A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin – Enrique Jardiel Poncela

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A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin - Enrique Jardiel PoncelaA 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin reúne varios textos que Jardiel Poncela escribió al regreso de sus dos estancias en Estados Unidos, donde el escritor y humorista trabajó como adaptador y director de diálogos de las películas que la Fox rodaba en castellano.

Estos textos, que ya fueron recopilados en su 1943 en el volumen Exceso de equipaje, recogen las impresiones que el largo viaje hasta California y su estancia en los Estados Unidos produjeron en Jardiel. Observador sagaz, el ingenio afilado —caustico— del autor realiza una radiografía precisa de todo cuanto contempla. Los progresos técnicos, los avances sociales de la nación que marcó el ritmo del progreso al resto del mundo son el trasfondo del relato de la experiencia personal de Jardiel Poncela en América.

Una experiencia que comienza con un largo viaje: de París a Le Havre en tren; de Le Havre a Nueva York en barco, en un viaje de seis días de duración; y de Nueva York a California un recorrido en tren de cuatro días más. Jardiel recoge, con su vivacidad habitual, sus impresiones del pasaje del trasatlántico o de los trenes: se detiene en las personas que tiene a su alrededor y compone con ellas una comedia donde —como acostumbra— el género humano no sale muy bien parado.

En esa comedia, improvisada sobre la marcha, deja constancia de los aburridos días de navegación; pero también de las dificultades para desembarcar en Nueva York, donde “si viene usted contratado, no puede desembarcar, porque le quita el puesto a un norteamericano; y si no viene contratado, tampoco, porque tenemos quince millones de hombres parados, y usted va a convertirse en un parado más.”

No falta la descripción personal de Nueva York. Una descripción modernista donde Jardiel se sirve del lenguaje y del ritmo de la composición para trasmitir una idea laboriosamente ajustada de la gran ciudad: vertiginosa, trepidante, oliendo a gasolina, ensombrecida por los rascacielos… Una ciudad que, apunta el autor, es incapaz de sorprender al visitante por la sencilla razón de que éste ha visto ya miles de veces fotografías y postales de sus vistas, sus edificios y sus calles.

Lo que sí sorprende a Jardiel es el modo de vida americano: la comida, el maquinismo, la independencia de las mujeres y, sobre todo, la estandarización: de la comida, de las máquinas, de las mujeres. El autor presenta sus reflexiones en textos brevísimos, someras pinceladas en las que proporciona datos sobre las costumbres del país y las reacciones que en él provocan. Textos divertidos, chocantes, que ponen de manifiesto al agudo observador.

Tampoco falta su visión del mundo del cine. Las descripciones de los enormes estudios hollywoodienses, de la vida de las estrellas o de una noche de estreno ponen de manifiesto que el glamour del cine no fue suficiente para vencer en Jardiel la nostalgia de España.

No deja de resultar curioso leer estos apuntes sobre la vida en Estados Unidos, sobre todo cuando salen de una pluma tan brillante como fue la de Jardiel Poncela. El contraste entre la España de la década de los treinta y la joven y moderna Norteamérica tenía que ser abrumador, aunque el viajero ya hubiera visto fotos del Empire State.

Enriquece este volumen la reproducción de varias fotos de Jardiel Poncela durante su estancia en Hollywood, así como cartas personales que el escritor envió desde allí. Estas aportaciones proceden del libro de memorias que la hija de Jardiel publicó en recuerdo de su padre, y un extracto del cual sirve como prólogo al presente volumen. Al que, dicho sea de paso y para concluir, no le hubiera venido mal una corrección para suprimir las erratas.

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2 Comentarios

  1. leer parte de la obra de jardiel poncela,que me fue presentada por mi padre,ya hace que la vida merezca ser vivida,por el hecho de ser alfabetizado,

  2. Qué bien sabe narrar Jardiel el torrente de cosas chocantes -para un español de los años 30-, que ve en los Estados Unidos de entonces. Me sorprendió de este libro cómo está impregnado, además de su humor tan personal, de un aire de duro desencanto y rechazo ante mucho de lo que allí se encuentra.

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