Heridas bajo la lluvia – Stephen Crane

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Heridas bajo la lluvia - Stephen CraneHe aquí uno de los primeros libros de una nueva editorial, Rey Lear, cuyo futuro catálogo promete bastante. “Heridas bajo la lluvia” es una colección de relatos acerca de la guerra de Cuba que Stephen Crane escribió a raíz de su etapa como corresponsal de prensa en la isla durante el enfrentamiento entre españoles y estadounidenses.

Todos conocerán a Crane por ser el autor de una de las mejores novelas de guerra que se hayan escrito nunca, “El rojo emblema del valor”, citada en todas las antologías y, ciertamente, un libro como hay pocos. En estos cuentos, el tema de la guerra vuelve a estar presente, aunque tratado desde una óptica un tanto más ligera; sin restar un ápice de amargura ni de horror, sí, pero con un lenguaje más popular, más humorístico incluso.

Los once relatos son muy similares en su composición formal. Sólo uno (‘Recuerdos de guerra’) está escrito en primera persona; el resto se construye con un narrador externo —muy a la manera de Twain— observador, lúcido, irónico y rotundo. En realidad, casi podrían agruparse bajo un paraguas formal novelístico, dado que los episodios que se describen se desarrollan en un ámbito espacial y temporal muy reducido. La tercera persona que cuenta la historia oscila entre un narrador atento, periodístico, y alguien que observa lo que sucede alrededor con una falta de pasión producto de lo incomprensible de la situación.

Porque Crane ve la guerra que sus compatriotas hacen en Cuba (como veía la que los hizo masacrarse entre sí veinte años antes) como un espectáculo absurdo, irracional, con un punto de surrealismo que impregna cualquier acción. Así, las batallas se despojan de su heroísmo ideal y son, simplemente, furiosas coreografías de sangre y de personas desorientadas; la grandeza de la guerra (¿no es esto un oxímoron?) se ve empañada por las pequeñas preocupaciones de los soldados, por sus propias existencias, que no terminan de diluirse en ese ardor furibundo.

Era realmente difícil para el pequeño Nell dejar de pensar en sus propios asuntos: sus deudas, otros infortunios, sus amores, sus proyectos de felicidad. […] Todo parecía demostrar que los instantes más importantes de la historia no son los más relevantes para el hombre común, pues éste, mientras las naciones cambian, siente un pinchazo en la espinilla, dolor de cabeza, hambre, sed, falta de sueño, la influencia del recuerdo de antiguos hogares, vasos de cerveza, chicas, teatros, ideales, religiones, padres, caras, heridas, diversión.

Crane consigue, con este estilo que combina el alejamiento y la pasión, crear un cuadro muy auténtico del conflicto: una guerra sin buenos ni malos, sin vencedores ni vencidos, porque todos los que se ven inmersos en ella son una y otra cosa, sin distinción. Desde el primer relato, ‘El precio del arnés’, en el que varios compañeros de armas sin experiencia prueban por vez primera el amargo sabor de la batalla, el lector descubre un universo repleto de detalles conocidos, pero vistos con una visión amarga y, sin embargo, bella: por su tristeza, por su cinismo, por su miseria. Quizá el mejor cuento que ilustra esto que digo sea ‘Recuerdos de guerra’, narrado en primera persona por un corresponsal que acompaña a un batallón del ejército en su marcha hacia San Juan. El periodista es testigo lúcido de todo lo que ocurre a su alrededor, pero se demuestra incapaz de comprender la lógica de los acontecimientos; es decir, de comprender la falta de lógica de lo que ve: los muertos, las órdenes absurdas, los oficiales cobardes, los soldados desquiciados… Y así, lejos de los sueños de grandeza en los que al principio creía, el corresponsal termina su relato con una confesión: «El episodio había terminado. Y podéis estar seguros de que no os he contado prácticamente nada, nada de nada, de nada».

En general, el único punto flaco del libro es, justamente, la similitud entre las diferentes historias, que en ocasiones redundan en los mismos tópicos. Sin embargo, creo que Crane se merece una lectura con todo merecimiento; quizá con más motivo en estos tiempos que corren.

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2 Comentarios

  1. A Crane muchas cosas lo unen con Hemingway: su estilo un tanto clínico con puntos de vista externos y observadores, su formación en el periodismo, su historial de corresponsal de guerra, su maestría en el género breve… vamos, que es el Hemingway del siglo XIX. Y el del XX sería si no por lo joven que murió. Para quien quiera su obra maestra sobre la guerra: “La roja insignia del valor”.

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