Energía para la democracia – Sebastià Riutort

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Energía para la democracia - Sebastià RiutortEnergía para la democracia es un ensayo que plantea un recorrido por la forma de producir electricidad y las alternativas para consumirla hoy día en España. El libro nos presenta un panorama que la mayoría de nosotros no conoce al detalle, a pesar de que nos afecta en lo cotidiano. Porque ¿cuántas veces al día pulsamos el interruptor de la luz, abrimos el grifo del agua caliente o encendemos el fuego para cocinar?

Sebastià Riutort Isern comienza por señalarnos la inextricable relación entre energía y economía, y entre economía y sociedad. Aunque tradicionalmente se consideran ámbitos separados, la realidad es que todos están conectados: el tipo de energía disponible condiciona el desarrollo de la economía (el capitalismo está ligado la disponibilidad de energías fósiles baratas y abundantes). E indudablemente, el tipo de economía configura la sociedad.

Así las cosas, los ciudadanos deberían poder decidir qué tipo de sociedad quieren, para lo que se hace necesaria una reflexión previa sobre el tipo de economía que la mayoría queremos así como sobre la energía que la alimentará.

Sin embargo, Sebastià Riutort Isern nos explica que los ciudadanos nunca hemos tenido la oportunidad de decidir sobre tan importantes asuntos.

En España, como en el resto del mundo, unos pocos individuos se apropiaron de los recursos (carbón, gas, petróleo) a los que, por no estar disponibles libremente en el entorno, los ciudadanos no podían tener acceso –como sí lo tenían antes a la leña o al viento–. Al producirse un cambio de modelo energético, de energías que se encontraban a libre disposición hacia otro en el que no lo estaban, las personas dependen cada vez más de terceros para tener acceso a una energía sin la que una vida digna resulta imposible.

Como consecuencia, «La población se encuentra desposeída lease privada no sólo de un recurso indispensable para garantizarse una existencia digna sino también de la capacidad de ejercer un control democrático del modelo de provisión.»

El sistema eléctrico español se ha ido desarrollando de acuerdo con la era fósil y nuclear que ha caracterizado el siglo XX. Desde sus inicios, y bajo la lógica de la centralización, se ha basado principalmente en la construcción de grandes centrales hidroeléctricas, centrales térmicas de combustibles fósiles (principalmente de carbón y fuel oil) y centrales nucleares. Básicamente este mix de generación se ha mantenido estable hasta finales de 1990, momento en el que empiezan a introducirse manera gradual las tecnologías renovables.

Concentrada la producción de energía en unas pocas y ambiciosas manos, el precio de la electricidad se ha encarecido más del 50% en los últimos diez años en España. La solución podría pasar por la autogeneración, pero los diferentes gobiernos (y en especial el del Partido Popular) han dictado medidas «que dificultan la emancipación energética y mantienen a los ciudadanos cautivos de un modelo eléctrico privatizado que no controlan.»

Porque la transición energética hacia las energías renovables no sólo representa un escenario de transformación energética sino también un potencial escenario de transformación social y política.

Por eso Energía para la democracia analiza el modelo empresarial de Som Energía.

Som Energía hunde sus raíces en la economía social y solidaria (a la que el libro dedica un amplio análisis), de modo que su modelo se aleja de la visión mercantilista que todo lo impregna. Su objetivo es suministrar energía, no rendir beneficio a unos accionistas, por eso cualquiera de sus usuarios puede unirse a la cooperativa, gestionada de forma transparente y horizontal.

Al tiempo les mueve un afán de democratización. Si la energía es central en nuestra sociedad, los ciudadanos deberían poder decidir cómo se produce, si desean modos de gestión más sostenibles y respetuoso con el medio y las personas y si es justo que miles de personas vivan en un estado de pobreza energética para que otros aumenten sus beneficios.

Sebastià Riutort Isern analiza de manera pormenorizada el nacimiento, funcionamiento y estrategia de Som Energía, a la vez que repasa sus debilidades: las que podrían hacerles sucumbir en un mercado muy competitivo donde además su modelo no es bien recibido; y las que podrían hacerles perder ese norte de democratización y vocación de servicio público que les caracteriza.

