El clavo en la pared – Jesús Ortega

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El clavo en la pared - Jesús OrtegaLos relatos contenidos en “El clavo en la pared” tienen una característica común: su precisión. Me refiero a la exactitud milimétrica de cada adjetivo, de cada situación, de cada metáfora; son piezas trazadas con mesura, con una planificación cuidadosa que se trasluce enseguida. Leídos los dos primeros cuentos, uno pensó que esta particularidad iba a constituir un problema: al fin y al cabo, la literatura es más emoción que inteligencia, más corazón que cabeza; sin embargo, Jesús Ortega es un narrador con mucha soltura, que sobresale por encima de la evidente arquitectura que sirve de base a las piezas de este libro.

Y hay que hacer notar que, en algunos de los relatos, esa maquinaria de relojería se hace tan evidente que resulta imposible sustraerse a su influjo y dejarse arrastrar por la historia. Así sucede en ‘Bésame’, la desconsolada desventura amorosa de un funcionario que, sin casi darse cuenta, se encuentra compartiendo la vida con una bella mujer iraní. El cuento es hermoso en su desarrollo, con un personaje narrador que pronto aparece como un desconfiado e inseguro ser humano, y la trama se sucede con una cuidadosa puesta en escena de cada detalle. No obstante, la aparición de una obvia sinécdoque narrativa (un gato que la pareja encuentra durante un viaje) y la acumulación de evidencias acerca del protagonista (sus celos, su vida de soltero) actúan como un obstáculo para que el relato llegue a buen puerto. Esa precisión del autor, ese afán por el detalle justo, por la vuelta de tuerca perfecta (o borgiana), disminuye el efecto emocional: ‘Bésame’ es un cuento excelente, pero de una obviedad que roza la inocencia (la inocencia narrativa, se entiende): quizá escamoteando —o tal vez habría que decir aligerando— determinados aspectos de la narración el impacto sería mayor. A veces, una cierta desatención deja las puertas abiertas al lector para que entre a fondo en la historia.

Eso es lo que sucede, por ejemplo, en ‘El zurdo’ o ‘Los dedos del tiempo’: Ortega parece centrarse más en el núcleo de la trama, en su aspecto más apasionado y visceral, y de esa forma los relatos aparecen como más completos, más enteros, más redondos. En especial el segundo, una hermosa historia de pasión literaria que va mucho más allá del simple roce de las yemas de unos dedos que se tocan al robar un libro. También se nota la ausencia de la carga que supone el prurito de exactitud en otras piezas más ligeras, más centradas en el humor y la ironía, como son ‘La manzana de Neuman’ y ‘Gonadotropina’: ambas divertidas, la primera es quizá mucho más vitriólica, de un sarcasmo inteligente; la segunda, por otro lado, no es tanto humorística como desconcertante, con un cierto aire de inocente misterio, pero preñado de una sagaz mirada a las responsabilidades de la vida en pareja y la paternidad.

El mejor relato del libro es el que le da título. Y es curioso, porque aunque ‘El clavo en la pared’ adolece también de ese rigor estilístico y estructural que comentaba antes, lo cierto es que el cuento tiene fuerza; tanta como para sobreponerse a ese obstáculo y ofrecer una historia magnífica sobre la incomprensión que se genera entre una madre y un hijo. Aquí es donde se revela el buen oficio del autor, que, aun con el lastre señalado, pergeña un relato repleto de dobleces, de insinuaciones (algunas no por obvias menos impactantes) y de secretos mal guardados.

Creo que Jesús Ortega ofrece en este volumen de relatos propuestas inteligentes, historias que merecen ser narradas, porque apelan a nuestras vidas ordinarias: a los deseos que reprimimos, a las relaciones que malgastamos, a los amores que ignoramos, a las personas que castigamos… Y habla sobre ellas con vehemencia, con un estilo sencillo y con una claridad de ideas digna de elogio.

2 Comentarios

  1. Jesús:

    Ha abierto el mío apetito, leer la reseña sobre tu libro. Buscaré aquí en México para adquirirlo… espero que no me pase como con Rafael, que es la hora hice un pedido sobre su novela y nada.

    Un beso desde Puebla de Los Ángeles.
    Con cariño, Rosa Matilde.

  2. Creo que son unos relatos excelentes. Bien es cierto que su autor, Jesús Ortega, da la impresión de vestirse con una bata blanca de cirujano antes de abrir el corazón del folio con el bisturí de su escritura.

    Esperamos más relatos de este autor, de una imaginación no enemistada con la realidad.

    Valdemar

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