La Princesa de Clèves – Madame de La Fayette
14 de Octubre de 2009 por Sra. Castro
Categoría: Reseñas
Madame de la Fayette publicó de manera anónima La Princesa de Clèves, novela que terminaría por ser su obra más conocida. En ella narra una historia de amor prohibido con reminiscencias del amor cortés, ambientada con pericia en la corte del rey Enrique II de Francia —muerto más de un siglo atrás—. Pero, a pesar de estás características, La Princesa de Clèves está considerada como la primera novela francesa y en sus páginas señalan los eruditos los primeros balbuceos de la novela psicológica.
La señorita de Chartres es una joven de singular hermosura y gran virtud que se incorpora a la corte del rey de Francia. Asediada por varios pretendientes, pronto será desposada por el príncipe de Clèves, del que la muchacha sin embargo no está enamorada. Su marido, por el contrario, la ama con locura pero pronto comprenderá que su pasión nunca será correspondida. La princesa ignora lo que la pasión amorosa es, no la conoce y aún parece ignorar su existencia.
Sin embargo, en la corte francesa:
[...] el amor siempre se hallaba mezclado con el interés y el interés con el amor. Nadie había tranquilo o indiferente; todos pretendían medrar, gustar a alguien o perjudicarle. No se conocía ni el aburrimiento ni la inactividad, y el tiempo transcurría en regocijos e intrigas.
De esta manera, pronto la princesa de Clèves se enamorará, y será correspondida, del señor de Nemours, el hombre más apuesto de la corte; pero su virtud le hará concebir esa pasión como un precipicio a cuyo borde se ve arrastrada por una fuerza casi más poderosa que su propia voluntad, pero contra la que se resistirá denodadamente, hasta el punto de confiar a su esposo el amor ilícito que alberga su corazón.
La princesa de Clèves despertará al amor gracias al señor de Nemours, pero en ella el enamoramiento será un sentimiento contradictorio: a la vez que va aprendiendo en qué consiste la pasión amorosa (ese sentimietno de contento cuando estamos delante de la persona de nuestra elección, esa aflicción si falta, ese dedicarle cada pensamiento e interesarnos por todo lo que le concierne), se horroriza de no albergar esos sentimientos hacia el que es su esposo.
Sabedora como es de los problemas que las pasiones ilícitas pueden traer a las mujeres, decide emplear toda la fuerza de su virtud en ocultar tales sentimientos al mundo entero, y especialmente al interesado. Lo reseñable de la actitud de la princesa es que no sólo se niega a sucumir al amor por respeto de las normas sociales, sino que pesa en su decisión su deseo de respetarse a sí misma, evitando ponerse en evidencia por una pasión. Ciertamente, ese concepto de respeto hacía la propia persona en un personaje femenino resulta no sólo sorprendente, sino incluso insólito. Bien es cierto que en la toma de esa decisión influye también el temor a dejar de ser un día amada por aquel a quien pudiera entregar su reputación.
Y es precisamente en ese despertar al amor primero, para después ofrecer resistencia a la pasión, con todas las dudas, alegrías y sinsabores que esa lucha conlleva, donde se aprecia ese despuntar de la novela psicológica. Madame de La Fayette demostró una particular sensibilidad a la hora de trazar el inusual camino que el sentimiento amoroso recorre en el alma de una mujer ferreamente virtuosa; y de esta manera creó un personaje único, cuyos vaivenes emocionales están fielmente retratados y que, con el tiempo, evolucionaría hacia caracteres como el de Madame Bovary o Anna Karénina.
Gracias y desgracias del ojo del culo – Francisco de Quevedo
21 de Febrero de 2007 por Sra. Castro
Categoría: Reseñas
Francisco de Quevedo, uno de los principales autores del Siglo de Oro de la literatura española y tal vez el más representativo de los escritores conceptistas, destaca por la aparente contradicción que existe entre sus obras: mientras unas se caracterizan por su gran belleza formal y su tono profundamente reflexivo de corte estoico, otras se definen por el tono jocoso, burlesco, muchas veces irreverente. No obstante, unas y otras contienen una dura crítica a la sociedad de su tiempo y rezuman desengaño ante una humanidad en crisis por la pérdida de los valores morales.
Amigo de las agudezas del ingenio, que le valieron ser encarcelado, Quevedo escribió estas “Gracias y desgracias del ojo del culo”, culmen de su gusto por lo impúdico y obsceno. El maestro del conceptismo, da una vuelta de tuerca en sus obras burlescas al tomar la realidad y sumergirla, no ya en el sarcasmo más corrosivo, sino en la degradación más absoluta. Mientras otros tienden hacia el ideal, Quevedo busca lo más crudo de la realidad humana para pisotearlo y enfangarlo.
Desengañado y cruel, gusta de reírse y ensalzar aquello de lo que los demás prefieren apartar la vista. Quevedo, por el contrario, lo señala con el dedo, lo toma entre sus manos y lo pone ante los ofendidos ojos de los que pasan por bienpensantes. Tal vez por despecho, tal vez por poseer una mente más lúcida, incapaz de engañarse a sí misma, se obstina en recrearse en los detalles más sórdidos, pero retratándolos siempre con un humor vitriólico y mordaz.
Como muestra, valgan algunas de las desgracias del ojo del culo:
Va el otro narciso, pisaverde a pie por la calle en tiempo de todos y por más cuidado que pone en las chinas o piedras que están descubiertas para asegurar los pies y andar de guija en guija, resbálase el pie y hace pedazos el pobre culo y de más a más se hace una plasta de todo lo que coge de pies a cabeza.
Viene el otro picarón a sentir el calor del verano y porque yéndose a rascar la comezón de una ladilla frisona le estorbó el matarla una horrenda población de pendejos que topa hacia el culo, determina de matarlas con unas tijeras y teniendo las manos torpes y no ver lo que hace ni poder sufrir más el ser puerco abre a tijeretazos el pobre culo.
Dale al otro una apretura en la calle o cógele en la comedia, sale con priesa a buscar donde desbuchar, y porque no llego tan presto a las necesarias o le embarazó algún nudo ciego emplástase o embadúrnase de mierda el pobre culo.
