Vida de una mujer amorosa – Ihara Saikaku

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Vida de una mujer amorosa - Ihara SaikakuIhara Saikaku fue un célebre escritor japonés del siglo XVII. Inauguró un género denominado ukiyo-zōshi o libros del mundo flotante. El término “mundo flotante” hace referencia en el budismo al mundo de las apariencias, aquel que conocemos por nuestros sentidos y que es transitorio; algo similar al “valle de lágrimas” cristiano. Y, aunque el término ukiyo-zōshi ha acabado por referirse a la literatura que describe las costumbres y los modos de vida del periodo Edo (1603-1868), en un principio hacía referencia a novelas de temática galante u erótica. Así lo demuestran algunos de los títulos de Ihara Saikaku como Amores de un vividor,  Cinco amantes apasionadas o el que ahora nos ocupa, Vida de una mujer amorosa. A pesar de que Ihara Saikaku fue un autor popular en su época, no sería hasta los siglos posteriores cuando su obra adquiriría especial relevancia, hasta terminar por ser considerado el más importante escritor de su tiempo.

Vida de una mujer amorosa es el relato del descenso por la pendiente de la prostitución de una cortesana, desde sus comienzos como prostituta de lujo hasta su fin como puta callejera. Con su historia, Ihara Saikaku traza un recorrido por todos los estratos de la prostitución, entra en los barrios de placer y representa la vida de las prostitutas y sus clientes, en un sutil retrato de la cara oscura de la sociedad de su época.

Para hacerlo se sirve de una narradora en primera persona que cuenta su experiencia a dos jóvenes que la visitan, aunque el verdadero transmisor de esta historia es un tercer joven que escucha escondido. La que otrora fuera hermosa mujer galante es ahora una anciana que vive retirada y dedicada a la oración, una vez que ha comprendido la necesidad de abandonar los engaños del mundo de los sentidos. Iniciada en el goce carnal a muy tierna edad, su naturaleza sensual la arrastra hacia el oficio más antiguo del mundo, del que acabará por conocer todos los secretos.

Mientras fue joven y bella, nuestra protagonista sirvió en palacio y en casas acomodadas. Ejerció en los barrios de placer como prostituta de alto rango. Fue la concubina de un monje, escondida en el interior de un templo. Sirvió en casas más humildes, también en tabernas. Y acabó, cuando su belleza se había ajado, saliendo por las noches portando una estera de paja donde yacería en el suelo con sus clientes ocasionales. Con la paulatina degradación de la protagonista, Ihara Saikaku presenta al lector un extenso recorrido por todas las formas de prostitución que existían en la época. Pero, al tiempo, y esto es quizá lo más interesante de esta lectura, señala el libertinaje que recorría todas las capas sociales: en los palacios, en las casas patricias, en los monasterios, en las tabernas y en las calles, mujeres y niñas eran vendidas y compradas, a pesar de las prédicas de una vida de castidad, pureza y morigeración.

Las reflexiones de la protagonista sobre sus experiencias, sobre lo que sucede a su alrededor y sobre las pasiones que mueven al ser humano son amenas e interesantes. Sin embargo, la disposición de la narración resulta a veces un tanto desconcertante y el lector se pierde en la madeja de acontecimientos, pensamientos y descripciones, lo que resta brillantez a la novela. No obstante, Vida de una mujer amorosa será un texto interesante para los que gusten de conocer un poco más de la vida, la historia y las costumbres del país nipón.

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