Energía para la democracia es un libro que todos, en cuanto consumidores de energía, deberíamos leer para aprender un poco más sobre cómo funciona nuestro modelo energético y cómo funcionan las grandes empresas que nos la proporcionan (sí, de una manera bastante opaca y en connivencia con los gobiernos). Y aprender de paso la importancia de implicarnos para convertir en democrático y sostenible algo que usamos a diario y sin lo que no podríamos vivir.

3 Comentarios

  1. Dudaba sobre explicar mi experiencia con la cooperativa “Som Energía”, que parece ser tema de estudio en este libro, pero aquí va algo sobre ella.

    La primera vez que supe de su existencia fue hace varios a meses, a través de mi dentista curiosamente. Entre implante e implante me explicó algo de su funcionamiento y forma de trabajar, y me picó la curiosidad al respecto; él se había pasado a ella y decía que su ahorro era sustancial, – claro que una cosa es una clínica dental y otra el domicilio de un ciudadano corriente de a pie -.

    Hoy en día no hay que decir que uno de los mayores sustos a nuestros bolsillos lo proporciona el recibo de suministro de electricidad. Resulta bochornoso asistir impotente a la deriva de precios, siempre al alza, y al caos que rodea a este mercado. Se haga lo que se haga: sustituir luces halógenas por otras de bajo consumo, cuidar al máximo el encendido… No importa, el resultado es siempre idéntico, unas facturas que te crujen de arriba abajo.

    Como medida contra el hartazgo y sin esperar ahorros muy significativos, – mejor no pecar de excesivo optimismo, teniendo en cuenta que “Som Energía” fundamenta su actividad principal en la comercialización del suministro de luz que otros generan -, me he decidido recientemente a darme de baja de la “multinacional eléctrica” que venía chupándome la sangre para pasar a engrosar las filas de dicha cooperativa.

    Mis primeras impresiones, excelentes. Claridad en la información, facilidad para efectuar el cambio de proveedor, cumplimiento de plazos marcados, y precio del Kwh inferior al que hasta ahora estaba pagando. Debe hacerse una aportación inicial a la cooperativa de 100 euros, reembolsables en caso de darse de baja, que permiten apuntar sin coste adicional extra hasta un máximo de cinco nuevos cooperativistas.

    En los tristes tiempos actuales puede que estos pasos sean únicamente el pataleo del indignado, pero a peores manos no irá mi dinero. Es imposible. Y si la cosa finalmente no resulta, ¡qué le vamos a hacer!, más se perdió en la batalla de Guadalete…

    Lo importante es que ahí estoy con mi número de contrato 43569, a la espera de acontecimientos.

    Saludos a todos los seguidores de solodelibros

    • Gracias, Miguel, por contar tu experiencia.

      De eso precisamente habla el libro: de la opacidad, de las puertas giratorias y de unas compañías que compran gobiernos para que legislen a su favor hasta puntos bochornosos (por ejemplo, el impuesto al sol).

      Yo creo que iniciativas como Som Energía ponen de manifiesto lo que de verdad quieren los ciudadanos, que muchas veces no coincide con lo que quieren las empresas. Como los gobiernos no nos hacen caso, nos toca organizarnos. El caso es que después las empresas, cuando ven que hay mercado, su suben al carro.

      No tiene nada que ver con este tema, pero desde que muchas personas empezaron a preocuparse por lo que llevan los productos que consumen y a sustituirlos por otros menos dañinos (por ejemplo, productos cosméticos sin parabenos o productos alimenticios sin azúcar añadido) hay muchas marcas conocidas que han empezado a ofrecer productos con esas caracterísiticas.

      A estas alturas ya es un tópico, pero como dijo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”. Y qué falta nos hace cambiarlo…

  2. […] Som Energía hunde sus raíces en la economía social y solidaria (a la que el libro dedica un amplio análisis), de modo que su modelo se aleja de la visión mercantilista que todo lo impregna. Su objetivo es suministrar energía, no rendir beneficio a unos accionistas, por eso cualquiera de sus usuarios puede unirse a la cooperativa, gestionada de forma transparente y horizontal. Al tiempo les mueve un afán de democratización….Fuente: http://www.solodelibros.es […]

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