Diez de diciembre – George Saunders

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Diez de diciembre - George SaundersUna de las primeras cosas que se pueden venir a la mente al comenzar la lectura de Diez de diciembre es lo curioso del tratamiento de la narración; George Saunders tiene un estilo muy peculiar y su forma de acercarse a personajes y situaciones exige por parte del lector una atención constante y una implicación total en el texto. No es que sus relatos sean complejos (no, al menos, desde un punto de vista de comprensión de la narración), sino que plantea situaciones que aborda con una mirada original y extraña; aunque sus historias nos remitan a temas clásicos como el amor o la muerte, no tenemos la sensación de leer algo manido.

La originalidad per se no tendría mayor importancia si no fuera porque los relatos de Saunders son emocionantes —en su sentido más literal—, consiguiendo que sus personajes nos inquieten y seduzcan a partes iguales. Así, el cuento que abre el libro, “Vuelta de honor”, nos pone en una situación de partida desagradable: un chico apocado y algo excéntrico llega a casa y observa cómo un delincuente rapta a su vecina, la típica compañera de instituto popular y vivaracha. El autor aborda una escena que roza el horror, pero mediante unos monólogos interiores delirantes (que ayudan a que demos forma a los protagonistas) la óptica de la historia cambia por completo: ya no se trata de un crimen o un delito, sino de dos seres desvalidos, víctimas de otros, que encaran la vida de manera muy similar pese a las diferencias que los demás les atribuyen.

Este detalle se repite en todos y cada uno de los relatos del libro: aunque la historia narrada haga referencia a un hecho concreto, lo que se puede leer entre líneas es bien distinto, centrándose con frecuencia en la soledad y las peculiaridades de los protagonistas de los textos. Esto se aprecia sobre todo en los cuentos con una temática más imaginativa, como es el caso de “Escapar de La Cabeza de Araña” o “Los diarios de las Chicas Sémplica”, de reminiscencias fantásticas; en ellos las tramas giran en torno a cuestiones como la dominación o el abuso de poder, pero en verdad tenemos unos lúcidos retratos de la familia, las relaciones personales o los vínculos que creamos con otras personas. Parece que Saunders aborda lo concreto (un detalle, una acción menor cometida por algún personaje) para hablarnos sobre algo mayor, casi universal.

El relato que mejor define esto es “A casa”, una conmovedora historia sobre un joven que ha regresado de la guerra. Si bien apenas se hace mención específica del hecho en sí, el autor logra ofrecer un retrato demoledor de esas personas que retornan después de haber vivido una experiencia traumática que puede cambiar una existencia para siempre. Y ello con una historia sencilla, que muestra a las claras cuánto dolor podemos acumular y de qué formas evitamos exteriorizarlo… o de qué forma lo hacemos. Un relato sobrecogedor por lo que no dice, por lo que se oculta bajo las acciones de unos protagonistas marginados que, sin embargo, ostentan una entereza fuera de lo común.

En pocas palabras: Diez de diciembre es una colección de relatos excelente, tanto por su trasfondo como por su estilo. Y hay que hacer mención de la magnífica traducción de Ben Clark para esta edición de Alfabia, porque la narrativa de Saunders está repleta de giros, términos y malformaciones que la hacen ciertamente compleja. Gracias a esta labor, la lectura de este libro es aún más placentera.

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