Imago – Carl Spitteler

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Imago - Carl Spitteler“Imago” es una novela sorprendente en la que, a la vez que se desarrolla una historia banal (aunque narrada de forma extraordinaria), se permite al lector penetrar en el mundo interior del artista, allí donde la esencia creadora se convierte en una potencia que lo domina todo, sojuzgando vida y pensamiento. Y aunque es una obra en parte autobiográfica, Carl Spitteler sabe alejarse de su protagonista a fuerza de ironía y de una total falta de sentimentalismo o piedad a la hora de tratar los sentimientos, algo exaltados, del joven Viktor.

En Viktor se enfrentan, a veces de manera harto cómica, el artista y el hombre. El primero renunció al amor de una hermosa joven, Theuda, en aras de una obra de la que la muchacha tendría el honor de ser musa; pero el segundo, al reencontrarse con la mujer de carne y hueso convertida en esposa de otro, siente la imperiosa necesidad de obligarla a reconocer que él es un ser excepcional: el creador, el genio que debe ser admirado.

De esa confrontación entre el artista y el hombre surgen una serie de enfrentamientos reflejos: entre la musa, a la que Viktor ha bautizado como Imago, y la mujer real, a la que denomina Pseuda; pero también entre el artista y Pseuda, y entre el hombre e Imago. El artista quiere rendir a Pseuda, haciéndole reconocer que el sacrificio de su amor tuvo sentido, en cuanto favoreció el florecimiento de un ser excepcional destinado a grandes obras. Por su parte, el hombre menosprecia a Imago, pues como ser intangible no puede satisfacer las necesidades reales del amor, sean estas carnales o espirituales.

Evidentemente, de esa multitud de personajes ideales y reales brota una historia complicada, en medio de la cual Viktor se debate como sólo puede hacerlo un ser de doble naturaleza. Ahora el hombre se enfrenta al artista, reclamándole su derecho a la felicidad terrenal y burguesa; ahora el artista muestra todo su desprecio al hombre, quien, débil, sacrifica la gloria por unas enaguas.

Spitteler nos presenta así a un hombre de sensibilidad exacerbada, que se encuentra dividido entre la juvenil exaltación que cree debe acompañar al poeta y que le obliga a renunciar a todo aquello que pueda interferir con su espíritu creador, y el hombre que descubre que está enamorado y debe deshacerse de un montón de ideas falsas acerca de sí mismo, del amor y de la mujer.

Pues sin duda el epicentro de “Imago” es el camino que Viktor recorre, casi siempre luchando a brazo partido consigo mismo, hasta comprender que Imago y Pseuda pueden reunirse sin dilema —y de hecho lo hacen— en la identidad de Theuda, satisfaciendo a un tiempo al Viktor hombre y al Viktor artista.

Pero, sin duda, el rasgo de mayor excelencia de “Imago” está en la manera en que Spitteler construye la narración mediante un relator desenfadado en tercera persona, que cede inopinadamente la palabra al propio Viktor para que éste debata consigo mismo a dos voces, mediante la personificación de su razón, su corazón, sus recuerdos o su fe. También a Imago, Pseuda y Theuda les concede voz el narrador, creando una polifonía que presta una extraordinaria vivacidad al conjunto de la obra.

“Imago” es una representación de la que Viktor es director, actor y espectador a un tiempo y de la cual, a la caída del telón, habrá sacado una valiosa enseñanza que, como de costumbre, llegará tarde y sólo le quedará la esperanza de que le sirva en el futuro. Mientras, el lector disfruta sinceramente de esa mixtura de personajes que se reúnen en una obra que describe, no sin ironía, esa idea que el artista tiene de sí mismo y que, por lo general, le conviene destruir.

5 Comentarios

  1. Para mi es uno de los libros mas bellos que he leido. Es una verdadera obra literaria, se puede percibir cada uno de los cambios de humor y sentimientos del personaje.

    • Concuerdo con Marcela. Es una de las mejores obras que he leído. Me parece que hey influencias de Nietzsche y de Jung.
      Por otra parte Víktor es como Harry Haller (el Lobo Estepario de Hesse), pero aumentado y potenciado muchas veces.

  2. Se trata, en efecto, de uno de esos libros que dejan una huella imborrable.
    En mí la dejó, No sé si la traducción de la que yo me serví es muy buena o existen otras posteriores más fieles,

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