El pensamiento secuestrado – Susan George

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El pensamiento secuestrado - Susan GeorgeHace no demasiado que comentamos aquí “La doctrina del shock“, de Naomi Klein. Siendo como es un libro «popular» (esto es, del que se venderán miles de ejemplares por el tirón que representa su autora y la publicidad que le proporcionan sus casas editoriales por todo el planeta), no deja de ser cierto que también es un libro necesario, en tanto revela datos que sería difícil descubrir de otra manera y arroja algo de claridad sobre situaciones y actuaciones que los medios de comunicación disfrazan, maquillan o directamente ocultan.

Con “El pensamiento secuestrado” ocurre lo mismo, e incluso me atrevería a decir que puede que como documento de investigación no tenga tanto valor como el libro de Klein, pero vale mucho más en cuanto a profundidad intelectual. Susan George no se limita a ofrecer un maremágnum de referencias y cifras al lector, sino que utiliza sus hallazgos como base para la reflexión y lo hace de manera inteligente; no hay soluciones sencillas en este libro, ni promesas de esperanza, sino pensamiento claro, honrado y objetivo.

El subtítulo nos da muchas pistas sobre el contenido de la obra: «Cómo la derecha laica y la religiosa se han apoderado de Estados Unidos.» Y aunque, en efecto, “El pensamiento secuestrado” estudia el auge de la derecha más terrorífica en ese país, no hay que olvidar que es el más poderoso del mundo y, por tanto, sus acciones tienen repercusiones globales, ni que en otras partes del planeta (Europa sobre todo) las políticas norteamericanas tienen una influencia gigantesca y se imponen con rapidez. La autora, además, ofrece una perspectiva bastante neutra al haber vivido en Francia desde hace años (es ciudadana francesa desde 1994), aunando un conocimiento preciso de la cultura de la que habla y un alejamiento intelectual que proporciona imparcialidad y perspicacia.

Muchas son las ideas interesantes que sostiene Susan George, pero me gustaría hacer hincapié en una porque me parece la más importante por su repercusión (ya que es algo que se da en muchos otros países, por no decir en el mundo al completo) y por la necesidad de combatirla de manera inmediata. Es lo que, en palabras de Antonio Gramsci, se denomina «hegemonía cultural»:

…la capacidad de la clase dominante para ocupar el terreno elevado de la ideología. La élite neoliberal de Estados Unidos en concreto, pero con frecuencia en Europa y también en muchos otros lugares del planeta, ha logrado penetrar en nuestras instituciones públicas y privadas una detrás de otra. Estas élites disfrutan ya prácticamente del monopolio de las mentes de los estadounidenses de a pie y, por tanto, del poder político. Su éxito refleja una estrategia a largo plazo que los progresistas apenas han advertido, y mucho menos contrarrestado.

Los «progresistas» a los que George hace referencia no son, por supuesto, los demócratas en Estados Unidos, ni los socialistas en Europa. La tesis de la autora se basa en el convencimiento de que una oligarquía de derechas —por tanto, poseedora de recursos económicos y de poder político— ha tomado al asalto en los últimos treinta o cuarenta años todos los bastiones culturales (medios de comunicación, escuelas, universidades, gobiernos, jerarquía eclesiástica, laboratorios científicos) y se ha propuesto eliminar cualquier atisbo de pensamiento crítico. Por desgracia, no todo es tan evidente como la COPE o El Mundo: los integrantes de este grupo han recorrido un largo camino para levantar centros de formación, educar a sus jóvenes cachorros intelectuales y situarlos en posiciones destacadas. Como resultado, hoy por hoy estos «secuestradores de pensamiento» dan clases en las mejores universidades, dirigen los organismos internacionales más influyentes y acceden a cargos gubernamentales de importancia… respaldados por una mayoría de personas desinformadas y manipuladas. El interés de esa minoría es crear un Estado controlado por la libertad económica: una sociedad en la que el mercado (y no el gobierno elegido por el pueblo) actúa como árbitro entre intereses en conflicto, sean cuales sean; lo cual conduce sin remisión a la desaparición de cualquier tipo de justicia social. El Estado sólo hace uso del derecho negativo: se limita a prohibir, no a garantizar un marco de acción en el que las «libertades» (la libertad de comer, de estudiar o de trabajar) puedan darse de manera real; los ricos y poderosos concentran los derechos y, por tanto, las «libertades»: las de enriquecerse cada vez más y agrandar las diferencias entre ellos y los pobres (que vienen a ser todos los demás).

Esta política se traduce en la reducción de los gastos sociales, la rescisión de leyes para la protección laboral y la disminución de servicios básicos como la atención sanitaria pública. Todos estos hechos se dejan notar mucho más en Estados Unidos, pero cualquiera puede advertir que la deriva europea está tomando el mismo camino. Lo que Susan George sostiene es que los progresistas (e insisto en que no se engloba dentro de esta etiqueta a ningún partido político, sino a una mayoría de ciudadanos, de la clase que sean, que se interesa por procurar la cohesión y el bienestar social) deben recuperar las posiciones culturales que los neoliberales han secuestrado durante los últimos años, para con ello lanzar un contraataque intelectual que permita a la gran masa de población anestesiada por el discurso conservador pensar de forma crítica y estar informada de las verdaderas intenciones de ese grupo.

