At-Daván y otros relatos – Vladímir Korolenko

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At-Daván y otros relatos - Vladímir KorolenkoLa exquisita delicadeza de Vladímir Korolenko para describir el alma humana es un rasgo que lo distingue de muchos otros escritores; al igual que algunos de sus compatriotas, el escritor es capaz de mostrar facetas de la personalidad de sus protagonistas que resultan tan inesperadas como deslumbrantes. Aunque sus historias reflejan una cotidianidad que podría llegar a considerarse tópica o incluso vulgar, Korolenko se las ingenia para extraer de lo manido elementos excepcionales, rasgos de carácter que nos facilitan la tarea de entender a sus personajes y el porqué de sus actitudes. Su mirada va más allá de los comportamientos para poner sobre la mesa lo más profundo de nosotros, aquello que nos hace como somos pero que es tan difícil de mostrar en un relato.

Esta maestría a la hora de construir personajes se manifiesta espléndidamente en el relato que abre el volumen: “Malas compañías”. En este texto el narrador cuenta sus recuerdos de muchacho: hijo de un juez de una pequeña comunidad rural, su día a día es apacible y normal, con travesuras, desacuerdos con su padre y andanzas por el entorno campestre de su pueblo. Sin embargo, un cambio acontece en su forma de ver el mundo cuando conozca a Walek y Marusia, dos chicuelos que habitan en una capilla abandonada; esa toma de contacto con la pobreza hará que el protagonista empiece a ver todo lo que le rodea con otros ojos. La nobleza de los pilluelos y los mendigos con los que habitan sacude al narrador en lo más íntimo, pero también al lector: lejos de los maniqueísmos clásicos, Korolenko presenta unos personajes complejos, capaces de lo bueno y lo malo, preocupados por su supervivencia, aunque siempre con una dimensión humana honda y bien trazada. La relación del chico protagonista con los caídos en desgracia es bella y no cae en tópicos ramplones: para el muchacho, las acciones de sus nuevos conocidos son extrañas, incluso directamente censurables; sin embargo, gracias a esa nueva visión de la vida él mismo aprenderá que cosas que daba por sentadas no son tal y como creía.

Menos sentimental, pero mucho más terrible, es “Una joven extraña”, un retrato desolador de una disidente política a la que un joven soldado escolta hacia Siberia. Aquí el escritor consigue hacer aflorar el orgullo, el valor y la entereza de la joven a través de la mirada del militar; dos personas enfrentadas que, sin embargo, alcanzan una desacostumbrada comunión cuando consiguen superar sus prejuicios para mirarse como lo que ambos son: seres humanos. La historia es tierna por la sensibilidad con la que está narrada, pero el trasfondo es de una crudeza sin igual: Korolenko no ilustra la violencia en ningún momento, pero a través de elipsis y silencios se entrevé la dureza de una sociedad que censuraba cualquier opinión diferente. Aunque el final del cuento es sosegado, queda el regusto amargo de la falta de entendimiento: hay aceptación, sí, e incluso perdón, pero el respeto para con los demás parece un objetivo inalcanzable.

Quizá uno de los más bellos relatos, al tiempo que uno de los más tristes, sea “El sueño de Makar”. En este texto el escritor compone un retrato certero del campesino ruso: charlatán, pícaro, bravucón y juerguista, pero también bondadoso, responsable y generosos con sus congéneres; aunque quizá un tanto melodramático, lo cierto es que el cuento apela al sentimiento con una dulzura insoslayable, haciendo que nos encandilemos del granuja que lo protagoniza. Lo que Korolenko parece intentar es ofrecer una imagen desmitificada de un tipo de personajes hasta entonces retratado de forma arquetípica en la literatura rusa: Makar no es bueno ni malo, solo trata de sobrevivir haciendo en cada momento lo que le parece justo o necesario; aunque sus intereses choquen en ocasiones con los de otros, no podemos condenarle por sus licencias, ya que su inocencia es casi primigenia. El acierto del texto es construir un personaje compuesto de muchas facetas, algunas contradictorias, sí, pero creíbles y sólidas.

