La dama de blanco - Wilkie CollinsEste acercamiento a Wikie Collins mediante una de sus obras más representativas es resultado de la recomendación de un lector asiduo de solodelibros. Un acercamiento que ha resultado nada decepcionante, proporcionando una de esas lecturas en las que se desea llegar a la resolución de la trama a la vez que se teme el momento en que se vuelva la última página y se concluya el libro.

La dama de blanco recoge una historia de intriga donde el lector no echa en falta ningún detalle: misterio, romance, héroes y villanos, persecuciones y giros inesperados. Porque desde luego Wilkie Collins se descubre como un verdadero genio de la vuelta de tuerca que coge por sorpresa y reconduce el argumento, llevando en volandas a quien lee.

En La dama de blanco, Walter Hartridge tiene una noche un encuentro fortuito con una misteriosa mujer; encuentro que marcará significativamente el desarrollo de las relaciones en su nuevo puesto como profesor de dibujo de una acaudalada familia y le hará verse envuelto en la resolución de una intriga de imprevisibles consecuencias.

Ciertamente, la novela peca de cierta ingenuidad en su desarrollo: la trama depende de algunas casualidades —como el encuentro del señor Hartridge con la enigmática mujer de blanco, que ocasionará su implicación en los acontecimientos— que dependen de la candidez del lector para aceptarlas. Pero la maestría con la que se dosifica el misterio, los giros argumentales y el acertado devenir de la acción centran con tal fuerza la atención del lector que este no repara en los pequeños defectos que el planteamiento pudiera tener.

Otro acierto del autor es la manera en que se articula la narración: cada parte de la historia está contada por el personaje que puede relatarla de primera mano. De ese modo, las distintas historias se unen como las piezas de un puzle para formar un todo congruente. A la vez, la narración sigue una estructura lineal, según el orden cronológico de los acontecimientos, que permite que el lector vaya conociendo el desarrollo de los hechos tal como ocurrieron, en un devenir moroso de la acción que acicatea su interés.

También los personajes de La dama de blanco están bien planteados, son consistentes de principio a fin en su abnegación, en su maldad o en su indolencia. Mención aparte merece el de la señorita Halcombe, un personaje femenino como existen pocos en la literatura de la época. La señorita Halcombe es inteligente y resuelta hasta tal punto que se cree en la necesidad constante de disculparse por su personalidad poco femenina y resaltar las virtudes tradicionalmente achacadas al sexo fuerte, en lo que resultan sutiles intentos de no incomodar a sus interlocutores masculinos. Personalidad que contrasta con la de la gentil pero apocada Laura Fairbanks, en torno a la cual gira la intriga.

En resumen, una obra de suspense que ha debido satisfacer a los amantes del género durante ciento cincuenta años y que todavía puede hacer las delicias de cualquier lector. No se la pierdan.

| DeBols!llo | 2002