El banquero anarquista y otros cuentos de raciocinio – Fernando Pessoa

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1977

El banquero anarquista y otros cuentos de raciocinio - Fernando PessoaAunque quizá más conocido y admirado por su labor como poeta, Fernando Pessoa dejó también una obra en prosa digna de tenerse en consideración; aparte del ilustre Libro del desasosiego también legó un conjunto de piezas breves que dan cuenta de su talento. En este volumen se recogen algunos relatos que tienen en común la temática de misterio o de intriga, ya que el autor era muy aficionado a la narrativa de corte policiaco, si bien se da la circunstancia (bastante deplorable para el que suscribe, por cierto) de que algunos de ellos no están finalizados, por lo que la lectura puede verse truncada.

Nos detendremos en el comentario de “El banquero anarquista”, que da nombre a la recopilación, que además es con diferencia el mejor de los cuentos antologados y cuyo planteamiento no deja de ser original a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación. Un banquero que está cenando con el narrador le cuenta a éste su peculiar posicionamiento ideológico: aun cuando pueda resultar paradójico, el amigo banquero sostiene ser anarquista; y no sólo eso, sino que se considera a sí mismo como un verdadero anarquista, puro, en contraposición con los sedicentes anarquistas que militan en sindicatos y organizan boicots. El narrador asiste como mero espectador (al igual que nosotros, lectores) a la exposición por parte del banquero de las razones que le llevan a pensar así, analizadas con precisión matemática y enunciadas con una claridad meridiana.

En el estilo de las disquisiciones de la clásica novela de detectives, lo que Pessoa muestra en este relato es la facilidad con la se puede argumentar para defender cualquier postura. El banquero se define anarquista por su conformidad entre la práctica del anarquismo y las teorías que sostiene: esa curiosa correlación se expone con claridad ante los atónitos oídos de su contertulio, que poco a poco va comprendiendo que la aparente contradicción inicial se basa sólo en las formas. El protagonista cree que las ficciones sociales son malas precisamente porque no son naturales, de ahí que se defina como anarquista; sin embargo, en su militancia comprende que la supresión de esas ficciones es una tarea ingente, por lo que decidirá que a nivel individual debe conformarse con no crear nuevas ficciones, respetando así su libertad. Cuando el narrador le reprocha su posición, creyendo que con su trabajo como banquero se genera más tiranía sobre la sociedad, su exposición es bien clara:

La tiranía es de las ficciones sociales y no de los hombres que las encarnan; ésos son, por así decirlo, los medios de que se sirven las ficciones para tiranizar, como el cuchillo es el medio de que puede servirse el asesino. Y seguro que usted no cree que aboliendo los cuchillos abolimos a los asesinos… Mire… Destruya usted a todos los capitalistas del mundo, pero sin destruir el capital… Al día siguiente el capital, en manos ya de otros, seguirá, por medio de ésos, su tiranía. Destruya no a los capitalistas, sino el capital; ¿cuántos capitalistas quedan?… ¿Lo ve?…

La brillantez del relato estriba en su construcción, perfecta en lo que a argumentación se refiere del principio al final. Pessoa utiliza con brillantez el lenguaje para ir tejiendo un texto que satiriza las convenciones políticas e ideológicas, dejando al descubierto las contradicciones en las que se incurre en muchas ocasiones. Aunque su personaje es tramposo en el fondo, no es menos cierto que sus tesis parecen sólidas; de hecho, el discurso del banquero es muy usual en políticos, acostumbrados a hacer pasar lo negro por blanco a base de sofismas y tergiversaciones…

El banquero anarquista es una delicia original, cáustica y repleta de humor que hará las delicias de cualquier amante de la literatura.

1 Comentario

  1. Esta fue mi primera lectura de Pessoa, comprado en la Librería Buchholz de Lisboa, y en portugués. Lo que más me llamó la atención es la brillante perfección del argumentario del banquero. Es como esas demostraciones matemáticas, bien explicadas, en las que un paso sigue necesariamente al anterior, dejando una sensación de armonía lógica. Un delicioso artificio.

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