Otros de los textos, como “At-Daván” o “Junto al río”, exploran también personajes muy típicos de la literatura rusa. En general, en estos relatos Vladímir Korolenko trata de presentar unos seres complejos, ricos en detalles y alejados de cualquier convención; aunque pueda haber algún rasgo que roce el cliché, esa intención se cumple con creces, puesto que casi todos los protagonistas tienen una profundidad rica en matices. Si no han tenido la oportunidad de conocer la narrativa del maestro ruso, este libro es la ocasión ideal para enmendar esa laguna.

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3 Comentarios

  1. Como ocurría con “El músico ciego”, con “At – Daván y otros relatos” Vladímir Korolenko vuelve a darnos una buena muestra de lo que es literatura con mayúsculas. Todas las narraciones se mueven en el entorno de historias normales, cotidianas, con personajes nada extraordinarios, casi vulgares, pero enormes por lo que en sí encierran de humanidad. Con unas metas tan sencillas y con un lenguaje claro y hermoso, que algunas veces roza lo poético, los relatos, todos sin excepción, emocionan y llegan a lo más hondo.

    Creo que a Korolenko puede aplicársele lo mismo que muchas veces se ha dicho de Chéjov:

    “Comprende, como nadie, la sutileza y el carácter trágico que se encierra en las naderías de la vida; y la sencillez, belleza y armonía escondidas tras personajes con existencias grises y anodinas”

    La vida del barquero Tiulin, protagonista del relato “Junto al río”, es un ejemplo de lo dicho. El viajero, el propio Korolenko, que relata su viaje al lago Svetloyar, lo deja meridianamente claro:

    “Y yo pensaba: ¿por qué me había sentido tan apesadumbrado en el lago, entre conversaciones librescas y aquellos hombres “leídos” y dogmáticos, y tan a mis anchas, tan ligero, en este tranquilo río, con aquel telúrico, desmadejado y despreocupado barquero Tiulin, siempre castigado por la desazón de la resaca?”

    Exactamente igual ocurre con el Krúglikov del relato “At – Daván”, que da título a la antología, porque, al contrario de lo que nos dice Ricardo San Vicente en la introducción del libro, el personaje central de la historia no es Arabin sino el patético y humano Krúglikov, desterrado en Siberia por penas derivadas de un desgraciado conflicto amoroso.

    Sr. Molina, ya ves que no estamos tan alejados en nuestros gustos literarios como algunas veces parece. No sintonizamos en determinadas ondas, caso de la narrativa norteamericana moderna, cierto, imposible negarlo, pero no podemos sustraernos a la belleza de muchos de los libros que aparecen en este blog, “At – Daván” es uno de ellos.

    Un comentario final para concluir. Creo que muy pocas veces en la historia de la literatura universal se ha dado una confluencia tal de grandes escritores como en la Rusia del siglo XIX, Gógol, Tolstói, Dostoyevski, Chéjov, Turguénev,… Pero lo curioso es que cuanto más se bucea y se conoce la literatura rusa en general más enorme se hace la pléyade de estos genios. A partir de ya incluyo en ella a uno nuevo: Vladímir Korolenko.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

  2. Muy bienvenida es tu digresión, Miguel. Tomamos nota de “La liebre con ojos de ámbar”. La verdad es que la tarea de un lector es un no parar: largas listas de títulos y autores, altas pilas de libros aguardando ser leídos. Una laboriosa felicidad, desde luego.

    Un abrazo.

  3. Aprovecho la entrada de hoy, no para hablar de Korolenko, – ya di mi opinión sobre “El músico ciego” no hace mucho -, sino para recomendar a todos los seguidores del blog un libro excelente que acabo de concluir recientemente. En mi opinión merece el honor de figurar en el archivo de solodelibros, “La liebre con ojos de ámbar. Una herencia oculta”, de Edmund de Waal, ceramista inglés, publicado por Acantilado el pasado año. Hay una frase de Ovidio que, aunque pueda parecer enigmática en un principio, resume la esencia de todo el libro: “Sunt lacrimae rerum”, “Hay lágrimas en las cosas”. Cuando lean el libro lo entenderán.
    Sra. Castro, Sr. Molina, perdón por la digresión, y si tienen tiempo échenle mano a la liebre. No se arrepentirán.
    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros.
    PD: “At-Daván y otros relatos”, pasará a engrosar mi lista de lecturas pendientes. Después de leer “El músico ciego”, todo lo de Korolenko me interesa.

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