Fukushima, el declive nuclear – Santiago Vilanova

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Fukushima, el declive nuclear - Santiago VilanovaHace poco más de un año del accidente de la central nuclear Fukushima Daiichi, que aconteció tras el terrible terremoto (seguido de tsunami) que asoló la costa oriental de la principal de las islas del archipiélago japonés. Santiago Vilanova hace en Fukushima, el declive nuclear un repaso sobre la nefasta manera en que la crisis nuclear fue gestionada por Tepco, la empresa concesionaria de la central, y el gobierno nipón; a la vez que señala la forma en que el lobby nuclear trató de incluir en la opinión pública, minimizando las consecuencias terribles del accidente. Con todo ello sostiene el autor la tesis de que la catástrofe de Fukushima no ha hecho sino acelerar el declive de la industria electronuclear, que ya se venía fraguando en los años previos, pese a la imagen que se pretende dar.

El accidente de Fukushima ha venido a echar por tierra el mito de la seguridad de las centrales nucleares, recordándonos que en absoluto es una energía limpia. Con el parque nuclear actual existente en el planeta cada cuatro o cinco años puede ocurrir un accidente de nivel siete (equivalente a Fukushina o Chernóbil), dice Santiago Vilanova, quien además da cuenta del tráfico internacional de residuos radiactivos que son transportados en barcos o trenes de un país a otro, aumentando todavía más el riesgo de contaminación letal.

Esta fea realidad es ocultada por el lobby nuclear, que trata de mantener a la ciudadanía ajena a la verdad de la cuestión. De ahí que en los días posteriores al accidente de la central nuclear japonesa los medios de comunicación fueran inundados con las opiniones de “expertos” afines a la industria electronuclear que trataban de restar importancia a los terribles acontecimientos que sucedían en la central, ocultando el significado de la catástrofe para los japoneses y, en el fondo, para el resto de los habitantes del planeta. Las voces de científicos contrarios al uso de la energía nuclear apenas pudieron ser oídas en tan sensible momento, evitando así entablar un debate o que los ciudadanos se formaran una opinión propia con conocimiento de causa.

A pesar de ello, el gobierno alemán dio la sorpresa anunciando el cierre de sus centrales nucleares, mientras los italianos dieron un rotundo no a la energía nuclear en el referéndum de junio de 2011; ampliándose así el número de países europeos que  han abandonado (o están en vías de hacerlo) la producción de electricidad con energía nuclear. Así las cosas, el declive de la industria electronuclear no hace sino acelerarse: según un informe citado en el libro, el número de centrales nucleares se reducirá a la mitad a lo largo de la siguiente década; en parte por las que no se construirán, pero también porque gran parte del parque actual alcanzará el fin de su vida útil en los próximos años.

Fukushima, el declive nuclear nos recuerda el enorme riesgo de la energía nuclear. Aumentado por el riesgo que implica que las instalaciones estén gestionadas por empresas privadas que no hacen el mantenimiento o las mejoras necesarias, porque su objetivo es maximizar sus beneficios (como se ha demostrado en el caso de Tepco). Y que además tienen poder sobre los gobiernos, de los que obtienen la ampliación de la vida útil de las centrales o el cambio de las normativas sobre la dosis de radiactividad permitida por civiles (incluidos niños) o alimentos, dejando a la población desprotegida.

Una lectura necesaria para comprender mejor cuáles son los riesgos que no se nos cuentan, cuáles las mentiras que sí, quién gana y quién pierde con la producción de electricidad mediante energía nuclear.

5 Comentarios

  1. Escribo aquí para que no se haga el comentario excesivamente estrecho.
    Evidentemente el discurso del lobby nuclear es que esa energía es completamente segura, así como el de los ecologistas exactamente el contrario. Cuando era joven iba a todas las manifestaciones anti nucleares, ahora no lo tengo tan claro, pero no tengo los conocimientos suficientes para opinar en ese tema.
    También creo que el lobby nuclear, como todos, tendrá sus palancas políticas para permitir construcciones de centrales o aumentar la vida útil de las ya contruídas, algo que me parece terrible, pero lo mismo que otras concesiones ‘a dedo’.
    Lo que no comparto es esa visión algo conspiranoica de que ese lobby controla los medios que dan una visión benigna del asunto. En su comentario dice que ‘en otro medios (sobre todo en internet y las redes sociales) se desmintieron esos postulados’, pero no hace falta irse a esos otros medios. En la televisión y la radio se habló en todo momento de peligro, incluso con tintes catastrofistas.
    Un ejemplo, acabo de buscar en el programa ‘En días como hoy’, líder de audiencia en la radio, y entre los podcat hay una entrevista de 3 minutos a Agustín Alonso, catedrático de Tecnología Nuclear del 14 de marzo y otra a Miren Gutiérrez, directora ejecutiva de Greenpeace España, de media hora del 4 de abril.
    No es cierto que los medios tradicionales bailen al son del lobby nuclear -y doy gracias por ello.

  2. Haré un poco de abogado del diablo. Cuando ocurrió lo de Fukushima no vi en ninguna televisión, diario o radio ninguna voz de científicos especialistas. Por el contrario el ataque a las centrales nucleares fue masivo y unánime. Igualmente el cierre de las centrales en Alemania e Italia se corresponde con ese sentir popular. Dicho esto y sin tener ningún interés personal en la energía nuclear sólo quiero indicar que ese ‘poder del lobby’ que tantas veces se trae (y en otros temas igual) es bastante flojo.

    • En el libro se mencionan los nombres de los personajes que salieron “tranquilizando” a la población. A excepción de uno, todos los demás estaban de alguna manera relacionados con el Foro Nuclear Español y entidades similares. El lobby tiene el suficiente poder, por tanto, para impedir que ninguna voz discordante se cuele en los medios de comunicación tradicionales; impidiendo con ello que la ciudadanía tenga acceso a distintas opiniones que le ayuden a hacerse la suya propia.

      • Yo seguí las noticias y no vi a nadie tranquilizando, con esto no quiero decir que no estuvieran, sólo que no los vi, y seguí atentamente las noticias.
        Insisto, a lo mejor el lobby tiene poder para meter en los medios a esas personas, pero en ningún caso para impedir las voces discordantes que fueron más abundantes que las tranquilizadoras.

        • El discurso era que, pese a desastres como el de Fukushima, la energía nuclear era segura y, además necesaria. Que sin ella no podemos mantener nuestro nivel de consummo energético y que era una energía “limpia” porque no produce CO2.

          Ciertamente en otro medios (sobre todo en internet y las redes sociales) se desmintieron esos postulados. Pero lo ideal es que científicos contrarios a la energía nuclear o asociaciones ecologistas hubieran tenido la ocasión de dar su opinión en los medios tradicionales que siguen siendo los que siguen miles de personas.

          En el libro además se describe la manera en que Tepco manejó la situación y como tuvo al gobierno de Japón como aliado para ocultar a los ciudadanos la realidad de lo que ocurría en la central. Y eso es significativo del poder del lobby. Puede que no tenga más que otros lobbies, pero en cualquier caso es señal de que los intereses de los industriales (del tipo que sean) se pone por delante de la salud, el bienestar y el futuro de la mayoría de la población.

          De todas formas coincido en que la energia nuclear pierde cada vez más adeptos, lo que es una buena noticia.

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