El tercer policía - Flann O'BrienAcabo de cerrar este libro y lo he hecho entusiasmada. Ya he dicho en otras ocasiones la inmensa suerte que es acercarse a un autor que desconocemos y descubrir que es de nuestro gusto. Pero, en este caso, va más allá, porque además de a un autor, Flann O’Brien, he descubierto una novela magistral, una de esas obras para leer y releer y encontrar siempre algo nuevo en ella. Algo que no ocurre, desgraciadamente, muy a menudo. Creo que la última vez fue hace por lo menos cuatro años con “Berlín Alexanderplatz” de Alfred Döblin.

“El tercer policía” es una novela sorprendente, un delirio, un alarde de imaginación desbocada que lleva al lector de sorpresa en sorpresa, extrañado, divertido y deseoso siempre de continuar adelante, de la mano de un protagonista innominado que comienza narrándonos la historia de un crimen, a la que mezcla su propia biografía y su relación con un amigo un poco caradura, John Divney, para acabar conduciéndonos a un extraño lugar semejante al mundo de Alicia o la tierra de Oz.

John Divney y nuestro protagonista asesinan al viejo Mathers para hacerse con la negra caja de caudales en la que éste transporta importantes cantidades de dinero al pueblo. Por seguridad no se hacen con el botín, que aguarda en la casa del viejo, hasta que pasa el tiempo suficiente para que nadie recuerde el asunto; pero cuando el protagonista va en busca de la caja, cosas sorprendentes y aun increíbles comienzan a ocurrirle. Empezando por una extraña conversación con el propio Mathers asesinado.

El anónimo protagonista se lanza en busca de la caja negra a través de un insólito paraje donde encuentra a un salteador cojo que le perdona la vida, y a dos policías que, en una comisaría bidimensional, se dedican a resolver robos de bicicletas que ellos mismos perpetran en un intento de evitar que los moradores del pueblo se conviertan en biciclos a causa de un contacto prolongado con sus máquinas.

Como única compañía nuestro asombrado personaje tiene a su alma, una voz en su interior a la que bautiza con el nombre de Joe y que le llama a la cordura, advirtiéndole que desconfíe de dos agentes de policía que creen haber encontrado el camino a la eternidad en un mapa que las grietas dibujan en el techo del dormitorio de uno de ellos. Por otra parte, nuestro hombre está amenazado de muerte, pues los policías deciden inculparle del asesinato del salteador cojo, que aparece muerto en la carretera.

La clave para salir de este embrollo y encontrar la caja de caudales negra, cuya búsqueda es la verdadera causa de todas las aventuras y desventuras del protagonista, parece estar en posesión del tercer policía al que nuestro hombre acabará encontrando en una estrecha comisaría construida en el interior de los muros -literalmente- de la casa del propio Mathers. El tercer policía le indicará que, como suele ocurrir, lo que buscaba con tanto afán está en su casa, pues él mismo se ha encargado de enviar allí la caja negra con su valioso, aunque extraño, contenido.

Toda la novela está pespunteada por notas al pie acerca de la vida y obra de un insólito científico, llamado de Selby, que defendía teorías tan peregrinas como que la tierra no es esférica, sino que tiene forma de salchicha, que la noche no es sino la acumulación de aire negro procedente de la actividad volcánica, o que el movimiento no existe. La labor de este científico ha sido profundamente estudiada por nuestro hombre ( al estilo de los personajes de Bernhard) que es convencido por su compinche Divney para dar el golpe y así financiar la publicación de un ensayo sobre tan chocante personaje.

El final de la novela es una nueva sorpresa para el protagonista que, entre el terror y el asombro, ha pasado ya por tantas otras. Pero lo es aun más para el lector, que se encuentra con una vuelta de tuerca (y perdón por la ya tan manida expresión), al toparse con un inesperado final que no es sino un nuevo comienzo.

Pero esta es una de esas obras que hay que experimentar por uno mismo. Dejarse enredar por su originalidad, su humor, sus delirantes historias en primera persona. Para disfrutar así de cada una de las insólitas historias que acontecen a lo largo de una narración que no tiene desperdicio. Una literatura que sabe a nuevo.

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