Moll Flanders – Daniel Defoe

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A pesar de que Moll Flanders es una de las obras de Daniel Defoe más reconocidas, lo cierto es que es una obra que muestra las carencias estilísticas de su autor, considerado como novelista. A pesar de que en el momento de su aparición (en torno a 1722) la forma “novela” estaba ya bien difundida, el desarrollo del relato y, sobre todo, el estilo empleado, hacen que nos topemos con una suerte de diario íntimo cuya forma es abrupta y, en ocasiones, demasiado autorreflexiva.

Con todo y con eso, Defoe logró poner por escrito las aventuras en primera persona de una mujer, algo inusual para la época; y lo hizo con una honestidad desconocida, sin sentimentalismos románticos ni (demasiados) tópicos. Moll Flanders, cuyo verdadero nombre nunca llegamos a conocer, es una mujer intrépida, corajuda e inteligente. Buena prueba del carácter independiente y decidido de esta heroína es el hecho de que ningún hombre tenga el más mínimo protagonismo en el libro; pese a contraer matrimonio hasta en cinco ocasiones, los esposos de Moll no son decisivos ni para la historia ni, por supuesto, para la mujer.

De hecho, Defoe presenta a su protagonista con desparpajo y resolución, como si de un personaje masculino se tratara, mientas que en otras la pinta como temerosa y vacilante. Tal vez ése sea uno de los elementos más descuidados de la historia, ya que en ciertas ocasiones Moll piensa como un hombre, aunque sus actuaciones sean las propias de su sexo; un pequeño detalle que no resta interés al hecho de que sea una mujer la que toma decisiones actúa de una forma arrojada y otras de manera bastante más prudente; inconsistencias que, aunque humanas, restan algo de credibilidad al personaje.

Quizá el rasgo más interesante de la novela y de su protagonista sea la fina línea que separa el bien del mal; o, mejor dicho, lo socialmente correcto y lo incorrecto. Defoe pone en boca de su heroína buenas intenciones, sobre todo después de que la encarcelen como ladrona; y en cierto modo son sinceras, ya que era difícil sustraerse a la moralidad general de aquel tiempo. Sin embargo, la línea que divide un acto reprochable de otro honrado es cruzada muchas veces: Moll no siempre se justifica, pero debemos entender que está dispuesta a cualquier cosa con tal de no pasar hambre y verse sumida en la indigencia. A lo largo de su vida ella trata de acomodarse a sus circunstancias, pero cuando ve que hay ocasión de sacar provecho, o de mejorar su posición, lo hace sin la menor duda. Los escrúpulos morales no tienen cabida en su mente, pese a que en alguna ocasión un innato sentido de la justicia la evite problemas mayores; en general, sus acciones buscan el beneficio personal, sin consideraciones sociales o culturales. De ahí que la protagonista cobre una profundidad inusitada, sobre todo si tenemos en cuenta el momento en el que la obra fue escrita. Toda una lección de independencia y de hondura que Defoe dejó a la posteridad.

Sólo el estilo elegido para narrar estas desventuras afea el conjunto de la obra. Al igual que hacía en Robinson Crusoe, el autor eligió una voz en primera persona que desgrana sus vivencias con detalle y memoria prodigiosa; no obstante, esta opción, tan elegante y efectiva en su anterior obra, hace de Moll Flanders una novela demorada y falta de ritmo. La casi total ausencia de diálogos (que, por otra parte, casi actúan como monólogos interiores) y el enfoque de las escenas de acción (las menos) hacen que el libro sea muy tranquilo, en ocasiones demasiado lento, lo cual no casa con la enorme cantidad de anécdotas que la protagonista expone. La narración en primera persona hace que las desventuras de Moll adquieran un carácter abstracto, ficticio, y es difícil entrar en su desarrollo; sólo en los momentos más solitarios y reflexivos es cuando la opción literaria se hace válida, mostrando a la heroína en toda su profundidad y con todos sus defectos y virtudes.

A pesar de ello, Moll Flanders es un curioso documento que sirve para poner de relieve el gran esfuerzo que Defoe hizo para crear un personaje auténtico, fuerte y complejo. Su sexo, pese a ser lo más importante, es (perdonen la contradicción) lo de menos.

