Ambiente, emoción y ética – Ramón Folch

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Ambiente, emoción y ética - Ramón FolchSin duda se hace necesario reflexionar en busca de una nueva ética para afrontar nuestra presencia en el planeta. La que hasta la fecha hemos venido usando (¿o será que hemos omitido usar la ética en nuestra relación con el ambiente?) ha conducido las cosas al punto nada agradable en el que se encuentran.

Sobre el camino hacia una “cultura de la sostenibilidad” trata Ramón Folch en Ambiente, emoción y ética. Un ensayo que, por otro lado, no aportará nada nuevo al que, interesándose en estos temas, tenga ya algunas lecturas sobre ellos a sus espaldas. El de Folch es uno de esos libros que plantean interrogantes, pero que omite dar alguna respuesta. Es, por tanto, poco más que las ideas sobre socioecología de su autor —al que avalan, no obstante, décadas de experiencia como consultor ambiental—, que coinciden grosso modo con las que el propio lector pueda tener.

El hecho de que el lector no encuentre nada verdaderamente novedoso en este ensayo puede deberse a que Ambiente, emoción y ética fue publicado por primera vez en 1997. La de ahora es una reedición en la que el autor ha revisado y corregido todos aquellos datos que en tres lustros han cambiado en una materia que, aunque progresa, no logra resolver los problemas a los que se enfrenta. Y, probablemente, no da ninguna respuesta porque el libro se adentra en el terreno movedizo de la ética, planteando la necesidad de repensar qué es bueno y qué es malo.

Así, Folch comienza atacando la idea errónea del hombre como centro de un universo donde todo lo que existe está a su disposición, para que lo transforme (en dinero) según su voluntad. Y prosigue analizando cómo el expolio y la contaminación del medio,  que en nuestros días son indiscutibles, son el nefasto resultado de esa prepotente cosmovisión. De esos planteamientos se desprende la necesidad de una ética ambiental que, no obstante, iría necesariamente más allá de lo estrictamente relacionado con el medioambiente.

Ambiente, emoción y ética habla en consecuencia de una vuelta a la equidad que afectaría al modelo industrial, a la economía, a la información, a la política, a cómo nos relacionamos con el medio, pero también a cómo nos relacionamos con el resto de personas (las que tenemos cerca y las que están allende los mares). La apuesta de Folch es hacer las cosas de una forma nueva, no limitarse a hacer lo de  siempre pero intentando que su impacto sobre la vida no sea negativo. Porque el modo de hacer las cosas que hemos perfeccionado durante siglos ha demostrado sobradamente que suele dejar feas huellas.

Ramón Folch se deja llevar por el entusiasmo, parece convencido de que ese cambio en nuestra ética no solo es posible, sino que va a suceder. Ese optimismo, un poco gratuito, y ciertas posturas un tanto conservadoras (justifica, por ejemplo, que el precio de la energía suba) enturbian un tanto la lectura del libro. También lo hace el que, en general, el autor repita argumentos, ideas o datos, dando al lector la impresión de haber vuelto a una página ya leída.

Nunca está de más leer aquellos libros que nos recuerdan la responsabilidad que cada uno tenemos por hacer de este un mundo mejor para todos (y no solo para nosotros mismos). Y no está fuera de lugar plantearse la necesidad de repensar nuestros valores como sociedad, haciéndolo desde el conocimiento que hoy tenemos de que el ser humano es solo un eslabón en una enorme y compleja cadena. Ambiente, emoción y ética intenta conducirnos por esa senda, aunque, en conjunto, no es el mejor texto que una pudiera desear.

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