Hoy día esto puede ser más sencillo debido a que una gran masa de ciudadanos tienen acceso a una información más plural: si ejercitan su inteligencia pueden contrastar noticias, buscar datos y recabar opiniones múltiples; Internet es una herramienta social (haciendo un buen y lúcido uso de ella) que facilita el conocimiento de la verdad y proporciona medios para ampliar nuestras estrechas miras. Con esto es con lo que se pretende acabar desde esa minoría: la simplicidad, reiteración y constancia de sus mensajes calan de manera rápida en una población apática y preocupada más por su próximo teléfono móvil que por la calidad de la educación de sus hijos o de los hospitales públicos. Todos conocemos ejemplos de ello y los seguimos viendo día tras día a nuestro alrededor. Susan George hace mucho hincapié en que es responsabilidad de todas esas personas progresistas (reitero: me refiero a las personas preocupadas por la estabilidad de la sociedad, por su desarrollo y pervivencia) alzar la voz, hacerse oír, recuperar el terreno perdido en los foros públicos, fijar sus posiciones frente a las mentiras que socavan la res publica; en definitiva: combatir de forma honrada, pero firme, el asalto de una minoría (no lo olvidemos nunca) al espacio social que nos pertenece a todos.

Espero que para los cientos de personas que lean estas líneas este mensaje signifique algo; que, en la medida en que muchos tienen sus propios «púlpitos» (webs, blogs), difundan estas ideas y las hagan suyas; que comprendan que el peligro es real, pero que la solución existe y es viable. En suma: actúen. Se manifiesten, se indignen, se preocupen. Discutan, repliquen, razonen. Reflexionen, comparen, voten. Y siempre, siempre, piensen.

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4 Comentarios

  1. Es curioso leer sus comentarios. En primer lugar, si alguien ve el mundo de modo económico, esos somos los humanos, ya lo dijo Marx. Segundo, la cultura está en manos de la derecha, negarlo es calumniar la verdad, como sino se entienden los elevados precios para ver opera o teatro o exposiciones en museos? Supongo que cuando usted se refiere a derechas o izquierdas habla de PP y PSOE. Si usted cree que el PP es de derechas, pues se queda corto, solo hay que analizar la actuación dictatorial en su última legislatura en el poder. Si cree que el PSOE es de izquierdas, pues mire sus últimos presupuestos generales. RECOMIENDO LA LECTURA DE ESTE LIBRO, ahora me dispongo a hacer una reseña para la revista en la que colaboro y he encontrado este lugar. Me gusta. Si ustedes no son capaces de ver como los debates se trasladan a temas como seguridad y se alejan de la precariedad laboral, y como ya se plantea en España recortar el gasto estatal cuando aún no hemos llegado a un estado del bienestar como el alemán, pues este libro les mostrará el porqué. INFORMENSE y no vayan por el mundo de oídas, por favor!

  2. Estimado Jacopo
    Estoy totalmente de acuerdo con usted. Si centré mis críticas en la izquierda se debe, fundamentalmente, a la soberbia con que se arrogan las esencias de la cultura, la democracia y los valores “igualitarios”. Por su parte, la derecha tiene, grosso modo, una visión estrictamente economicista de la sociedad, circunstancia poco loable a su vez. Y, por supuesto, como usted bien dice, la mezquindad y mediocridad son aliados de las clases dirigentes, sean del signo que sean. Un saludo…

  3. Sin duda el análisis de los “defectos socioculturales” cuyo origen usted atribuye a la izquierda del pelotazo son injustamente silenciados o desprestigiados, por no estar en la línea de pensamiento imperante.
    Pero ¿cree usted que la derecha hace algo diferente-para mejor, se entiende-?. Iré más allá,¿cree que le conviene?. Me temo que la cultura sencillamente está alejada de las coordenadas del poder. Por añadidura la mediocridad y la mezquindad intelectual son aliados de todas las clases dirigentes.
    Un saludo.

  4. Desconozco la situación en EE.UU, pero en España es la inversa de la que se cita aquí. La hegemonía cultural de la izquierda es un hecho en la vida pública y académica. De hecho, el trasplante de las patologías y complejos izquierdistas a la educación, con la creación de la LOGSE, con su nivelación por lo bajo en detrimento de la excelencia (favoreciendo el borreguismo y la incultura), su liquidación de la autoridad y la disciplina, ha conducido al desastre educativo en la escuela, principalmente en la pública (el único medio de promoción social de los pobres). En el ámbito docente se mantienen como verdad incuestionable dogmas y visiones únicas sobre la Guerra Civil y la República demostradamente falsos, y que se niegan a discutir. Y el que ose poner en tela de juicio estos dogmas, entre otros, es tildado de facha; es una nueva forma de censura. Por último, diversos y acreditados estudios han demostrado que en la época de Felipe González (la del “pelotazo” y la corrupción) las diferencias entre clases pobres y ricas fueron sensiblemente mayores que en la de Aznar. Pero la propaganda es un eficaz instrumento al servicio de la mentira. Por ello, les invito a reflexionar más sobre este asunto y a dejarse arrastrar menos a los lugares comunes. Les felicito, no obstante, por su brillante web. Un saludo…

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