El mapa del tiempo - Félix J. PalmaHace poco comentábamos en esta página el libro “Una venus mutilada“, en el que Germán Gullón hablaba de unas características para definir las novelas de entretenimiento; estas características eran las siguientes: 1) que produzcan una experiencia emocional y generen placer en la audiencia; 2) que consigan atraer la atención sin distracciones, concentrada, del lector; y 3) que la obra no obligue a nada. Podemos atrevernos a considerar la primera y la segunda como extensibles a casi cualquier obra de creación literaria (se aceptan matices), pero es indudable que el rasgo distintivo es el tercero. La novela de entretenimiento es la que no obliga al lector a nada: no le induce a pensar, no le plantea dificultades —ya sean técnicas (de estilo narrativo) o morales—, no le empuja hacia la reflexión.

Todo esto viene a cuento porque el último libro de Félix J. Palma, “El mapa del tiempo”, se engloba sin ningún tipo de duda dentro del género de la novela de entretenimiento. Este hecho, y vuelvo a Gullón, no hace de la obra algo deleznable per se, sino que la sitúa en otro ámbito de estudio; lo que podría ser válido para otro tipo de obra, no lo es para ésta, ya que no se la puede juzgar siguiendo unos parámetros estándar. “El mapa del tiempo”, qué duda cabe, es un excelente libro de entretenimiento: es emocionante, vertiginoso, con una trama donde las vueltas de tuerca, los descubrimientos y las aventuras se suceden a un ritmo galopante y que deja al lector sin aliento. No son frases hechas, créanme: les aseguro que se disfruta muchísimo durante la lectura.

Bien es cierto que, a nivel estilístico, el buen hacer como prosista de Palma deja una impronta significativa en el texto: es obvio que Palma no es Zafón (por fortuna), y eso se nota y se agradece. Los episodios están tramados con inteligencia, la historia se desarrolla en un crescendo perfecto y los personajes se perfilan con humanidad. Un hallazgo notable es el narrador, una voz omnisciente juguetona y lenguaraz, que aparece en ocasiones (demasiado pocas, por desgracia) para acotar momentos e introducir su peculiar visión de lo que está ocurriendo.

Luego, silencio. La luz del atardecer afilando sus sombras. La cortinita de la ventana retemblando apenas. La brisa arrancando un bisbiseo fantasmal al sacudir las ramas del árbol que se erguía como una pica torcida en el jardín. Un macilento corrillo de espectros sacudiendo la cabeza, avergonzados del torpe dramatismo de la escena, en el caso de que esto fuera una novela de Henry James, quien por cierto también se dejará ver por esta historia.

Todas estas cualidades hacen de la novela un producto exquisito. Y ojo, porque el término «producto» está elegido con mucha intención.

Creo que parece evidente que Félix J. Palma ha escrito esta novela para divertir y divertirse; y también parece evidente que ha logrado lo segundo y está consiguiendo lo primero. “El mapa del tiempo” es, sin duda, una novela de entretenimiento excelente, con detalles muy trabajados, como son el magnífico desarrollo de la trama o la creación de un personaje como el de H.G. Wells. (Lo cual me hace pensar en la protagonista, Claire Haggerty, a quien el autor dibuja como una joven insatisfecha con las condiciones sociales que le ha tocado vivir, inteligente y luchadora, pero que cae rendida a los pies de un militar del futuro al que conoce en un viaje en el tiempo. Toda una personalidad coherente…) Sin embargo, tratar de equiparar esta novela con su producción anterior (o, al menos, con alguna obra concreta) está fuera de lugar, como ya he leído en más de una crítica. Está claro que el libro es un producto ideado para cumplir una doble función: en lo literario, entretener; en lo comercial, vender.

Palma puede dar muchísimo de sí, como ya demostró con su primera obra, “El vigilante de la salamandra”, una auténtica obra de arte que se puede considerar como uno de los mejores libros de relatos en castellano. Con esta novela parece haber querido rendir un homenaje a esas obras clásicas de aventuras de toda la vida, algo que ha logrado con creces y sin sacrificar ni un ápice de maestría narrativa, haciendo de ella un ejemplo idóneo de cómo debe ser una obra de este jaez. Ahora bien, no busquen algo más en “El mapa del tiempo”, porque no lo hay: no hay personajes con personalidades complejas y ricas, ni historias que muevan a la reflexión; no hay lectura entre líneas, ni mensajes, enseñanzas o teorías que puedan extraerse; no hay tramas que espejen el mundo o la sociedad, ni frases que encierren una sutil sabiduría vital. Esta es una obra para leerla del tirón, disfrutar como niños y olvidarse de ella pasada la última página. Ni más ni menos. Si van a adentrarse en ella (como hizo uno) pensando que pueden encontrar esos rasgos del mejor Palma de los que ha venido haciendo gala, olvídenlo.

Más de Félix J. Palma: