El pueblo en la guerra – Sofía Fedórchenko

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El pueblo en la guerra - Sofía FedórchenkoEntre 1914 y 1916, durante la Primera Guerra Mundial, Sofía Fedórchenko trabajó como enferma voluntaria en el frente ruso. En 1917 publicó El pueblo en la guerra, donde puso por escrito las historias que los propios combatientes le habían contado, tratando de dar voz de este modo a los miles de soldados rusos que lucharon en la Gran Guerra.

El breve pero intenso volumen está compuesto por escuetos testimonios, escritos en un lenguaje coloquial —actualizado con acierto por la traductora— y en un estilo directo que refuerzan esa idea de inmediatez, de estar escuchando las diferentes anécdotas, recuerdos y reflexiones directamente de la boca de su protagonista.

En la introducción, fragmento de un texto de Elias Canetti, se cuenta que Sofía Fedórchenko llamó a estos apuntes estenogramas, porque fueron tomados de forma rápida y sin conocimiento de los hablantes, que creían que la enfermera tomaba notas relacionadas con su actividad profesional. En un principio, las declaraciones de los soldados (siempre breves, rara vez superan las diez líneas) fueron publicadas sin clasificar, solo más adelante la autora las dividió en capítulos, agrupándolas por temáticas.

“Cómo iban a la guerra”, “Cómo eran los jefes”, “Qué decían de los enemigos”, son algunos de los temas que tratan los apuntes que Fedórchenko recopiló. Y a través de esas líneas escuetas destila la incomprensión de los hombres sencillos ante el hecho de verse obligados a cometer y presenciar atrocidades. Pero también la indiscutible realidad de que el ser humano es capaz de acostumbrarse a todo, de sufrir y hacer sufrir de forma maquinal. Y, también, de que hay quienes en medio de la vida de campaña, de la rapiña y el saqueo, de la violencia, encuentran la felicidad.

Pero El pueblo en la guerra ofrece además una visión completa  de lo que era el ejército ruso. Con tropas reclutadas entre la masa campesina analfabeta y oficiales no mucho mejor preparados, que se cebaban con violencia en sus inferiores, en las palabras de los soldados es posible tomar el pulso de un descontento que acabaría por desembocar en la Revolución Rusa. Los hombres cuyos testimonios Fedórchenko registró, parecían convencidos de que hombres sin ningún conocimiento de la guerra les enviaban, sin equipo ni armamento, directamente a la muerte. Algunos de ellos mencionan, aunque nuca de manera explícita, la propaganda socialista que los bolcheviques introducían a escondidas entre la tropa.

El desaliento que cundía entre los combatientes parecía subrayarse por la idea de que el enemigo poseía un ejército bien adiestrado, formado por hombres cultivados y bien alimentados que habían abandonado una vida confortable para hacer la guerra y que, en consecuencia, tenían más motivos para luchar; mientras los rusos debían jugarse la vida para defender una existencia de semiesclavitud vivida en una sucia isba.

En general, los soldados de Fedórchenko parecen pedir una vida digna: trabajar, tener comida y techo, recibir educación (muchos se lamentan de no saber leer) y tener paz. Y todos parecían sospechar que esa guerra no era la manera de llegar a conseguir lo que anhelaban.

El miedo, el cansancio, la nostalgia, el remordimiento, la enfermedad y la muerte, el heroísmo, la violencia, la risa y el canto, el dolor, la camaradería… todo está recogido en El pueblo en la guerra y, al leerlo, se es consciente de cada vida y de cada hombre que contó su historia.

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