Cuentos que acaban mal – Géza Csáth

1
1086

Cuentos que acaban mal - Géza CsáthInquietantes, caracterizados por una atmósfera de tintes oníricos, los relatos reunidos en el volumen Cuentos que acaban mal, tienen sobre todo en común estar recorridos por una corriente maligna. Una corriente maligna que pocas veces tiene que ver con algo sobrenatural, y que Géza Csáth sitúa sutilmente en lo más profundo del corazón humano.

La maldad descarnada que impulsa al crimen, a infringir dolor a quienes nos rodean de la manera en que esté a nuestro alcance, la que posee la noche e inspira las pesadillas, la que en ocasiones gobierna el destino, es la verdadera protagonista de estos cuentos. La narración acertada de Csáth consigue ponerla de manifiesto, subrayarla, sin necesidad de aludirla de manera directa.

Esa atmósfera onírica de la que hablaba se hace especialmente patente en “”Sueño olvidado”, “La rana” o “Sueño vespertino”. Pero mientras en el último queda claro que la historia contada no es más que un sueño del narrador, la duda queda abierta en el caso de “La rana”, ya que lo soñado parece haber traído nefastas consecuencias. Mientras, “Sueño olvidado” reproduce con acierto el incongruente discurrir de los sueños, donde lo imposible sucede y retazos de la realidad del durmiente adquieren extraños significados.

Pero en general, el ambiente de mal sueño empapa también el resto de los relatos, tal vez porque el lector desea creer que la atrocidad de algunas narraciones solo pudiera darse en algunas pesadillas. Ese es el caso de “Matricidio” o de “El silencio negro”. En ambos, la juventud de los protagonistas actúa de contraste con la mala voluntad que impulsa sus acciones. También la inocencia cede el puesto a la maldad en “La pequeña Emma”. En estos relatos la infancia y adolescencia dejan de ser ese estado de luminoso candor tantas veces descrito, para dejar paso a una candidez estulta que no sabe, o no desea, distinguir el bien del mal.

Los narradores, y algunos de los personajes, a los que Géza Csáth da voz en estos cuentos parecen ser dolorosamente conscientes de la realidad del mal en el mundo y en el hombre. Mientras el grueso de la humanidad parece obstinarse en no ver la materialidad palpable del mal, hay quienes no pueden desprenderse de su presencia incuestionable en nuestras vidas. La certeza de esa fuerza poderosa les abruma, marcándoles, convirtiéndoles en malditos. Son seres aparte que pagan cara su lucidez y que en ocasiones, como los protagonistas de “Opio” o “El cirujano”, quisieran renunciar a su malhadada facultad.

Con todo, tal vez lo más inquietante de las narraciones de Csáth es que el autor no hace concesiones. Presenta el mal como algo no sólo incuestionable, sino además triunfante, como una fuerza que lo inunda todo. No existe redención para el hombre, ni esperanza alguna de cambio. Ni el amor, ni la inocencia pueden vencer a esa energía tan antigua como el mundo. Sólo parece restar la desesperanza.

Más de Géza Csáth.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here