El arte de morir – Émile Zola

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El arte de morir - Émile ZolaEl arte de morir reúne una colección de cuatro relatos en los que Émile Zola aborda el tema de la muerte, no presentándolo de una manera tétrica, ni tan siquiera trágica; sino como una realidad que inevitablemente forma parte de la existencia humana y sobre cuya verdad tal vez deberíamos reflexionar más a menudo.

En estos cuentos, a excepción del relato que cierra el volumen, la muerte actúa como antagonista, protagonista o personaje secundario; es el remedio a un mal o el obstáculo infranqueable; el final de una historia o el inicio de una nueva vida. En suma, una pieza imprescindible del juego de la vida que el hombre siempre lleva en el bolsillo, sin saber cuándo le tocará colocarla.

«La muerte de Olivier Bécaille» es un sorprendente relato que se inicia de manera impactante: «Morí un sábado a las tres de la mañana, tras tres días de enfermedad». En él será el propio finado quien de cuenta de su defunción, contando las impresiones inmediatas a su fallecimiento: el estupor, el miedo, la rebelión, que irán dejando paso a una resignación fruto de la asunción forzosa del nuevo estado.

Pero Olivier Bécaille fue en vida un hombre al que gustaba meditar sobre ese momento definitivo y la descripción del grave acontecimiento se completa con el recuerdo de aquellas reflexiones que le ocuparon en vida: el espanto de terminar bajo tierra que no cede pese al pensamiento lógico de que la muerte es no sólo natural, sino además inevitable. El sentimiento de lo fútil de todo esfuerzo, pues terminará en la hoya. El temor y el dolor de perder a quienes amamos. Y, sobre todo, el tener que ocultar estos pensamientos como una vergüenza o una debilidad, ante la idea de que puedan acusarnos de falta de entereza.

No podía imaginarme a desaparición de mi ser, la supresión total de lo que era y para siempre, por los siglos de los siglos, sin que jamás pudiera volver. Cuando en un periódico leía una fecha del futuro o una referencia al siglo que viene, sentía un escalofrío: seguramente yo ya no viviera para entonces y ese año del futuro que no iba a ver, en el que ya no iba a estar, me llenaba de angustia. ¿Acaso todo el mundo no estaba en mí y no se iba a acabar cuando yo me fuera?

La idea de que el que el mundo no acaba cuando abandonamos esta vida queda bien patente en «Una autopsia social». En este relato se narra la muerte y sepelio de cinco personajes de muy dispar condición social. Si en el relato Zola pretendía poner de manifiesto como las diferencias de clase nos acompañan hasta la tumba, también refleja no obstante que la vida y sus afanes continúan, como queda patente en las actitudes de los deudos. Pues si, como señala el autor, la muerte no es igual para los que viven por sus manos y los ricos, sí lo es, desde luego, el olvido que empieza a desdibujar a los difuntos en cuanto cae la última paletada de tierra.

Y es que sin lugar a dudas la esencia de estos relatos radica en la idea de que hay tantas muertes como seres humanos. Si cada existencia es única, también lo es cada muerte, y la manera en que cada cual se acerca a ella, la imagina, la espera o la teme.

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