Butcher’s Crossing – John Williams

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Butcher's Crossing - John WilliamsEs complicado hablar de una novela que en apariencia es sencilla y honesta; es complicado encontrar palabras que definan esos sentimientos que nos despierta una narración que parece limitarse a contar una historia, pero que encierra una pléyade de sensaciones e ideas tan antiguas como el mismo ser humano. Eso es lo que consiguió plasmar John Williams en Butcher’s Crossing: la peripecia de un hombre que, más allá de su experiencia real, transmite al lector toda una serie de experiencias que trascienden la mera narración. Que esto se haga mediante una prosa directa y clara, lejos de constituir una falta, se convierte en un mérito que hay que sumar al exquisito tratamiento de personajes que hace el autor, que consigue pintar a unos protagonistas tan complejos como familiares; aunque la trama tenga lugar en parajes remotos, lo que se cuenta en verdad es algo que sucede en todos los corazones, en todas las almas, sin excepción.

Butcher’s Crossing es el nombre de un poblacho perdido de Kansas al que llega a finales del siglo XIX Will Andrews, un joven graduado universitario, en busca de experiencias que la ciudad no puede proporcionarle. La aldea es un refugio de cazadores que languidece con la vaga esperanza de que construyan el ferrocarril para imbuir algo de vida en el lugar, y allí conocerá a un comerciante que le azuza el deseo por viajar en busca de búfalos y hacerse rico con sus pieles. Para ello decido invertir sus ahorros y contrata a Miller, un experimentado cazador que le llevará, junto con otros dos compañeros, hasta un valle rodeado de montañas en el que las manadas de animales son tan numerosas que en un par de meses podrían conseguir más dinero del que pueden soñar… Por supuesto, las circunstancias no serán tan apacibles y en ese periplo tanto Andrews como Miller descubrirán que la naturaleza no tiene en cuenta los deseos de los hombres, y que los sentimientos pueden provocar desenlaces imprevisibles cuando tenemos contacto con otros.

La novela ofrece un espléndido retrato de esos dos protagonistas y nos permite, de manera muy sutil, acercarnos a su progresiva toma de contacto con la realidad. Aunque pudiera parecer que el curtido cazador es la figura que sirve de modelo al joven, y que la narración es un clásico texto de formación, lo cierto es que en este libro nadie tiene certezas y todos carecen de referentes en los que apoyarse. Si Andrews carece de experiencia y de aptitudes para la supervivencia en el hostil entorno de las praderas nevadas, Miller es incapaz de entender cuáles son sus propios límites y pierde cualquier atisbo de sentido común en cuanto la ocasión de superarse como cazador aparece. Lejos de constituir una obra de aprendizaje, Butcher’s Crossing nos presenta a unos seres humanos sobrepasados por las circunstancias: no sólo por las naturales (aunque los capítulos dedicados a las duras condiciones a las que hacen frente en las montañas sean tan brutales como hermosos), sino, sobre todo, por las psicológicas. Los miedos, las esperanzas, las frustraciones o las envidias sacan a la luz partes de sí mismos ignoradas o escondidas; sólo cuando la aventura termine y todos pasen por su particular calvario se darán cuenta de lo mucho que han cambiado y, al tiempo, de lo inmutable del ser humano frente al caos que le rodea.

Butcher’s Crossing es una novela de factura y estilo sencillos, pero de una profundidad colosal. Cada página nos ofrece bellas descripciones y escenas majestuosas, pero también oculta una visión profunda de aquello que nos hace humanos y que, por unos u otros motivos, rara vez dejamos que salga a la luz. Lo que podría ser una tradicional obra de formación se transforma así, de la mano de la escritura serena y sabia de John Williams, en un texto mayúsculo, necesario y redentor. Una novela maravillosa, en suma, que no deberían dejar de leer.

