Gilgi, una de nosotras – Irmgard Keun

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Gilgi, una de nosotras - Irmgard KeunMinúscula nos ha descubierto una escritora de mérito con Irmgard Keun y ya son varios los libros de la autora que aquí hemos reseñado (lo que ya de por sí es una recomendación de su lectura).  Gilgi, una de nosotras fue la primera novela publicada por la autora en 1931, pero en ella ya hace gala de la calidad literaria que es sin duda seña de identidad de la alemana. Gilgi no es una primera novela titubeante, sino que presenta ya toda la solidez narrativa de una escritora brillante, autora de unos textos vivos capaces de apasionar al lector.

Irmgard Keun se demuestra en sus obras como una observadora capaz de recoger la esencia de las cosas en unas pocas frases elegantes, cargadas de humor y de honestidad. Un ambiente, una persona, una habitación son descritos no en detalle, sino por sus detalles: un olor, un gesto, un color bastan para que la autora logre construir una imagen certera en la retina del lector. Y todo a base de una escritura penetrante, rápida y bellísima.

En Gilgi la protagonista vuelve a ser una mujer. Y es imprescindible resaltar la capacidad de Irmgard Keun para presentar en sus obras un universo femenino alejado de cualquier cliché. Las protagonistas de la alemana son mujeres urbanas, trabajadoras, modernas, independientes; y Keun las salva de caer jamás en esa feminidad intimista y ñoña que parece necesario que rezumen los personajes femeninos para serlo. En ese sentido Irmgard Keun es una escritora mucho más moderna que muchas autoras posteriores y aún contemporáneas.

Gilgi es uno de esos personajes femeninos y tal vez sea su excelente construcción lo que hace tan reseñable esta novela. La vida de Gilgi está gobernada por una voluntad férrea y cuadriculada: trabaja como mecanógrafa, estudia idiomas y ahorra su sueldo. Su bien más preciado es su independencia, hasta el punto de que esta la arrastra hacia la insolidaridad. Su máxima es «Cada quien debe cuidar de sí mismo».

Sin embargo, Gilgi se enamorará y el amor cambiará su vida. Pero Gilgi, una de nosotras no es una historia de amor, sino una historia acerca del amor como fuerza transformadora. La narración de Keun retrata el cambio que acaece a la protagonista de una forma sutil, sin brusquedades, de manera que al llegar al final de la novela el lector aprecia que esa Gilgi no es la misma que cuando comenzó a leer; pero, al tiempo, comprende que lo es absolutamente. La gradación tiene lugar de manera tan paulatina y está tan perfectamente imbricada con cuanto le sucede al personaje que nada desafina.

Por otro lado Gilgi respira humanidad, es un personaje de carne y hueso en sus motivaciones, sus aspiraciones, sus miedos, su indiferencia o su amor. Y la manera en que la narración alterna de manera desordenada sus pensamientos en primera persona con la voz omnisciente del narrador logra hacer todavía más reales sus tribulaciones.

Finalmente, Gilgi se mueve sobre el fondo turbio de la sociedad de los primeros años treinta en Alemania; una sociedad atenazada por la crisis, tocada por el desempleo, instalada en la precariedad. Y la realidad social acaba por salpicar a todo el mundo, incluso a quienes se creen a salvo, porque a todos afecta.

Sin duda, la similitud con los tiempos que nos ha tocado vivir casi un siglo después, tanto como la calidad de  su obra, pone a la autora alemana en el mapa de lecturas imprescindibles. No se la pierdan.

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