Una edad difícil – Anna Starobinets

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Una edad difícil - Anna StarobinetsSi bien es cierto que los relatos de Una edad difícil provocan una intensa emoción en el lector, no lo es menos que los ecos de otros muchos escritores resuenan en la escritura de Anna Starobinets y que, en algunas ocasiones, lastran el buen desarrollo de los textos. A pesar de ello, las atmósferas que crea la joven escritora rusa consiguen conmover al lector más férreo y le introducen en un universo de desconcertantes posibilidades: un mundo tenebroso, cautivador y, sobre todo, inquietante. El mayor logro de la autora consiste en provocar sensaciones muy vívidas que van desde la curiosidad más acuciante hasta la angustia más intensa, siempre construyendo historias que desafían nuestra imaginación y nuestro concepto del “otro”.

Como en toda recopilación, hay algunos textos muy buenos y otros que no lo son tanto. Estos últimos suelen desmerecer por dos motivos: el primero, ya comentado, se refiere a los excesivos ecos de la tradición de la literatura de horror que hay en algunos de los relatos; el segundo tiene que ver con la ambigüedad con la que Starobinets trata las historias. Ciertamente, es necesario crear expectativas en el lector que no siempre han de quedar satisfechas (de hecho, en muchas ocasiones es mejor que sea así, ya que se abre la puerta a la percepción subjetiva del texto); sin embargo, en algunos cuentos —como es el caso de “Vivos” o “Espero”— las tramas se desarrollan sin que haya un sentido claro de la historia. Tenemos emociones, sensaciones que se explicitan con habilidad y que consiguen llegar a conmovernos de distintos modos, pero no hay literatura como tal; la autora construye unos personajes cuyas peripecias interesan, pero la base de la trama brilla por su ausencia.

De ahí que el mayor logro de Starobinets, su capacidad para la creación de atmósferas, sea también un defecto recurrente. No basta con tejer sensaciones que “apabullan” al lector y le entretienen, sino que aquéllas deben estar al servicio de una trama inteligente con un desarrollo lógico. Es algo que sí encontramos en la novela corta que da título al libro, un estremecedor relato sobre un niño que comienza a cambiar perceptiblemente sin que su madre o su hermana entiendan por qué. Más allá del terrorífico ambiente que urde el texto, la escritora consigue también plantear una trama que conjuga aspectos que van más allá del horror psicológico: esa “edad difícil” a que alude el título es la adolescencia, con sus cambios incomprensibles, sus irracionales miedos y esperanzas, sus decepciones y sus absurdos; además, en el relato se aborda la relación de una madre separada con sus hijos y los problemas que surgen invariablemente cuando estos van creciendo. La escritora rusa logra aunar cierta percepción humana con un clásico planteamiento de horror, elaborando así una historia que conmueve por su hondura, pero que (sobre todo) aterra.

Hay otros relatos bastante notables, como son “La familia”, un curioso acercamiento a la monotonía del matrimonio; o “Las reglas”, una mirada aviesa a la imaginación infantil y la necesidad de construir mundos imaginarios (algo que también aparece en “La grieta”). El mejor, con todo, es “Una edad difícil”, por todos los detalles comentados.

Una edad difícil es un libro ameno, a ratos muy intenso y que consigue provocar sensaciones extremas al lector. No obstante, y sin desmerecer al conjunto de la literatura de terror, es una obra que no perdura en la memoria, con algunos fallos evidentes; apunta alto, pero el resultado es simplemente correcto. Es posible que Anna Starobinets pueda aportar algo más, ya que el trasfondo de alguno de los textos así lo indica, pero en este conjunto de relatos aún queda mucho por mejorar.

2 Comentarios

  1. Hace unos días en Revista de Letras, suplemento cultural de la edición digital de “La Vanguardia”, apareció una reseña sobre este libro. Transcribo lo que Juan Soto Ivars decía en sus primeras líneas: “El libro de Anna Starobinets que ha publicado Nevsky Prospects, Una edad difícil, es muy malo. La autora, nacida en 1978, es más que mala, es malísima. Tan malos el libro y la escritora como un demonio o como una hormiga reina desprovista de empatía”. Quedé sorprendido por la crítica, – no se podía ser tan ácido y tan duro -, y continué leyendo con curiosidad. Pero, en realidad, no se denostaba tanto a la autora, sino que se trataba más bien de poner énfasis en las temáticas de sus relatos, reflejos de la maldad y el horror que puede encerrar el cerebro del ser humano. Más adelante, incluso se le lanzaba alguna flor, comparándola con Kafka o Leonid Andreiev. Cuestión de opiniones.
    Lo que sí es una realidad, y no una opinión, son algunos de los párrafos del libro, que la reseña citaba. Ahí van unos cuántos:

    “De modo que estaba claro que aquel niño no quería a nadie”

    “No fue hasta al cabo de unos años que Marina se dio cuenta de que aquel día, un tórrido domingo de agosto en el que brillaba un sol implacable, fue el único día bueno de sus vidas. No feliz, sino simplemente bueno”

    “Como si la víspera hubiera devorado unos veinte caracoles y en aquel momento estuvieran muriéndose poco a poco en su estómago, retorciéndose en su última agonía”

    “Y fuera lo que fuera lo que hubiera pasado al comienzo, eran muchas las cosas que los habían ido uniendo después, los años que habían vivido juntos, las cosas que habían comprado juntos, las peleas en las que se habían exprimido y chupado hasta la última gota, día y noche, como vampiros desquiciados, el tedio mutuo, la rabia mutua y muchas otras cosas”

    No soy un buen esteta, ni tan siquiera un aficionado, pero no le parece Sr. Molina que semejantes frases las podía haber pergeñado, incluso aún mejor, cualquier mal escritor de tercera, que aspira eternamente a la publicación de sus obras. A mí, extraídas de contexto, me parecen de un pésimo gusto.

    Cordiales saludos

    • Hola, Miguel.

      Lo cierto es que el libro tiene una baza indudable, y es la capacidad de la autora para crear atmósferas inquietantes (en la línea de grandes clásicos de la literatura de terror). Sin embargo, y como bien apunta, el estilo no es nada del otro mundo (ignoro si en el original ruso habrá más riqueza verbal, pero desde luego la lectura en castellano no aporta ninguna novedad); por otro lado, las comparaciones lanzadas desde la editorial, o desde algunas críticas, elevan el trabajo de Starobinets hasta unas cotas que, francamente, le quedan muy, muy lejos.

      Una edad difícil es un libro entretenido, pero poco más. A partir de ahí, que cada cual saque sus conclusiones.

      Un saludo.

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