El tigre de Tracy – William Saroyan

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El tigre de Tracy - William SaroyanLa lectura de El tigre de Tracy es una experiencia que nos acerca a las fábulas infantiles, a las narraciones que apelan al sentimiento y dejan de lado cualquier tipo de reflexión profunda. Esto no quiere decir que esta novelita sea ingenua o pueril; de hecho, hay algunas escenas que muestran un conocimiento cabal del alma humana y personajes cuya hondura los aleja de cualquier estereotipo. William Saroyan apostó por escribir un texto sencillo, franco y abierto, pero no ingenuo.

El libro cuenta la historia de Tracy, un joven tenaz y resuelto que en su adolescencia encuentra un tigre imaginario (que en realidad es una pantera negra) que le sigue a todas partes, convirtiéndose en su fiel compañero. Después de enamorarse de una chica y dejarla para viajar a San Francisco, regresa a Nueva York unos años después, pero para su sorpresa descubre que ya no es el único que puede ver a su tigre. Así las cosas, pronto la policía intenta dar caza al felino y Tracy es encerrado en un manicomio, acusado de demencia. Sólo al final descubriremos que su amor es mucho más fuerte que cualquier contratiempo y que su tigre no tiene nada que ver con lo que todos se imaginaban.

El componente metafórico es evidente desde la primera página: Saroyan, obviamente, no está contando la historia de un chico que se hace amigo de un felino imaginario. No obstante, el carácter fabulador y fantástico de la novela pierde pronto importancia ante la humanidad de los personajes. El propio Tracy, por ejemplo, es un compendio de contradicciones y deseos; Laura, su enamorada, a pesar de aparecer bien poco, se alza como la imagen de la entrega sin medida; y el tigre/pantera que sirve de compañero al protagonista es la encarnación física de su pasión. De hecho, el propio autor finaliza la novela afirmando que el tigre «es el amor».

¿Qué nos queda a los lectores, entonces? Pues entrar en el juego de Saroyan y disfrutar con la franqueza de una historia con aires infantiles, pero que encierra algunas verdades contundentes. Es lo que ocurre con la aparición del doctor Pingitzer, el psiquiatra que debe tratar a Tracy después de su forzado internamiento: con su vocabulario inconexo (es austriaco) expone con desarmante facilidad un problema muy común:

Odio la psiquiatría. Amo a la gente. Gente loca, gente hermosa, gente herida, gente enferma, gente destruida, gente hecha añicos; la amo, la amo. ¿Por qué? ¿Por qué la gente pierde la diversión, el juego, la imaginación, la magia? ¿Para qué? Ajá. ¿Dinero? Eso creo. Dinero. ¿Es amor, este dinero? ¿Es belleza, este dinero? ¿Es diversión, este dinero? No lo sé.

Así, la novela avanza mediante escenas que rozan el surrealismo, pero que esconden algunas revelaciones de gran envergadura.

Después de todo lo anterior, cabe pensar que El tigre de Tracy es una novela corta sublime. No es así. Precisamente esa sencillez que el autor utiliza para crear su atmósfera fabuladora es, al tiempo, el lastre más significativo de la obra. Aunque los personajes resultan entrañables, es difícil empatizar con una historia que abusa de la ingenuidad y del estilo directo, que pone en escena demasiados personajes y que pretende significar mucho más de lo que finalmente consigue. Saroyan tuvo una idea magnífica para ejemplificar la devastación del amor en la sociedad actual, pero su ejecución no fue tan brillante como el espíritu que la impulsó. Un entretenimiento cándido y entrañable, pero vacuo.

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3 Comentarios

  1. apostó por escribir un texto sencillo, franco y abierto, pero no ingenuo.
    es difícil empatizar con una historia que abusa de la ingenuidad y del estilo directo.

    Estoy confusa. LLegué al final pensando que, en todo caso, sería una lectura recomendble. Pero el final me habla de todo lo contrario. Gracias.

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