Después de medianoche – Irmgard Keun

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Después de medianoche - Irmgard KeunDespués de medianoche es, sin duda, la mejor de las tres novelas de Irmgard Keun que hasta la fecha he leído. Y decir eso, con una novelista de esta magnitud, es una invitación en toda regla a leer este libro.

Después de medianoche reúne todas las virtudes de las obras de Keun ya reseñadas aquí: tiene una prosa fresca y original en la que se mezclan las imágenes más sugerentes con una observación exacta de la realidad. Esa manera de narrar y de entender el mundo —y con él al ser humano— rinde de manera casi inmediata al lector a los pies de la escritora alemana. Su sentido del humor, que va de la fina ironía a la observación chocante, da lustre a una prosa cristalina, moderna, descriptiva y reflexiva por igual.

Una vez más, la narradora y protagonista de la novela, vuelve a ser una muchacha joven. Aunque más que protagonista, Sanna Moder es el hilo conductor de una historia que no es sino una excusa para presentar a un sinnúmero de personajes, a través de los cuales la autora atrapa un momento histórico decisivo y los modos de una sociedad convulsa: la Alemania nazi antes del estallido de la Guerra Mundial.

Sanna es locuaz y observadora, y a través de su voz conocemos el cambio de una sociedad epatada por la figura de Hitler. La mayoría de los ciudadanos se ha volcado en un fervor cuasi religioso hacia su Führer, mientras los pocos disidentes tienen miedo de ser represaliados. Sanna no tiene una posición clara, ella no comprende la mayoría de las cuestiones políticas o sociales que agitan su entorno, pero pronto ha aprendido a disimular su desconcierto, mostrándose conforme en apariencia con cuanto sucede a su alrededor.

Sanna sólo desea emprender una vida junto al muchacho al que quiere. Pero sus planes de montar un pequeño negocio se van al traste por culpa del nacionalsocialismo. En una época de caza de brujas, todo el mundo denuncia a todo el mundo, por lo general con la simple intención de fastidiar al vecino. Así, el dueño de una tabaquería vecina a la que próximamente inaugurará Franz le acusa de comunista para acabar de raíz con la posible competencia.

Escarmentada por esa experiencia, Sanna tratará de no volver a meterse en líos. Lo que no le impide consignar en su relato la sociedad frenética que bulle en su entorno: amas de casa rivales a consecuencia de quien será la mejor madre alemana, artistas censurados, judíos ricos que prefieren el sistema racial de Hitler al comunismo y se denominan a sí mismos «no arios», hombres que desaparecen en campos de concentración, afiliados recientes al partido que hacen méritos para subir puestos en el escalafón.

A través de la mirada inocente pero sagaz de Sanna, la autora retrata una nación desquiciada que consiente las mayores indignidades por interés o cobardía. Y, con ello, construye una novela interesantísima, especialmente por su capacidad para crear personajes de todo tipo, que van poblando la historia poco a poco, pero a los que siempre introduce con una descripción que, en pocos párrafos, da una idea completa del personaje, de su biografía y de sus intenciones.

Por todo ello, Irmgard Keun merece ser leída. En primer lugar, por ser una novelista excelente, imaginativa, original, profunda sin pedantería ni afectación, irónica. Pero también por su compromiso a la hora de reflejar fielmente la Alemania que conocía, por no hacer concesiones y retratar tan bien a la sociedad que aupó (o consintió) el nazismo, que hubo de huir de su país natal, donde sus libros fueron prohibidos.

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