta entrada:
  1. La carretera – Cormac McCarthy…

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  4. [...] ¿O sí? En este sentido, es interesante la opinión que sobre el final de la novela publica la Sra. Castro en [...]

  5. [...] Otro rasgo afortunado de la novela es el lenguaje sobrio, incluso sombrío, del que McCarthy se sirve para contar la historia. Como el reflejo de un mundo sin futuro, el lenguaje se vuelve incisivo, parco, alejándose de cualquier intento de embellecerse, pero preservando a pesar de ello cierto grado de tétrico lirismo, del que el autor se sirve sobre todo a la hora de describir los paisajes desolados, cubiertos de ceniza, que los protagonistas atraviesan en su éxodo. Pero por supuesto el mayor acierto es la historia en sí. La narración de la lucha por la supervivencia de un padre y su hijo que se encaminan hacia el sur huyendo del frío que como una maldición se extiende por toda la tierra, siguiendo una carretera abandonada que atraviesa paisajes calcinados. Una carretera que en el fondo no es más que un vestigio de lo que la vida fue antes de la hecatombe y que se convierte en un símbolo muy apropiado para representar nuestra civilización, pero que ahora se encuentra cubierta de una ceniza espesa que tapa el sol. Una carretera recorrida por hordas de hombres hambrientos que no dudan en matar (y comerse) a cualquier infeliz que se cruce en su camino, evidenciando que el hombre siempre está dispuesto a ser un lobo para el hombre, especialmente cuando las circunstancias son adversas. Así pues Cormac McCarthy recrea una historia de supervivencia marcada por el agotamiento, el frío, el hambre y el miedo del padre, al que todavía asaltan recuerdos del mundo colorido que conoció en su niñez, antes de que fuese sepultado por toneladas de ceniza tóxica. Pero también quiere dejar el autor una puerta abierta a la esperanza, representada en la actitud cándida del niño cuya bondad sorprende pese a haber nacido y sido criado en un entorno hostil rodeado de muerte y destrucción, donde la vida es un esfuerzo continuo y conservarla un milagro. presentando a los protagonistas de la historia, un hombre y un muchacho a los que McCarthy jamás designa por un nombre propio (en un intento tal vez de significar con ello que son simplemente dos representantes de la raza humana en medio de una tierra devastada), caminando hacia el sur en busca de un clima más benigno por una carretera que atraviesa parajes calcinados, pueblos abandonados, ríos sucios en los que no queda vestigio de vida. El yermo asolado que padre e hijo atraviesan es el tercer protagonista de la historia, aunque igualmente tampoco sabemos cuál es su origen. Pequeñas pistas se ofrecen sin embargo a lo largo del texto, apuntando hacia una catástrofe nuclear que terminó con la vida en la Tierra tal como la conocemos ahora, catástrofe de la que apenas existen supervivientes. Y este planteamiento de la historia, lleno de incógnitas, contribuye a que el lector se aplique a la lectura deseoso de conocer los detalles que McCarthy sabiamente raciona, manteniendo la incertidumbre y obligando al lector a suplir con su imaginación aquella parte de la historia que el autor no cuenta”. http://www.solodelibros.es/07/11/2007/la-carretera-cormac-mccarthy/ [...]

  6. [...] eso tiene que estar mal, no puede ser cierto), lo mejor que puedo hacer es seguir leyendo “La Carretera” de Cormac McCarthy tras ver la película de Persépolis, que por fin la he conseguido. Y [...]

  7. [...] las cámaras. El actor fue a promocionar The Road la adaptación de la novela de Cormac McCarthy, La Carretera, que ha dirigido John Hillcoat, y que está generando esperanzas enormes. El aclamado  [...]

  8. [...] este enlace, hay una crítica bastante extensa y acertada del libro por si queréis echar un vistazo más [...]



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