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10 Comentarios

  1. Sr. Molina, la acusación es realmente grave,¿sabe Ud. lo que ha escrito?.
    Le aconsejo que reuna todos los argumentos posibles en su defensa porque, en caso contrario, el tribunal actuará en consecuencia.
    ¡Patético!.
    Un abrazo para todos,

  2. Vuestras reseñas me parecen muy buenas e inteligente casi simepre. Hoy es la excepción… Me parece muy desafortunada, por una frase que chirría se la lea por donde se la lea… «Defoe presenta a su protagonista con desparpajo y resolución, como si de un personaje masculino se tratara. Tal vez ése sea uno de los elementos más descuidados de la historia, ya que en ciertas ocasiones Moll piensa como un hombre, aunque sus actuaciones sean las propias de su sexo». Sabéis lo que significa y lo que indica lo que habéis escrito?? Relacionar de forma exclusiva los sustantivos «desparpajo» y «resolución» con el género masculino, o pensar que el pensamiento masculino es superior y no abarcable por una mujer me parece obsoleto, desfasado y claramente machista.
    lo que vosotros consideráis un descuido es para mí uno de los mayores aciertos de la obra y lo que la hace realmente interesante y diferente.
    Saludos,

    • Hola, Carmen.

      En primer lugar, no puedo sino disculparme porque, en efecto, las frases están muy mal planteadas y mi condición masculina me traiciona. Siento haberlo expresado en esos términos tan burdos e incorrectos, y reitero mis disculpas para todo aquel que pueda sentirse ofendido.

      Dicho esto, me gustaría aclarar que mi intención era referirme a la construcción formal del personaje. Entiendo que Moll es una mujer resolutiva que «actúa como un hombre» (nada que objetar) y eso me parece encomiable, sobre todo teniendo en cuenta la época en la que se escribió la novela. Lo que me chirriaba un poco era que el personaje parece estar planteado en algunas ocasiones desde una óptica claramente masculina: de ahí lo de los desafortunados adjetivos que empleé. Me daba la impresión de que Defoe tenía en mente un personaje masculino al que, simplemente, puso en la tesitura de vivir la acción «encarnado» en la piel de una persona del otro sexo. Esa especie de mera traslación es a lo que quería aludir (obviamente, con muy poco éxito).

      Con todo y con eso, comprendo que la forma de plantear esta opinión no ha sido acertada y reitero mis disculpas por ello. Como digo en la reseña, Moll Flanders es un personaje de gran profundidad y su sexo es lo de menos. Está claro que el mío no.

      Un saludo a todos.

      • Creo que el problema Sr, Molina proviene de que usted, desde el principio, parte de presupuestos totalmente erróneos; esto es, usted tiene en su cabeza claramente establecido las acciones y actitudes que corresponden a un género y las que corresponden al otro. Y esa división, créame, sólo se encuentra en su cabeza. Bueno, por desgracia en algunas más.
        Un saludo.

        • Hola, Carmen.

          Sí, es posible que sea así. Me gustaría que no lo fuese, pero la educación y la sociedad me han moldeado de manera que me cuesta ver ese tipo de detalles. Créame si le digo que es difícil deshacerse de estereotipos que apenas se es capaz de entender como tales.

          Reitero la idea de que lo que me causó extrañeza fue la construcción del personaje, no sus actuaciones o actitudes, que me parecen adelantadas a su tiempo y valientes.

          Gracias por molestarse en señalar algo que debería ser obvio.

          Saludos.

        • Carmen,

          sigo totalmente de acuerdo contigo. El señor Molina habla de roles que, tradicionalmente, se asignan a uno u otro sexo, asfixiando a las personas. De modo que esperamos que una mujer actúe de un modo y un hombre de otro, pero todo eso es cultural, educacional.

          El señor Molina no es en absoluto sexista, pero es evidente que los postulados sociales, educacionales… no sé cómo llamarlos, salen a la luz. Lo que demuestra que aún nos queda un largo camino por recorrer hasta que esa idea de lo «femenino» y lo «masculino» mueran y dejen lugar a la idea de «personas».

          Un saludo y muchas gracias por tus observaciones.

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