2 Comentarios

  1. Estaba acabando de leer los últimos párrafos de la novela de John Williams, justo aquellos donde el héroe enfila su caballo hacia la perdida lontananza, y me decía hay que ver como son estos americanos, peliculeros y fastuosos hagan lo que hagan; elijan un western de Clint Eastwood, “El jinete pálido”, por ejemplo, y clavadito. Ellos son así, grandiosos y grandilocuentes en cualquier rama del arte a la que se dediquen. América y los americanos son de esa guisa, no se puede evitar.

    Y es que discrepando un poco de la recensión del Sr. Molina, “Butcher’s Crossing” está, en mi opinión, más cerca de un buen guion hollywoodiano que de una obra maestra de la literatura. La novela está trufada de tópicos y situaciones manidas hasta la saciedad; leemos y tenemos inmediatamente la sensación de estar ante una sucesión interminable de “déjà vus”, mil veces repetidos por las plumas de los artesanos que han alimentado desde siempre a la industria cinematográfica. Conste que lo dicho no es demérito alguno, los ha habido y muy buenos por cierto.

    Ejemplos, ¡ahí van unos cuántos!:

    1.- Los roles. A las primeras de cambio, antes de que el autor tenga tiempo incluso de esbozar en profundidad a sus personajes, el reparto de papeles está echado. El lector intuye, o sabe, de inmediato la función que le espera a cada uno de ellos: el orate que acabará trastornado, la oveja negra distorsionante con mal final, el imberbe que se hará hombre y disfrutará de un amor iniciático, el romántico obsesionado por una forma de vida salvaje, la prostituta que ayudará al imberbe a hacerse hombre,… No sé si me dejo alguno, pero todos ellos los hemos visto cientos de veces en la gran pantalla.

    2.- Las situaciones inesperadas. Cuando era pequeño, había una figura entrañable en la televisión de blanco y negro, me refiero al hombre del tiempo, don Mariano Medina. Luchaba a brazo partido con anticiclones e isóbaras y, aunque a veces acertaba, erraba más veces de las que atinaba en sus predicciones; pero nunca, nunca repito, cometía fallos de la contumacia de los personajes de Williams, zorros viejos de montaña capaces de levantarse con un “hoy vamos a sudar la gota gorda” y acostarse envueltos en pieles de bisonte, sepultados por medio metro de nieve en medio del invierno más traidor jamás habido. Puestos a tormentas y ventiscas me quedo con las previsibles, por ejemplo la del relato de Tolstói, “Amo y criado”.

    3.- Los paraísos perdidos. Basta con un viaje por la pradera, subir las estribaciones de una cadena montañosa, – con medios ágiles de transporte, se entiende, bueyes y carromato -, torcer a la izquierda y atravesar dos pirulís rocosos para desembocar en el Shangri-La de los bisontes. La cacería está asegurada en una tierra nunca hollada por el pie del ser humano.

    No sigo para no fatigar a nadie y concluyo. “Butcher’s Crossing”, creo que está más próximo a un bestseller cuidado que a “una maravillosa novela”. Tiene fragmentos muy logrados, las escenas de la cacería sin ir más lejos, se lee con facilidad y avidez, pero está lejos de ser entronizada como una obra señera, digna de recordarse. Quizás si algún productor de Hollywood la lleva a la pantalla pueda lograrlo, aunque no sé de todas maneras si habrá muchos dispuestos a ello, me parece que los miles de dólares van, hoy en día, tan escasos como las manadas de bisontes. Ya veremos.

    Un comentario final. Para los que amamos los libros en formato papel, la 2 ª edición de Lumen es casi una blasfemia; pasar la mano por las páginas de la novela de Williams y quedar tiznado de inmediato, tú y el papel, es todo uno. Deplorable la impresión, el título y muchas de las páginas parecen auténticas calcomanías.

    Cordiales saludos a los seguidores de solodelibros

  2. No he leido Butcher’s Crossing pero acabo de terminar Stoner de este mismo autor y solo puedo recomendarla encarecidamente.
    Un saludo!

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