Los misterios de París - Eugene SueHe aquí el auténtico y genuino folletín decimonónico, con todos sus ingredientes.

Escrito por Eugene Sue y publicado por entregas por el periódico Le Courrier Française, en torno a 1845, pretendía describir con toda veracidad los bajos fondos del París de la época. Llevar de la mano al lector al mundo sórdido de la pobreza, de la miseria física y moral, donde a veces pervive la honradez pero casi siempre triunfa la maldad, el crimen y el deshonor.

Por desgracia el libro tiene poco de viaje a los bajos fondos (al estilo de Baroja o incluso Galdós, que era lo que yo esperaba) y bastante más de melodrama folletinesco, donde los malos son malísimos y los buenos dechados de virtud que tiene que hacer frente sin sucumbir a las malas mañas y a las tretas de los pérfidos que buscan su ruina. Y luego está lo intermedio: los malos que, oh milagro, hacen examen de conciencia, se arrepienten y se pasan al grupo de los buenérrimos. En fin, personajes planos y con pocos matices, propios del género y de la época.

Pero tampoco vamos a pedir más, puesto que bastante hizo el señor Sue con crear una trama increíblemente compleja, donde la nobleza se mezcla con los más desfavorecidos, unas veces para perjudicarlos, otras para favorecerlos, y otras más recabando los servicios de malandrines profesionales. Duques, condes y aun altezas reales se mezclan con prostitutas, ladrones y asesinos.

La historia da muchísimas vueltas, pero principalmente es la de un joven misterioso (Rodolfo) metido a protector de jóvenes descarriadas y pobres desahuciados. Más tarde nos enteramos de que este joven es el heredero de un principado alemán que en su juventud tuvo una hija, la cual le fue arrebatada. Ahora quiere encontrar a los culpables de esa desaparición y de paso hacer todo el bien posible a aquellas personas en situaciones apuradas que se encuentren en su camino; además de ir desenmascarando a los malos y hacerles pagar sus fechorías.

Así, la cosa se va enredando. La novela es larga: 570 páginas en la edición de 1969 que yo he podido encontrar en la biblioteca. Pero a pesar de su extensión se lee rápido. Sin embargo no puedo decir que sea ni demasiado entretenida ni que esté muy bien escrita, y como desde el principio se ve como se va a resolver el asunto, tampoco es que tenga al lector en vilo.

En resumen, se deja leer, y hasta es bueno hacerlo, ya que hay que tocar todos los palos. Pero no es gran cosa.