En frío – Bjorn Lomborg

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2035

En frío - Bjorn LomborgAunque el ecologista escéptico es el sobrenombre de Bjorn Lomborg, era precisamente escepticismo lo que me embargaba cuando comencé a leer «En frío». Y si bien durante su lectura se me ocurrieron algunas críticas a sus planteamientos, antes de llegar al final del libro Lomborg me había convencido, con ciertas reservas, de que sus postulados son bastante acertados.

«En frío» realiza una crítica severa al protocolo de Kyoto, al que considera

[…] inalcanzable y medioambientalmente inconsecuente. Intenta cambiar en quince años unos patrones energéticos aplicados durante siglos, a un precio desorbitado y con resultados prácticamente inapreciables.

Lo que Lomborg defiende es que el protocolo de Kyoto, o futuras políticas restrictivas para el CO2 aún más severas, resultan tremendamente caras de aplicar. Su implementación supone un golpe para las economías de los países ricos y algo imposible de alcanzar para los países en desarrollo, quienes precisan de las energías contaminantes, pero baratas, para no frenar su despegue económico. Eso sin contar el hecho de que las distintas naciones no logran ponerse de acuerdo en su aplicación lo que significa, por una lado, la pérdida de un tiempo precioso, y por otro, la tendencia a que los distintos países comiencen a emprender acciones descoordinadas que no lleven a ningún sitio.

Pero además, Lomborg aporta datos según los cuales la aplicación del protocolo de Kyoto sólo logrará aplazar unos pocos años la apurada situación que desde todos los medios se nos presenta para el futuro. Por ejemplo, el incremento de en torno a 3ºC que se vaticina para el 2100 si seguimos como hasta ahora, lograría retrasarse hasta 2105 aplicando Kyoto. Por tanto, a juicio del autor, la relación coste/beneficio de imponer ese protocolo no es desde luego económicamente interesante.

Lomborg se detiene igualmente (con numerosas referencias a Al Gore y su verdad incómoda), en la imagen catastrofista que desde todos los estamentos se nos muestra a los ciudadanos, con el fin de atemorizarnos más que de concienciarnos. Según el autor, muchos de los vaticinios (sequías, huracanes, inundaciones, olas de calor) con que nos bombardean, no se cumplirán de una forma tan truculenta como aquella en la que son presentados. Y sin embargo, existe una especia de interés mundial en sembrar temor a la que los científicos parecen haberse doblegado para no perder las subvenciones que permiten sus estudios.

Pero lo que Lomborg pretende es, precisamente, que nos tomemos las cosas en frío. Y que desde una postura sosegada, emprendamos de nuevo un diálogo menos alarmista (aunque en ningún momento pretende el autor quitar importancia al cambio climático), mientras sopesamos cuáles son las propuestas que nos permitirán enfrentarnos en mejores condiciones a la amenaza que el clima representa ahora para nosotros.

Lo que Lomborg nos indica es que, si bien el cambio climático es un problema de gran envergadura al que la humanidad al completo se enfrenta, hay otros de igual importancia que están siendo obviados, como el hambre, el SIDA, la pobreza, la malaria, el acceso a agua potable o a servicios sanitarios básicos. Y estos podrían ser resueltos invirtiendo una mínima parte de los recursos que la aplicación del protocolo de Kyoto exigirá y, sobre todo, en un plazo de tiempo mucho menor.

La pregunta es, ¿preferimos retardar el aumento de la temperatura de 2100 a 2105, o reducir el hambre, la pobreza y la enfermedad en el próximo cuarto de siglo? Aun cuando los costes económicos fueran los mismos, y Lomborg nos dice que no lo son, la respuesta es sencilla; sobre todo habida cuenta de que una población mundial más rica y sana estará en condiciones mucho mejores de afrontar la lucha contra el cambio climático.

Como decía al principio, Lomborg ha logrado convencerme. No pierdo de vista que tal vez la presentación de los datos que aporta puede ser tan sesgada como la de aquellos a quienes él acusa de desvirtuar la realidad del cambio climático. Y, por ejemplo, considero que es muy importante ser consciente de que, si bien el ser humano logrará adaptarse a este cambio, muchas especies tan importantes como nosotros habrán quedado en el camino, a pesar de ser inocentes de nuestras culpas. Pero sí me parece claro que es más justo luchar por quien sufre ahora que invertir todas nuestras fuerzas en salvarnos a nosotros mismos… dentro de cien años.

No obstante parece evidente que todos los esfuerzos políticos, económicos y sociales, se están enfocando hacia la lucha contra el cambio climático; tal vez porque la incidencia del SIDA, la malaria o el hambre no afectan de forma muy grave a los países ricos. Sea como sea, hambre, pobreza y enfermedad seguirán pendientes en las agendas mientras, año tras año, nos dedicamos a discutir sobre la conveniencia de aplicar o no un protocolo. Y, en definitiva, no se hará nada en ningún frente.

8 Comentarios

  1. me pareció muy intersante la lectura y me ayudo en un trabajo…
    al principio de la lectura del el cologista esceptico, me parecio un poco desdeñable, pues algunos de sus argumentos son falaces, pero lo cierto es que se sirve de los datos del propio IPCC para contradecir las tesis alarmistas…
    aunque con la cantidad de desastres econolgicos que en efecto se producen es facil achacar toda esta cuestion al cambio climatico.

  2. […] esa pregunta, personalmente, después de leer el libro "En frío" de Bjorn Lomborg, respondo que NO. No es la mejor solución, y encima los países no se ponen de acuerdo […]

  3. Impresionante. Lomborg deshace todos los tópicos ecologistas y se carga el mensaje de Al Gore… Un libro de lectura obligada.

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