Amor se escribe sin hache – Enrique Jardiel Poncela

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Blackie Books se lanza a publicar las novelas de Enrique Jardiel Poncela y, haciendo las cosas bien, comienza por el principio. Amor se escribe sin hache, escrita en 1928, fue la primera novela del autor y con ella quiso parodiar las novelas de amor, tan en boga entonces (como ahora, cabría decir). Esta obra debía ser a las novelas románticas lo que el Quijote fue a las novelas de caballería: una caricatura burlona que remedase los tópicos del género; y el resultado es una obra vibrante, entretenida, cosmopolita, en la que se reconoce ya el estilo que Jardiel plasmó en toda su producción literaria y que hace inconfundibles sus novelas.

En Amor se escribe sin hache se narran los desquiciados amores de Elías Pérez Seltz, Zambombo para los amigos, y lady Sylvia Brums. Sylvia, coleccionista de amantes, exige de un Zambombo profundamente enamorado continuos ejercicios de extravagancia como único antídoto contra el aburrimiento que la obligaría a sustituirle. De esta forma, de aventura en aventura, la pareja recorrerá varias capitales europeas y una isla desierta.

Zambombo es el ejemplo viviente del que se sirve el autor para «poner a los jóvenes de España y América cara a cara con la sinceridad» y demostrarles que cuanto acontece en las páginas de una novela rosa, nada tiene  que ver con la realidad. Al inicio de la narración, Zambombo es un joven que cree en el amor e idolatra al sexo femenino, como le explica al descreído marido de lady Brums. Pero las mil y una desopilantes peripecias que le acontecen junto a la caprichosa Sylvia acabarán por conducirlo a la desilusión.

Por su parte, lady Sylvia es “una protagonista de novela de amor”, como ella misma se define en varias ocasiones. Pero además es el prototipo de la heroína (tal vez anti heroína sería más adecuado) de las novelas de Jardiel: mujeres emancipadas, sexualmente activas, independientes, siempre dispuestas a entregarse a un hombre, pero poco interesadas en renunciar a su libertad. Mujeres que se encuentran desde el principio en el punto al que el hombre llega tras numerosas vicisitudes, de tal modo «que a veces se llega a pensar si las que tendrán talento no serán las mujeres.»

Creo haber mencionado, hablando de alguna otra obra de Jardiel, que quedarse únicamente en el humorismo de su narrativa (y de su teatro) es menospreciar uno de los talentos más originales que han dado las letras castellanas. Igual que lo es olvidar su producción novelística en favor de su faceta, más prolífica, de dramaturgo. Por supuesto, las novelas de Jardiel Poncela son incrreiblemente divertidas y en ellas cada frase rezuma ingenio, lo que depara gratísimos momentos de lectura a quienes se aventuren a leerlas. Pero además, Jardiel fue un perspicaz observador de ese absurdo que es el alma humana. El humor de su obra, y esos escenarios refinados y cosmopolitas en los que transcurre la acción, son el marco gentil de una instantánea que refleja la soledad del hombre y, muchas veces, el hastío de vivir.

El absurdo que destila Amor se escribe sin hache, como el resto de la producción del autor, es un reflejo risueño de una realidad irracional. La risa en Jardiel se vuelve con frecuencia mueca que oculta un sollozo. El del hombre zarandeado por la vida moderna, condenado a no comprender aquello que le rodea como única manera de ser feliz. Porque en el momento en que se comprende, siempre gracias a un desengaño, sólo queda el refugio del sarcasmo.

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4 Comentarios

  1. Siento no coincidir con sus opiniones, es el libro más pesado que he leído en muchoooo tiempo.
    Empieza resultando un poco gracioso pero termina siendo una completa petardada.

  2. “La risa en Jardiel se vuelve con frecuencia mueca que oculta un sollozo”, y no puedo estar más de acuerdo después de terminar de leer el libro. Pero en general, concuerdo completamente con la reseña de la obra. Me gustó el estilo de humor de este autor.

  3. En pocos meses he visto “Un marido de ida y vuelta”, “Los ladrones somos gente…”, “Angelina o el honor de un brigadier” y me he leído el de los 38 asesinatos (que veo que tienes reseñado) y sigo con ganas de Jardiel.

    Sí, es un genio, creo que no se le valora más por razones políticas y por haberse dedicado al humor.

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